07 agosto, 2018

Agosto



Ha llegado agosto, el mes de las fiestas por todos los rincones de la geografía española y francesa. Se suceden de manera vertiginosa los festejos de todo tipo, de forma que muchas veces cuesta trabajo seguir la pista a todos. Sin embargo, agosto tiene un cita de alto voltaje en la plaza de toros de Bilbao, donde de nuevo la torería andante se volverá a encontrar con el toro más serio del campo bravo.

Para el cronista que enjareta estas líneas, el mes de agosto tiene tres citas ineludibles: Huelva, Málaga y Almería. Andalucía toma protagonismo en tres plazas de distinta dimensión. A la plaza de Huelva siempre se acude para ver torear bien. Es así desde que el año de la reinauguración de La Merced, Pepe Luis Vázquez Silva cuajara a un toro de Sampedro. Todo el que presenció aquella faena de no más de veinte muletazos sigue conservando imperecedero el recuerdo del toreo puro y eterno. A partir de ahí, citas y tardes para sentir el toreo bueno a la orilla de la ría onubense. Este año hay dos corridas de tronío. Seis puestos que ocupan toreros muy cercanos a Huelva.

Málaga afronta un año con novedades. Ha tomado el timón José Carlos Escribano, con Martín Lorca, al frente de una plaza nada fácil. Málaga es de primera, pero ese detalle le obliga a presentar un toro que no siempre existe en las dehesas. Tiene fama de plaza difícil en los corrales. Se ha propagado una especie de bulo sobre el palco, incluso se ha hablado de vetos a alguno de sus presidentes. Los presidentes de Málaga cumplen su cometido con mayor o menor acierto, pero como plaza de primera exigen un toro en la plaza y unos méritos para cortar trofeos. Me gusta que se anuncie Talavante, falta Morante y acude una sola tarde Fortes. Las ganaderías son las posibles.

Almería debería seguir siendo la mejor feria de plazas de segunda de Andalucía (y de España). Se ha notado un descenso de asistencia. Los carteles de las corridas estrellas, sin toreros de Matilla, son de traca. Morante, Talavante y Ginés Marín es un cartelazo. De la tarde de Ponce, El Juli y Roca Rey me preocupa el ganado de Zalduendo, en horas de mínimo juego. Acudir a ver toros a Almería sigue siendo un ejercicio de alto placer taurino. Me parece que, sobre el papel, estas tres ferias andaluzas prometan emociones. Prometo contarlo.

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16 julio, 2018

La pasta de los toreros


Se nos olvidan nuestros héroes, los más humildes, los que no son noticias de portada, los que han demostrado una capacidad insólita de superación que en cualquier otra actividad llenaría de contenido muchos espacios de los medios de comunicación. Son los toreros heridos por los toros o por la vida que se han levantado y, contra toda previsión lógica, se han puesto de nuevo delante del toro como si nada hubiera pasado. Pero vaya si ha pasado. Son historias que nos recuerdan cómo son los toreros
Quiero tener un recuerdo para Javier Castaño, que en la Feria de Abril de Sevilla de 2016 mató una de Miura después de superar una grave enfermedad. La imagen de aquella fecha, con la cabeza calva en señal de tributo a la medicación que le había mantenido en la vida, es sencillamente emocionante. Pero la vida para Castaño no era que lo podía contar, ni siquiera la ausencia del cabello tenía importancia, la vida para Javier era había vuelto a pisar un ruedo vestido de luces. 

Me detengo en el caso de la vuelta a su Alicante del alma de Francisco José Palazón. Alicante le arropó después de haber vencido a una cruel enfermedad. Es otro héroe que pudo ver cumplido el sueño de cada noche. 

A Manolo Escribano le dijeron los médicos después de la cornada de Alicante de 2016, se han cumplido dos años, que se olvidara de volver a ponerse el traje de luces, que su pierna no podría soportar el esfuerzo de lidiar un toro. Y Escribano, día a día, en una lucha sin tregua, volvió a los ruedos, llegó de nuevo a la plenitud física que su toreo le exige y mató un toro en Bilbao de forma sensacional, como para ahuyentar para siempre los malos recuerdos de la cornada de Alicante.

