11 agosto, 2017

El público y la pasión


Los aficionados gozamos con las películas taurinas antiguas. Es cierto que muchas veces nos quedamos sorprendidos porque el toreo de la primera mitad del siglo XX está muy alejado del que vemos en estos tiempos. Además de estudiar los estilos de cada torero, los vericuetos de la lidia de antaño, las reacciones de los toros, estas imágenes nos muestran un público enfervorizado que salta de alegría al contemplar lances y muletazos que no tienen nada que ver con los que hoy se prodigan en nuestras plazas de toros. Esa pasión de los seguidores de Joselito y Belmonte a comienzos del siglo es parecida a la que despierta Manolete ya en década de los cuarenta. Recuerden esa película de Manolete en su confirmación en México con la plaza enloquecida ante una faena que en estos días no pasaría el filtro de nuestras exigencias modernas.

Ese público no estaba equivocado. Si nosotros hubiéramos estado en esos tendidos también habríamos manifestado de forma expresiva nuestra alegría y satisfacción por esas faenas, que nos mostraban toreros que rectificaban la posición, que remataban muchos pases por alto y que casi siempre se dejaban enganchar los engaños. Y al ver esas imágenes surge la explicación. Allí había emoción de verdad. 

El toreo ha llegado a una perfección insospechada. No se concibe ya una faena con enganchones, menos se permite que un torero mueva los pies en el embroque. Es un toreo casi perfecto, al que se ha llegado porque el toro actual lo permite. El toro y el toreo se han conjuntado para que se presencien obras sin mácula. Sin embargo, con este toreo tan perfecto ya no se levantan con entusiasmo los públicos como en aquellos otros tiempos del pasado. Ahora se contemplan las tandas de muletazos y solo hay reacción cuando llega el remate con el pase de pecho. Cuando esa perfección está adobada de un arte sublime o un valor descomunal, entonces hay verdadera respuesta del tendido. No puedo explicar las causas, pero a veces añoro un toreo que sea capaz de levantar en cada muletazo a toda una plaza, como nos enseñan esas imágenes en blanco y negro del pasado. Fiel a mis tesis, debe ser que esta perfección está carente de emoción. Y caigo en que esa emoción del pasado la debía poner, en buena parte, el toro.   

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06 agosto, 2017

Algo más que Baleares


Lo suyo sería hablar de Baleares, pero no creo que pueda aportar nada nuevo a lo que ya se ha escrito. Es una pesadilla que, por encima de quienes quieren defender a los animales, solo intentan destruir a España como nación. Me gustaría fijar mi reflexión en lo que se dice de forma rutinaria: los peores enemigos de la Fiesta están dentro. No estoy seguro de ello, aunque muchas veces parece que es cierto ante los comportamientos de algunos taurinos, que solo piensan en su seguridad económica inmediata sin pensar en el futuro.

Me gustaría centrarme en dos cuestiones: el toro y la confección de los carteles de las ferias. La vuelta de la emoción a las plazas se sustenta en un toro encastado y de toreros capaces de dominarlo y torearlo. Ese toro brilla por su ausencia en la mayoría de la ferias. El toro al uso es simplemente noble, justo de raza, algo manso, que se deja dar cientos de pases sin molestar al torero. Si a eso le añaden que el toreo actual es despegado y desplazando afuera al toro, se entiende que hay que torear muy bien para conseguir que las plazas vibren con el toreo actual. Ante la falta de calidad de muchos toreros, estos deben recurrir a los muletazos modernos, espaldinas, arrucinas, rodillazos, bernadinas, manoletinas y arrimones, para captar la atención del tendido. Y así ocurre con algunas figuras y con los más jóvenes de las escuelas. Solo copian lo accesorio. En definitiva, si saliera un toro exigente la emoción volvería a las plazas.

Sobre los carteles de las ferias, pues estamos como siempre. El sistema está controlado y siempre torean los mismos. Los triunfos no sirven para nada. Solo pongo dos ejemplos. Pepe Moral estuvo enorme con la de Miura en Sevilla. No le ha servido más que para acudir a Pamplona. No lo tienen en cuenta.  Hay un torero que pone de acuerdo a todos cada vez que torea. Pone de acuerdo incluso a los del sistema. Es David Galván. Pero no le abren las puertas para que pueda enfrentarse a esos toros terciados y nobles que se lidian por las ferias. Es más que posible que Galván también podría estar cumbre con esas reses.  El sistema no quiere toreros nuevos. En fin, que lo de Baleares es grave, pero hay cosas que también son preocupantes. Y están en el interior de la Fiesta.

