21 diciembre, 2011

Pepe Luis, noventa años de torería

Hoy cumple 90 años quien en el mundo de los toros es Sevilla misma: Pepe Luis. No hace falta decir más nada, es simplemente Pepe Luis y Sevilla sabe de quién se trata. Llega a esta edad con todos sus recuerdos intactos, mermado en algunos sentidos pero muy lúcido cuando se trata de recordar sus tardes toreras.

Cumple 90 años aquel chaval rubito hijo del capataz de los matarifes del Matadero. Nació el 21 de diciembre de 1921 en San Bernardo. Es el mismo que en  la finca El Quintillo se atrevió a torear un becerro sin haber asistido antes a un tentadero. El niño torero rubito que el 18 de julio de 1937 debutó vestido de rosa y oro en la plaza de Algeciras.

Pepe Luis Vázquez fue muy pronto el torero de Sevilla. Lo fue el día de su alternativa el 15 de agosto de 1940 con el toro “Sabihondo” de Francisco Chica y en la compañía de Pepe Bienvenida y Gitanillo de Triana. Y lo fue tantas y tantas tardes en las que la Maestranza se llenó a la llamada de su estilo torero.

Pepe Luis le dio a Sevilla su mejor torero, producto de una inteligencia natural fuera de lo corriente y de una gracia exquisita. Sevilla le adoptó como su máximo exponente. Pepe Luis, el de San Bernardo, toreó siempre en el patio de su casa. En la Maestranza dejó la huella de su torero y no tuvo reparos en matar la corrida de Eduardo Miura en numerosas tardes. Sobre el ruedo maestrante se forjó un idilio particular entre una ciudad y un torero. En las tardes en las que no estaba inspirado, Pepe Luis resolvía el asunto con un quite en el sexto, el llamado quite del perdón.

Rival en los ruedos del monstruo Manolete, Pepe Luis siempre fue un rendido admirador del torero cordobés. Por el contrario, Manuel Rodríguez dejó muy clara su sentencia: “Si Pepe Luis hubiera querido habría acabado con todos “.

Fue torero de Sevilla y de Madrid. Llenó las plazas de su armonía y de su toreo limpio y puro. Pepe Luis derramó su esencia sevillana por todos los confines de la tauromaquia, hasta el punto de que puede afirmarse que Pepe Luis es Sevilla. Para rematar sus dotes toreras, Pepe Luis ha sido siempre un ejemplo de humildad. Si en la plaza fue clarividente, artista y genial, en la calle fue un personaje alejado de la parafernalia y de los fastos. Así ha sido el decano de los matadores de toros, una de las figuras más importantes del toreo de todos los tiempos.

En esta jornada cumple sus primeros noventa años, rodeado de Mercedes,  sus hijos, nietos y biznietos. La Sevilla del torero cumple también años con uno de sus hijos predilectos. La gran  familia taurina le rinde en esta fecha su homenaje a un hito viviente del gran arte de la tauromaquia, santo y seña de la identidad española, andaluza y sevillana. 
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13 diciembre, 2011

¿Hacia un cambio en la corridas televisadas?

Invierno movido en asuntos administrativos. Madrid tendrá a los empresarios más potentes en una unión extraña, los ganaderos buscan presidente, los toreros se protegen con un ente que negociará sus intereses de imagen y las autonómicas quieren organizar un consorcio para que se repartan los gastos y las retransmisiones.

Este último asunto es el más novedoso. Es una idea de Castilla La Mancha, la televisión que en época socialista más ha televisado. Resulta que se ha puesto al descubierto el despilfarro que suponía ofrecer festejos infumables a precio de oro. La idea de organizar un grupo que retransmita corridas es buena. Es un ahorro notable. Para que tal cosa sea completa, los comentaristas deben ser únicos para cada festejo. Es un despilfarro que una corrida celebrada en Andalucía tenga cinco comentaristas dobles, dos por cada comunidad que las emite.

Hay dos presupuestos fundamentales. Las corridas televisadas deben tener un cierto rango. Basta ya de ofrecer pachangas taurinas desde placitas perdidas. Basta ya de corridas con toros miserables. Basta ya de corridas con los toreros de siempre en plazas muy respetables pero sin ninguna trascendencia. En televisión hay que dar corridas que de antemano tengan un alto atractivo.

Y los comentarios tienen que ser serios. Nadie le ha metido el diente al asunto. No hay nada tan dañino para la Fiesta como los comentaristas de Canal Sur, señores que deforman la realidad, repartidores de alabanzas de momentos sin valor taurino, justificadores de todo y capaces de omitir lo que todos puede ver con sus ojos. También basta ya de entrevistadores folklóricos sin conocimientos taurinos que sólo perjudican la imagen del toreo. La Fiesta es emoción y seriedad, no una chica gastándole bromas a los toreros o a sus padres en un callejón. O lo que es peor, saliendo con un micrófono al ruedo sin ningún pudor.