Y lo más reciente, y no menos importante, el triguereño David de Miranda casi pierde la vida en la plaza zamorana de Toro ahora el 27 de agosto hará un año. Los augurios eran malos, se pensaba que la lesión cervical le apartaría de los ruedos, pero ahí está anunciado en su Huelva el 3 de agosto. Su batalla ha sido ejemplar para superar toda la adversidad. El premio es sentirse de nuevo torero. Como todos le mandamos fuerzas a Manolo Vanegas en su batalla por la total recuperación. Como remate a todo lo comentado, ahí está el caso de Padilla con su actuación en Pamplona a los seis días de un toro le sacara el cuero cabelludo y le dejar el cráneo al descubierto. Son nuestros héroes a quienes no les prestamos la atención debida, ni en el reconocimiento humano ni tampoco las empresas en contratos, pero que nos demuestran que de verdad estos tíos están hechos de otra pasta.   

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19 junio, 2018

Madrid y Sevilla



Entiendo que ver San Isidro desde el mullido sillón de mi salón no es lo mismo que hacerlo desde el tendido. Pero no no me ha quedado más remedio que ponerse delante de la televisión todas las tardes. Y se escucha de forma reiterada que ‘estamos en Madrid’, que si ‘el toro de Madrid’, que si una faena ‘es o no es propia de Madrid’…; siempre Madrid. Muy cansino todo. Mucho más cuando lo que vemos es el claro deterioro de la plaza venteña. Madrid ya es una plaza cualquiera. Y uno que es de provincias, aunque sea de Sevilla, mira con atención y saca sus conclusiones. Se produce una sensación doble. De un lado inquietud porque Las Ventas es una Torre de Babel sin criterio uniforme. De otra, una extraña sensación de alivio.

La inquietud llega por las reacciones de la plaza ante algunos toreros. Las exigencias de Madrid, que son necesarias, ya no se parecen a las de antaño. Se han cortado orejas, y se han dado dos orejas en un toro que nunca podría uno imaginarse que se concedieran en la considerada primera plaza del mundo. La confusión es total. El sector más exigente sigue en su batalla. El problema es que ese sector no trata a todos los toreros por el mismo rasero. Y han perdido la batalla de la seriedad de la plaza.

La han perdido porque los tercios de varas de Madrid ya no se ven ni en algunas provincias. Multitud de toros pasan por el caballo de forma simulada. Y una cosa es la dosificación del castigo y otra muy distinta es no hacer las cosas bien de forma premeditada. Y no pasa nada. En los temas de orejas, la ceremonia de la confusión alcanza niveles estratosféricos. El mismo presidente que le negó la oreja a Fortes saca ahora los pañuelos con alegría ante peticiones muy discretas. Lo del palco de Madrid es para un estudio. Hay un presidente que regala orejas a esportones. Y otro, que está bien considerado, devolvió un manso a los corrales.

Y el sevillano se siente aliviado porque en la Maestranza las cosas andan casi como en Madrid pero todavía con cierta dignidad. Es verdad que mal de muchos es consuelo de tontos, pero al ver lo que pasa en Las Ventas con las presentaciones de algunos toros, las reacciones del público exigente y también del que acude solo a los festejos de lujo, la decadencia de la suerte de varas y la desorientación del palco, pues uno piensa que en Sevilla no están tan mal las cosas. Será que me conformo con poco.  

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02 junio, 2018

Ramón Vila



Corría el año 1980 cuando conocí en persona a Ramón Vila en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Todavía no había comenzado mi andadura como informador taurino. En aquel encuentro quedé subyugado por su personalidad. Sabía de su calidad como cirujano taurino, le admiraba, de forma que en nuestros primeros encuentros para hablar de pacientes a los que había que operar, siempre finalizábamos hablando de toros. Nos unía el colegio de los Maristas, donde ambos nos habíamos formado. El día que aparecí en la enfermería para buscar un parte médico se sorprendió. “Qué haces aquí, Carlos”. “Estoy en Antena 3 Radio hablando de toros”. Se alegró. Desde aquel día debo admitir que me sentí halagado por sus atenciones, así como por sus permanentes referencias en las ruedas de prensa cuando decía: “Eso lo sabe muy bien Carlos”. 