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02 agosto, 2017

Equilibrio


No me gusta que a los novilleros sin picadores les suelten erales astifinos y agresivos. No creo que para forjar a un futuro torero haya que ponerlo delante de animales pasados de kilos y de pitones. Los novillos, y eso vale también para los utreros, pueden tener defectos en las defensas sin que ello presuponga que ha habido manipulación. Es decir, que pueden ser acapachados, abrochados, cornicortos, mogones u hormigones. No se trata de filtrar a los que empiezan solo por su capacidad para ponerse delante de reses muy serias. Lo que se debe buscar es comprobar quienes tienen verdaderas condiciones - capacidad, arte, oficio, maneras, valor - para tener un futuro como toreros. Y se ha cantado mucho a algunas plazas en las que los erales tenían hechuras de cuatreños.

Todavía me gusta menos que en muchas plazas salgan toros con las defensas claramente manipuladas. El matador de toros tiene un recorrido profesional que le permite ponerse delante de reses íntegras. Hay toros para plazas de primera, segunda y tercera, incluso para portátiles, pero esta diferenciación no debe permitir nunca la manipulación para disminuir sus defensas.


Es decir, que en estos tiempos en los que la información nos llega de forma instantánea, cuando esa bendición de la redes sociales bien utilizadas nos aportan la opinión que quienes de otra forma no podían saltar a la palestra, resulta que hay plazas donde se lidian erales desproporcionados para toreros inexpertos y reses disminuidas para toreros con un amplio bagaje en los ruedos. Y en esas redes se jalea lo primero, aunque también es verdad que se denuncia lo segundo. El final es el de siempre. Ni una cosa ni otra. Ni erales astifinos con hechuras de toros de plaza de segunda para novilleros sin picadores, ni toros chicos con defensas virtuales para figurones del toreo. Es una cuestión de equilibrio. Tiempo tendrán los aspirantes para ponerse delante de toros serios. En el periodo de aprendizaje no vale exigir que sean héroes. No me parece lícito cantar la seriedad excesiva de una novillada para jóvenes en sus primeros pasos. Menos lícito es que en algunas plazas salga un toro que lastima la vista para  los que ya están de vuelta en la profesión. Equilibrio es la palabra.

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24 julio, 2017

El encierro y la corrida en San Fermín


Todos los informativos de radio y televisión de la mañana del lunes 10 de julio contaban como noticia de relevancia que dos corredores habían sufrido contusiones en el encierro de las reses de Fuente Ymbro. Nada que objetar en principio, si no fuera porque en la UCI del Hospital de Navarra estaba ingresado Pablo Saugar 'Pirri' a las pocas horas de haber sido brutalmente corneado en el ruedo y haber pasado varias horas en las manos salvadoras de los médicos de la plaza de Pamplona. La noticia eran los dos contusionados en el encierro. No era el percance gravísimo sufrido por el magnífico torero. Es la prevalencia desproporcionada que tiene el encierro sobre la corrida de toros de la tarde. El encierro es protagonista durante muchas horas en la televisión pública, la misma que ni siquiera hace una mínima referencia a lo sucedido en la corrida del día anterior. A veces, incluso se olvidan de mencionar a los matadores que se enfrentarán a las reses corridas por la mañana. Es el eterno desprecio que sufre la Fiesta desde muchos ámbitos. El encierro vende; la corrida de toros molesta. Los medios se afanan en contar todos los detalles de lo que ocurre en tres minutos por las calles, pero no quieren saber nada de los que ocurre en dos horas por la tarde con más de quince mil personas en los tendidos.

Bienvenida sea la información del encierro; se admite la historia del australiano que se deja coger de forma inocente en la curva de Mercaderes; todo lo que suponga enseñar al toro es bueno. Lo que pasa es que se ha olvidado que el encierro existe porque por la tarde hay una corrida. Sin corrida no hay encierro. Y no puede ser noticia que dos corredores hayan sufrido contusiones cuando en el hospital un torero ha sufrido una cornada de caballo. Es la hipocresía llevada a su máxima expresión.