Es buena la unidad para bajar gastos, pero con corridas de categoría y comentaristas reputados, capaces de contar la grandeza de la Fiesta sin bajar a las estupideces absurdas o a los comentarios jocosos. Si en Andalucía, sin ir más lejos, hemos tenido que aguantar esperpentos, los aficionados del resto de España no deben soportar  comentarios ridículos y, en el fondo, poco taurinos, aunque los interesados estén convencidos de lo contrario gracias a sus palmeros indocumentados. Si no ahora, marzo es la fecha para cambiar muchas cosas de los toros en esta tierra andaluza. Y un programa semanal dinámico y atractivo no puede justificar el atraco de las retransmisiones en directo (o en falso directo).
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02 diciembre, 2011

Diego Puerta sólo toreó en la plaza

Han pasado casi cuarenta y ocho horas de la muerte de Diego Puerta y apenas puedo escribir unas palabras en su homenaje. He podido enjaretar su biografía para El Mundo, en Sevillatoro he podido informar de la capilla ardiente y del entierro, pero quiero poner en orden las ideas. No se ha muerto un torero más. Diego Puerta ha sido un matador de toros trascendental en la historia del toreo. Para Sevilla es la pérdida de uno de los eslabones más significativos de su vida torera y un prototipo fundamental del llamado toreo sevillano.

Sobre la tauromaquia de Diego Puerta se ha escrito bastante y se ha hecho bien con motivo de su muerte. Sería interesante apuntar que su concepto nacía de una figura muy especial. Algo bajo de estatura, Diego era una mezcla perfecta de torero de entrega y de arte, aunque siempre con los matices de su estilo sevillano, muy marcado en su toreo de capa, muchas veces a pies juntos o en sus portentosas chicuelinas, totalmente distintas a las de su compadre Paco Camino. Variado, grácil y poderoso con la muleta, así como un matador eficiente. Basta saber que compitió con los mejores de una época de toreros enormes, la llamada edad de plata del toreo, y que salió victorioso en múltiples ocasiones de tales enfrentamientos. Todos coinciden en su irrefrenable afán de triunfo. Camino lo ha contado muchas veces: “Cuando salía a  hacer un quite me echaba a temblar, porque había que responderle, y el problema es que Diego siempre hacía quites”. 

La historia de Diego pueden ser números: 16 años de matador de toros. Despedida definitiva de los ruedos con 33 años. 58 cornadas. 4 cornadas de extrema gravedad. Primera Oreja de Oro de RNE. El torero que más orejas ha cortado en los Sanfermines. 8 puertas grandes en Madrid. Se puede seguir. Son números.

Fuera los números. Me faltan han faltado algunas cosas. Esa Medalla de las Bellas Artes, que por no tenerla algunos como Diego y tenerla alguno que la tiene está devaluada. Ha faltado más Sevilla en su adiós. Y han faltado los toreros en activo. He sentido envidia sana del adiós recibido por Antoñete hace muy poco. Es verdad que a Diego sólo le vieron torear vestido de luces quienes ya rondan los cincuenta años, pero Sevilla no ha entendido la dimensión artística de quien se ha muerto. Es posible que la propia forma de ser de Diego haya tenido la culpa. Sólo toreó en el ruedo. Nunca toreó en la calle. Y ahí puede estar la clave. Son tiempos de exhibicionismo (basta ver lo que se ve en la televisión). Y Diego era cualquier cosa menos exhibicionista. Le tildaron de tacaño, pero era muy generoso. Lo puede contar Tomás Campuzano cuando toreó un toro de su ganadería y lo dejó vivo para que así no se lo pagara. El toro se murió en el campo porque en verdad no lo quería para semental. Era una excusa para que Tomás no se gastara el dinero. Y ahí está su Cruz de Beneficencia por tantos festivales como forma de entrega para las causas necesitadas. En Higuera de la Sierra pueden hablar de ello, de tantos festivales con Litri y el padre Girón. En fin, debe ser el signo de los tiempos, que sube a los alteres a minucias y olvida a los aristas y a los héroes. Diego está en la cumbre de los recuerdos de mucha gente. Eso es fundamental, pero qué pena Sevilla no haber estado a la altura. Y qué pena de los toreros de nuestros días. Qué mediocridad más grande.  
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El público y la pasión

Los aficionados gozamos con las películas taurinas antiguas. Es cierto que muchas veces nos quedamos sorprendidos porque el toreo de la...