Ramón fue un excelente cirujano. Fue un monstruo como cirujano taurino. Y fue un portento como persona. Todo esto dicho cuando acaba de morir puede parecer la normal elegancia que debe mantenerse en estos momentos. En absoluto. No hay ninguna exageración. Ramón, con su poderosa anatomía, ese pelo cano de pronta aparición, su voz grave y potente, era un personaje que superaba al propio médico.

De todos estos años debo agradecerle su confianza cuando me derivó pacientes, toreros o familiares de toreros, que habían acudido a su persona y que no necesitaban de ninguna intervención. Ramón fue el médico de los toreros en sus percances y en sus enfermedades, pero también fue el médico de cabecera de las familias del toreo. Era un optimista por naturaleza.

Ese optimismo de su personalidad se quebró por unos momentos en 1992. La noche del 13 de septiembre de 1992, cuando apareció en la puerta de la enfermería donde un grupo de informadores estábamos esperando noticias de Soto Vargas, sus palabras fueron tremendas. “Carlos, Ramón Soto se nos ha muerto” y dijo a continuación: “Es muy duro lo que me está pasando este año”.  Pero se vino arriba y, aunque jubilado, ha seguido al pie del cañón hasta esta última Feria de Abril. A Ramón había que conocerlo el día de la entrega de sus premios. Qué vigor, qué elegancia y qué imaginación en sus palabras para cantar al quite artístico, aunque el premio que le volvía loco era el providencial. Así era Ramón Vila, que ya siempre estará grabado en nuestros mejores recuerdos.

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14 mayo, 2018

Las orejas



Pasada la Feria de Sevilla al caminante le suelen ocurrir casi todos los años las mismas cosas cuando pasea por las calles de la ciudad. Entre ellas, el encuentro con ese buen aficionado al que conoces desde hace tiempo pero con el coincides solo de vez en cuando. El saludo, la invitación al café y la pregunta de siempre: “Qué te ha parecido la Feria”. No da tiempo a que se le pueda contestar. En realidad no quiere conocer mi opinión, lo que quiere es darme la suya. Y tras la pregunta comienza a lanzar su particular crónica de la Feria.

“Ha sido una Feria como casi todas. Ha habido cosas buenas y malas. Ha estado bien El Juli, pero me quedo con los nuevos como Garrido, Moral o Aguado. Pero ya me he convencido de algo que te he dicho otras veces. Yo quitaría lo de las orejas, sobre todo en las plazas de primera. Es una fuente de conflictos. Mucho más cuando hay cuatro presidentes, que cada uno tiene un criterio y no se pueden equiparar las que conceden algunos con las de otros. Eso de oreja por petición mayoritaria podría valer cuando a las plazas acudían entendidos en su mayoría, pero ahora, y bienvenidos sean, acuden muchos que no tienen mucha idea de los fundamentos del toreo, porque dicen que van a divertirse y solo quieren orejas. O se cambia el Reglamento, y se deja a criterio del presidente también la primera oreja, o se suprimen. Yo soy partidario de quitarlas, que se den vueltas al ruedo, pero sin orejas. Los aficionados no necesitamos que se corten para saber cómo ha estado un torero. Para los presidentes sería un alivio. Más con cuatro personas distintas, unos más exigentes, otros más generosos, y nos evitaríamos el número de este año de la gente pidiendo orejas con malas estocadas que en Sevilla no se pueden conceder. Han hecho bien, pero hay que seguir la misma pauta con todos los toreros. Así que lo mejor es quitar las orejas”.

Se ha explayado del tirón, le he escuchado con atención, espera que yo diga algo, pero solo ha sido una pausa para terminar su perorata, que nuevo incluye la pregunta del principio: “¿Qué piensas de esto?”. Y sin que pueda contestarle remata su discurso: “Pues debes escribirlo, porque tu tienes medios para hacerlo. Yo no puedo contarlo, pero tú sí que puedes”. Y se queda tan pancho. Ha soltado lo que quería contar y su cara tiene un rictus de suficiencia. Me tomo el café, le pregunto por la familia y le digo que tengo cosas que hacer. Nos despedimos y ahí queda su opinión.  