Por lo demás, por la visión de los festejos de Pamplona en televisión, solo queda lamentar el deterioro de una Fiesta que sigue siendo válida para todos, pero que exige unos toros sacados de tipo que no pueden embestir. Y luego está lo de las orejas. Se ha llegado a un punto en el que veinte muletazos buenos pueden pasar desapercibidos y cinco rodillazos son celebrados como el ‘no va más’ del toreo. Las orejas se cortan por matar pronto. No importa dónde caiga la espada. Llega Antonio Ferrera con una faena magistral y no se enteró nadie en la plaza, ni los del sol con su juerga ni los que se suponen más serios de sombra. Algo está fallando en los sanfermines, aunque insisto, que viva San Fermín.  

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17 julio, 2017

Panorama desolador


El verdadero drama sigue estando presente en las novilladas con picadores. Diría más, el drama que se acrecienta entre los novilleros españoles. Los que más torean son franceses o hispanoamericanos. No debe ser porque los españoles tengan menos capacidad. Deben jugar otros temas. Es un drama que nos hayamos olvidado de las novilladas con picadores. Nos queda la esperanza de las que se anunciarán en el mes de septiembre en las tradicionales plazas de nuestra geografía, pero no es suficiente. Salvando las plazas de primera, y sobre todo Madrid y Sevilla, apenas se organizan  novilladas picadas.

Hay un esfuerzo notable para organizar festejos sin caballos, gracias a las escuelas taurinas que son un motor incuestionable. En este sentido quiero destacar de nuevo al certamen de las escuelas andaluzas, televisadas por Canal Sur, que son un ejemplo que ya siguen algunas otras comunidades. 

En la misma Maestranza sevillana se celebrarán en julio las consolidadas novilladas para aspirantes con dieciocho chavales dispuestos a buscar el triunfo. Hay muchas novilladas sin picadores. Los jóvenes que sueñan con ser toreros tienen posibilidades. ¿Y después qué ocurre? Pues que se quedan parados la mayoría porque para torear con picadores hay que tener una cuenta corriente abundante.

Se me viene a la memoria el caso de un novillero sevillano que fue el triunfador del ciclo de festejos de las escuelas andaluzas el pasado año. Es Juan Pedro García ‘Calerito’. Todavía no ha debutado con caballos. Nadie ha podido dar una explicación coherente sobre la situación de Calerito, un torero en el que tenemos puestas nuestras esperanzas pero que en julio todavía no ha debutado con los del castoreño. Se anuncia para agosto en Castuera, pero lleva todo el año sin torear.


Se comprende todo, sobre todo el coste desproporcionado de una novillada, pero algo está fallando si muchachos con posibilidades están entrenando sin poder ponerse el traje de luces. Y parece que si has nacido en España, todavía es más complicado. Basta mirar el escalafón. El primer español es Pablo Aguado, que ya debería haber tomado la alternativa, y que lleva seis novilladas. Solo 12 noveles han toreado cuatro o más festejos. Algo estamos haciendo mal si no cuidamos la cantera. Está bien la atención a los festejos sin picadores, pero no olvidemos a los que ya deben torear utreros.  

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02 julio, 2017

Medalla eterna

Es muy dura la cuesta a la hora de escribir cuando aún no estamos repuestos, ni lo estaremos nunca, de la muerte en el ruedo de Iván Fandiño. Todos los temas pendientes se quedan aparcados porque quiero sumar mi reflexión a los textos apasionantes que se han publicado tras esta tragedia. No conocí a Iván, nunca le hice una entrevista, ni siquiera tengo que pedir perdón por alguna crónica en la que lo tratara con desdén o dureza. En realidad, Iván Fandiño nunca se hacía merecedor de un tipo de crónica semejante, porque, por encima de otras apreciaciones, todos sentíamos una profunda admiración por su trayectoria y por su honestidad como torero.  

Circula por las redes una entrevista de la televisión vasca del año 2014 que recomiendo a todos. En el campo, la finca de Guadalajara, cerca de los toros, Iván deja su testamento. Recurro a sus palabras, que hago mías, para añadir unos gramos de gloria a quien ha muerto en las astas de un toro. “La dureza de la profesión no son las cornadas del toro, son las injusticias que se comenten con los menos poderosos, como me ha ocurrido en muchas ocasiones en mi vida”, dice Iván. 

Como una premonición que produce escalofrío comenta que “las cornadas son medallas para el torero, aunque con la técnica actual son menos frecuentes, pero siempre puede ocurrir un accidente que incluso puede conllevar la muerte. Es la medalla más grande, todos los toreros tenemos asumido que algo así puede ocurrir cualquier tarde”.  Y añade: “Llevo siete cornadas. El maestro Ordóñez dijo una vez que un torero bueno siempre llega, como mínimo, a las quince en su carrera taurina, así que me quedan todavía por recibir más cornadas que las que me han dado hasta ahora”. 

Todo lo que se ha dicho es verdad: contracorriente, luchador, mortal y rosa, el mismo vestido de la Puerta Grande, el mar de los hombres libres, torero samurái, la muerte honrosa, la muerte del torero como algo natural, el Gólgota, la Piedad del Miguel Ángel, grandeza de héroe derrotado… No hay más palabras. No quiero enlazar letras para buscar frases originales. Vean el vídeo. Iván Fandiño en 2014 nos recuerda que la muerte del torero en el ruedo es la propia grandeza de la profesión y de la Fiesta. Fandiño tiene la su medalla eterna. Tanto luchar… para alcanzar una gloria que disfrutará en el cielo.   

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23 junio, 2017

Algeciras


El coso de Las Palomas de Algeciras tiene solera, tradición y afición. Así lo puedo atestiguar después de más treinta años asistiendo a su Real Feria de finales de junio. Puedo presumir de ser uno de los más veteranos a la hora de contar las corridas en esta plaza. Algeciras está en puertas de un nuevo ciclo con la suerte de contar como empresa a Lances de Futuro, que, con la juventud e imaginación de José María Garzón, está logrando mantenerse en plena crisis y ofrecer carteles de alto contenido taurino.

Nunca pude ver toros en la antigua Perseverancia, pero conozco como nadie esta plaza tan alegre, cómoda y torera. En su ruedo he presenciado hitos inolvidables del toreo, como el indulto por Emilio Muñoz del toro Comedia, de Cebada Gago, y una faena inmensa, dicho así con todas las palabras, de José María Manzanares padre a un toro de Núñez del Cuvillo, posiblemente su última gran obra, que logró que todo el coso  sufriera un intenso estremecimiento al presenciar el toreo más hondo imaginado. 

Han sido muchos los avatares que ha sufrido la plaza. También conoció la época de las vacas gordas con ferias infladas con un número excesivo de corridas. Garzón ha encontrado el equilibrio, aunque si organizara una novillada con picadores su labor podrá alcanzar la nota máxima. 

La plaza algecireña es de segunda, es decir, que tiene la misma categoría que las de capitales de provincia. Este aspecto le confiere al toro que se lidia un punto de mayor presencia. Algeciras ha sido escenario de las actuaciones de todas las figuras del toreo. Sobre su albero se han lidiado las reses de las ganaderías más señeras, pero incluso puede contar con suficiencia que allí se lidiaban todos los años los toros de Pablo Romero. Algeciras es parte de la historia del toreo con derecho propio.
Su afición, como le ocurre a tantas plazas, tiene buen gusto torero. Allí se reúnen los mejores entendidos del Campo de Gibraltar. La alegría de la plaza, con esa monumental merienda en la mitad del festejo, no está reñida con el buen juicio del tendido. Es un nivel de exigencia que debe mantenerse, por mucho que en estos tiempos, como en todas partes, ese nivel haya bajado. Animo a quienes me leen a que acudan a Algeciras a ver toros. Hay más cosas en la ciudad y en sus alrededores: playas, comidas, calidad humana…, pero solo ver toros en Las Palomas ya merece un viaje al sur de Europa.

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16 junio, 2017

Vanessa y los toros


En un encuentro celebrado en Sevilla con el comunicador Arturo Pinedo nos presentó a Vanessa, joven de 25 años, de una familia de tipo medio, con estudios finalizados, que está buscando trabajo. No conocen a Vanessa, pero la realidad es que a nuestro alrededor hay cientos de chicas como ella. Fue interrogada en una encuesta y manifestó que nunca había ido a una corrida de toros; es más, dijo que era partidaria de suprimir los toros porque le parecen una forma de maltrato animal. Vanessa forma parte de la sociedad española del futuro. Vive al margen de la tauromaquia y piensa que debe desaparecer. ¿Cuántas como ella hay en España? Hay miles. Todos conocemos a muchas que son exactamente igual que esta chica moderna, culta, ambiciosa y con muchas ganas de formar parte de la sociedad.