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26 abril, 2018

El camino de Curro Romero



Estaba Sevilla reunida en el salón de todos los conocimientos que es el Paraninfo de la Universidad. Habían acudido al reclamo de un nombre y un hombre todas las instancias civiles, militares y eclesiásticas. Curro Romero recibía el premio de Cultura. La tarde se había metido ya en el terreno de las emociones. Le cantó su amigo Alberto García Reyes, lo mismo que más tarde lo haría la inigualable Marina Heredia, esa mujer que tiene las esencias de las tierras de Granada. Se había levantado para recoger el premio, un grabado de la Maestranza cargado de historia. Y ahora tenía que comenzar su faena, ya con su muletilla en las manos, solo delante del estrado.

La voz surgió entrecortada en el saludo. Sin papeles, apenas con el corazón en la mano, el Faraón nacido en Camas comenzó a recorrer de nuevo su camino. Otra vez hizo camino al andar. Como en las mejores tardes, la faena fue corta, intensa y de menos a mucho más. Explicó esa senda recorrida en libertad, dejando a un lado las veredas, recogiendo las rosas y ahuyentando las espinas, siempre por derecho en busca de su verdad. Las paredes del templo del conocimiento, la misma que escuchó a las cigarreras cuando salían a la calle San Fernando, se estremecieron con la voz del artista que siempre puso la fidelidad por delante, el que nunca se traicionó, el mismo que eligió al arte del toreo porque así podía soñar que era un Faraón elegido para llenar de gozo a los que fueran capaces de seguirle en su camino.

Estaba allí, delante de todos, como el mejor de los profesores, cuando en su juventud no pudo pisar aquellas aulas ni de puntillas. Seguía su camino, en una etapa más de la senda que comenzó hace ya muchos años. En la garganta de los presentes se metió ese nudo que nos deja sin resuello. A su Carmen sevillana, que no la de Merimé, ya no le quedaban lágrimas, cuando ya el torito de la palabra le estaba pidiendo el final.  “No puedo más…  Quisiera decir más cosas, pero no puedo. Quisiera dar unos lances, pero tampoco puedo. Gracias”.

Se sentó con esa dignidad de los marcados por el don de la gracia y el señorío, había parado de nuevo todos los relojes este vencedor del tiempo, la Universidad había colocado al toreo en su sitio y el caminante Curro Romero apretó sobre su pecho el más hermoso de los ramos de rosas. 

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17 marzo, 2018

San Isidro promete


Miro hacia el sur contemplando los carteles de San Isidro y no puedo decir como un buen aficionado murciano cuando dijo que Sevilla no quería a Murcia, a propósito de las combinaciones de la Feria de Abril. Con la mirada corta del localismo puedo manifestar que Madrid quiere a Sevilla. El Cid, Escribano, Luque, Pepe Moral, Esaú Fernández, Alfonso Cadaval, Javier Jiménez conforman la nómina de sevillanos. Y si añadimos a los sevillanos adoptivos, como Lea Vicens, Cayetano, Roca Rey y Diego Ventura, el plantel es ciertamente muy completo. Pero estos carteles encierran otras lecturas.

Siempre digo lo mismo. Al margen de utopías y fantasías, ya me gustaría comprobar qué carteles hacemos quienes nos consideramos aficionados. Probablemente se parecerían mucho a los anunciados. No vale decir que me gustaría ver un cartel con Ponce, Tomás y Morante con la de Saltillo. Aunque es cierto que se echa en falta algún alarde de los toreros que están considerados como figuras. Esos mismos toreros que saldan su compromiso isidril con dos corridas y nada más.

Los carteles tienen buenas noticias. La inclusión de toreros como Román en la de Miura – atentos al cartel que es de los de mayor atractivo – es un detalle de categoría. Tal vez sea el único gesto de la Feria. Un chaval casi en los comienzos de su andadura se echa a las espaladas tres corridas y la de los toros de Zahariche entre ellas. Mi respeto. También congratula encontrar a David Galván en la cartelería. Pienso que es un  torero que no ha sido bien tratado por las empresas. Y también reconforta que se anuncien José Carlos Venegas, Emilio de Justo, Javier Castaño, Iván Vicente, Octavio Chacón, Javier Cortés y alguno más. 
  
La Feria tiene casi mayor atractivo por las ganaderías que por los matadores. Hay una gran variedad de hierros que pueden satisfacer las demandas de los que sueñan con un toro más fiero. Ahí están Dolores Aguirre, Pedraza, La Quinta, Ibán, Partido de Resina, Victorino y Adolfo, Rehuelga, Saltillo y Escolar, además de la que son más habituales en las ferias.

Y hay que alegrarse de la solución del caso Ventura. No solo tiene seis toros en San Isidro sino que en otoño se las verá con otros seis para él solo. Es un caso bien resuelto. Lo que no se arregla es que el sevillano-lusitano se enfrente a Hermoso en el ruedo. Siguen perdiendo el tiempo y el dinero.

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03 marzo, 2018

Tapias vacías



El mundo de los novilleros sigue en bancarrota. A la dificultad de poder torear debido a la disminución de novilladas picadas, ahora se encuentran con el problema de que casi les resulta imposible acudir  a tentaderos para su preparación de cara a la temporada. Los precios de las vacas de tienta se han disparado. Además, algunos los ganaderos tienen posibilidades de lograr ganancias con las distintas asociaciones de aficionados prácticos. Siempre he pensado que las vacas deben ser para los toreros en activo.

Pero la realidad es distinta. El número de becerras ha bajado en las ganaderías. La mayoría de los criadores han reducido las cabezas por las propias necesidades del mercado. Si encima las que se tientan están destinadas a  las figuras, se puede entender que los chavales tengan muchos problemas para poder torear en el campo.

Pero hay algo más. Algunos ganaderos se quejan de que cada vez hay menos aspirantes en la tapia. Debe ser el signo de los tiempos. La tapia ha sido una forma de escuela de aprendizaje de muchos matadores en sus comienzos. Ese halo romántico de los jóvenes esperando su oportunidad para pegarle pases a la vaca que ha exprimido la figura está desapareciendo en las plazas de tienta. Y no hay nada denigrante en ello. Sin embargo, en unos momentos en los que a un joven que ha toreado tres novilladas ya le llaman maestro, eso de irse a la tapia se considera de poca categoría.

Hay que comprender las quejas de muchos novilleros. Sin padrinos no hay quien se bautice. Todo es un cúmulo de problemas. Salen a plazas como Madrid a jugarse su futuro sin más bagaje que muchas horas de toreo de salón. Los recientes movimientos para la defensa de las novilladas con picadores me parecen oportunos y necesarios. Ahí está la base del toreo. El obligado y perentorio relevo está a la espera, aunque muchos no tienen la posibilidad de ponerse delante ni de una becerra. Es verdad que aquí a nadie le regalan nada, que los que están arriba se los han ganado, pero no es menos cierto que este sistema está cerrando las puertas de muchos toreros que se quedan en el camino. Es algo que debe movilizar al sector, aunque no estoy convencido que a algunos les interese que cambien las cosas.

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05 febrero, 2018

Incomunicados


El nuevo presidente de la Fundación del Toro de Lidia (FTL), Victorino Martín, ha dicho que uno de los errores del mundo de los toros ha sino no tener mayor presencia en los medios de comunicación. Totalmente de acuerdo. La gente del toro ha estado inmersa dentro de su burbuja con la creencia de que nuestras corridas de toros eran una expresión de nuestra cultura que no necesitaba de ninguna ventana mediática para que se la conociera en profundidad. Y así nos ha ido. El toreo ha llegado a una situación de silencio casi completo en los medios. Ya se sabe los temas taurinos que solo son noticia ante la tragedia o los escándalos, pero nunca por los triunfos de los toros y los toreros en los ruedos. No hay información taurina periódica en los informativos de radio y televisión. En 2017 no se ha televisado ninguna corrida de toros. Las televisiones privadas no favorecen al toreo, aunque algunos protagonistas de la Fiesta aparecen de forma habitual en espacios en los que no se suele hablar de toros. Allá cada uno con su conciencia.


Habla con propiedad Victorino porque él mismo es un ejemplo por su forma de atender a todos los medios de comunicación y entidades que solicitan su presencia. Es un caso ejemplar y ello es digno de agradecimiento. Sin embargo, cuando Victorino comentó este detalle de la falta de presencia del toreo en los medios, hubo quien de forma acertada comentó que en la actualidad es más fácil entrevistar a  un ministro que a una figura del toreo. Y es cierto. Hay figuras que no atienden a los medios de comunicación porque nos les da la gana. Están en su pleno derecho, por supuesto, pero está tirando piedras contra su propio tejado. 

En alguna ocasión he querido entrevistar a alguna figura y surgen sus jefes de prensa para poner todo tipo de inconvenientes. Te dicen que su representado no concede en ese momento ninguna entrevista.  Hay que joderse. Se pone de manifiesto que los jefes de prensa de los toreros son personas que cumplen con su trabajo, que consiste en ahuyentar a la prensa de sus patronos. Esta actitud es común a algunos toreros. Dentro de la libertad individual, siempre respetable, ¿no sería lógico que José Tomás contara sus pretensiones ante la temporada inminente? Sería lo normal. Por no hablar de la negativa de algunos, ahora con Morante en el barco, de impedir la televisión en sus festejos. Así, gota a gota, detalle a detalle, el toreo se aleja de la sociedad. Llevas razón Victorino, pero con estas actitudes es imposible volver tener presencia en los medios.   

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24 enero, 2018

Rejoneadores


He leído con atención las entrevistas realizadas a Hermoso de Mendoza y a Diego Ventura en los balances de la temporada de 2017. Son los dos reyes del rejoneo actual. Y su reinado parece que es duradero. Se presume que tienen por delante algunos años de mando, sobre todo en el caso del más joven Diego Ventura. En el horizonte del toreo a caballo no se vislumbra a nadie que les puede hacer sombra. Si en el toreo a pie hay nombres nuevos con capacidad para instalarse en lo más alto, en el rejoneo no hay caballeros emergentes. Después de Diego y Pablo hay varios rejoneadores buenos que también tienen ya una larga trayectoria en la Fiesta. En estos tiempos de absoluto dominio de dos toreros a caballo, cuando el rejoneo ha alcanzado unas cotas de perfección insospechadas, resulta que ambos caballeros se ignoran  de forma llamativa. En estas entrevistas que se han publicado ninguno menciona el nombre de su rival. Es cierto que tampoco se les pregunta.

Si se hubieran puesto de acuerdo estos dos caballeros podrían haber llevado el rejoneo a unos niveles muy altos, pero se ignoran de forma que este año no han coincidido en ningún festejo en plazas españolas. Es un verdadero despilfarro. No se trata ahora de buscar culpables. Seguro que ambos citan al contrario como responsable de no haber aprovechado su presencia conjunta en estos tiempos para escribir páginas gloriosas del toreo a caballo. Me parece un error mayúsculo y la historia les demandará que se hayan ignorado en lugar de competir en las plazas de toros. 

Es una guerra que tiene daños colaterales. Ya lo he repetido en otros textos. No se puede entender que Ventura no haya toreado nunca en Pamplona, feudo de Pablo. La ausencia repetida del navarro en Sevilla tiene su origen en la supuesta preferencia de la empresa sevillana por Ventura, por mucho que diga que las actuaciones mexicanas le impiden estar en Sevilla en las fechas de la feria.

La competencia es la mejor semilla para que la afición acuda con entusiasmo a las plazas de toros. Esa competencia se ha hurtado en los últimos años. El declive general que ha experimentado el rejoneo podía haberse mitigado con ambos rejoneadores en los carteles de las mejores ferias. Pero no ha sido así y ya vemos lo que está ocurriendo. El toreo a caballo vive malos momentos cuando se rejonea mejor que nunca. 

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21 enero, 2018

Preocupación

En los últimos días del año pasado y en los primeros del presente casi todo ha sido negativo para la Fiesta. Se murió Juan Silveti, Sevilla repite ganaderías en plan triunfalista, la Diputación de Zaragoza triplica el canon del arrendamiento de la plaza, en Cali y Manizales han salido corridas muy mal presentadas, en Andalucía se recogieron firmas para que Manuel Díaz no presentara las uvas de fin de año, ninguna empresa quiere acudir a Vitoria... Es un suma y sigue en la espiral en el que se encuentra inmerso el mundo de los toros.

De todas las noticias referidas matizo lo de Sevilla. La repetición de las mismas ganaderías del año pasado, salvo el sacrificio de Daniel Ruiz y la llegada de La Palmosilla, debe interpretarse como un signo de satisfacción por parte de la empresa por el juego ofrecido por las corridas de 2017 en la Feria sevillana. Salvo tres o cuatro encierros más completos, así como toros sueltos, el balance no debe ser tan optimista. Si el empreño de la empresa es la de ganar abonados a base de ofrecer grandes espectáculos, algún cambio más profundo se hubiera agradecido. Es evidente que el ganado está elegido para que las figuras se sientan a gusto. Al aficionado le gustaría mayor variedad en un ciclo de dos semanas de toros.  

Volviendo al principio, el año comienza con la esperanza del trabajo de la Fundación del Toro de Lidia, que es la única entidad en que se puede depositar la seguridad de la defensa y la promoción, por mucho que el trabajo que tiene por delante Victorino Martín sea de una complejidad que raya en la heroicidad. Está muy bien la defensa y la promoción, pero la realidad es que quien acometa esta labor debería comenzar por establecer los cánones precisos para que la Fiesta gane credibilidad, algo que se consigue con un trabajo encaminado a llenar de emoción la plaza. Y la emoción se consigue con un toro encastado e íntegro (ahí hay un trabajo por realizar ante la implantación generalizada de la sospecha de manipulación), y unos toreros capaces. Mientras el tinglado interno del toreo se mantenga tan viciado, los que mandan hagan y deshagan a su antojo y la tendencia de algunos sea lo de humanizar la corrida, la Fiesta seguirá en peligro ante una sociedad que se aleja de las plazas. 

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10 enero, 2018

El toreo del futuro


Mientras pasa el invierno taurino con la habitual pasividad de los profesionales, es tiempo de reflexiones. Se discute quién cambia a quien, si el toro al toreo o viceversa. Me parece claro que el toreo, la forma de torear en cada tiempo, es lo que modifica la forma de seleccionar el ganado, por tanto es el toreo quien modifica al toro. Y el toro no cambia de forma súbita, su evolución es muy lenta. Ha sido así siempre. Joselito El Gallo inició el cambio del toro, aunque sería Juan Belmonte quien se aprovecharía de un animal más apropiado para la quietud y el temple. Tras la revolución de Manolete volvió el toro a cambiar. Ahora, cuando la doctrina de Paco Ojeda, el último revolucionario, ya está asentada, el toro ha sufrido una nueva evolución en su forma de embestir y moverse por la plaza. Muy justo de casta, el animal que se lidia es un prodigio de fijeza y bondad, lo que naturalmente ocasiona que muchas veces sus embestidas sean de mínima emoción. Casi todos los toros embisten de la misma forma. Los espadas no están preparados para ponerse delante de un toro acometedor y fiero.  

De lo hasta ahora comentado supongo que habrá discrepancias entre los aficionados.  Quiero centrarme en Paco Ojeda. En mi opinión, es indiscutible su papel como revolucionario. El tiempo pasado le ha consolidado como el motor de un cambio en los años ochenta del pasado siglo. Después de su impacto, de su relativamente breve paso por la Fiesta, el toreo según Paco Ojeda sigue siendo la base del toreo moderno. Lo que no quiere decir que todos los toreros deban torear al estilo de Ojeda. Cuando aparece algún espada dotado de un arte soberano o un clasicismo asolerado, entonces todos estamos de acuerdo. Pero en cuestiones de terrenos, distancias, en la relación entre toro y torero en la lidia, el concepto de Ojeda sigue en todo lo alto.


Si Ojeda ha sido el último revolucionario, absorbiendo las maneras y el temple de un fenómeno llamado Dámaso González, la pregunta es si a la tauromaquia le quedan por delante nuevas revoluciones. ¿Hacia dónde irá el toreo en los años próximos? No soy capaz de imaginar cuál será la corrida de toros de mediados del siglo XXI, un tiempo que ya no podré ver pero que me parece que será maravilloso. Para que ello ocurra, el toro debe adaptarse siempre a la tauromaquia imperante. Cuesta mucho trabajo entender cómo será el toreo del futuro. Es posible que ya haya nacido esa figura que en veinte años puede cambiar de nuevo la forma de enfrentarse a un toro. El mismo toreo que llamamos eterno se nutre de las revoluciones. Solo espero que lo que esté por venir respete los principios fundamentales de la fiesta que rigen desde que un hombre se pone delante de un toro. 

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Agosto

Ha llegado agosto, el mes de las fiestas por todos los rincones de la geografía española y francesa. Se suceden de manera vertiginosa ...