¿Debe hacer algo el mundo de los toros para cambiar la opinión de esta joven? ¿A cuántas como Vanessa podríamos convencer de las virtudes del toreo? Según el comunicador Pinedo al mundo de los toros le falta construir un mensaje relevante para llevar la tauromaquia a todos. Es necesario persuadir a los indiferentes, a los que dudan, a los que no son aficionados y que aún pueden elegir. Es necesario que nos planteemos el reto de que nuestros mensajes deben incluir los conceptos de la libertad, el compromiso social de la cultura taurina, los valores humanos, o la idea de respeto. Y destacó tres caminos que hay que emprender en la comunicación de la cultura taurina: ganar la calle, desmontar prejuicios y resaltar la vertiente experiencial (espectáculo, arte, emoción) de la tauromaquia.

Afirmó que es preciso mostrar una visión moderna de la fiesta; abrir canales de comunicación propios; generar vínculos; establecer una red de aliados; movilizar la opinión de los aficionados; resaltar la responsabilidad social de la cultura taurina; crear iconos a los que sigan la juventud; ganar espacios en los medios de comunicación, y hacer una defensa valiente de las posiciones.

No sé si el mensaje del toreo llegará a Vanessa. No sé si el toreo es capaz de elaborar un mensaje relevante para estos jóvenes. El mismo Pinedo contó lo que escribió en su día un conocido escritor. Pasaba con sus hijos, de 4 a 7 años, por delante de Las Ventas. ¿Qué es eso?, preguntó el mayor. “Es la plaza de Las Ventas”, contestó el padre. Y el niño de siete años le volvió a preguntar: ¿Y qué equipo de fútbol juega ahí?  Ahí está la realidad del problema. Los niños de hoy solo piensan en el fútbol.

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07 junio, 2017

El toreo de rodillas


De forma cíclica se ponen de moda en la Fiesta algunos muletazos o formas de torear cuando ya parecían olvidadas. Pasó con las manoletinas, que de estar en el limbo ahora se prodigan en exceso. No hay chaval de una Escuela que no acabe su faena por manoletinas o bernadinas. Ahora se está prodigando de nuevo el toreo de rodillas. En esta misma temporada he presenciado muletazos de rodillas muy templados por parte de Padilla, El Fandi, Cayetano. Talavante y Fortes.

El toreo de rodillas no ha tenido nunca buena fama en el toreo. El crítico Corrochano pidió que se prohibiera torear de rodillas. Siempre se ha considerado que, además de ser algo pueblerino, el torero quería ganar unas palmas añadidas para conseguir más trofeos en sus faenas. En tiempos pasados, muchos toreros comenzaban sus faenas de hinojos o las finalizaban de la misma forma. Se comentó que era propio de toreros tremendistas, pero la realidad es que matadores como Pepe Luis Vázquez o Antonio Ordóñez llegaron a torear de rodillas, sobre todo al inicio de las faenas y generalmente en muletazos por alto. Ahora se ha llegado a un punto más lejos. Se torea al natural o con la derecha con las dos rodillas sobre el albero. También se reciben los toros para torear con el capote hincado de rodillas.

Y algunos matadores han logrado un temple insospechado al instrumentar los muletazos. Incluso se atreven a rematar las tandas con las arrucinas en una acción inverosímil que provoca la admiración del tendido. Esta forma de torear se suma a otras facetas como los cambiados por la espalda, las pedresinas, las luquesinas, las mencionadas manoletinas, que en definitiva han llegado a las plazas porque en estos tiempos con el toreo fundamental con la izquierda y la derecha es bastante complicado conseguir emocionar a los espectadores, entre otras cosas porque para que llegue esa emoción hay que torear muy bien y eso está ahora al alcance de muy pocos espadas.

En la fiesta estamos viviendo momentos del ‘más difícil todavía’, de forma que aparecen actitudes de alto riesgo para captar la atención de las plazas. Si no se consigue con el toreo puro, se intenta con otras formas. Lo que me preocupa es que en breve todos los muchachos de las Escuelas van a estar toreando de rodillas. Las modas que asumen las figuras llegan pronto a quienes está en edad de aprender. Me gustaría más que aprendieran naturalidad y torería. 

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27 mayo, 2017

Córdoba


Existen dos plazas de toros en Andalucía que no están en su mejor momento. Son las de Córdoba y Jaén. Ambas vivieron ferias esplendorosas, tal vez infladas en su momento, pero en las que tanto el coso cordobés como el jiennense abrieron sus puertas para celebrar festejos con carteles de gran categoría. Jaén merece un análisis más detallado cuando se acerque San Lucas, ahora quiero pensar en el coso de Los Califas. Córdoba es ciudad capital del mundo del toreo por su historia, es plaza de primera categoría y vive unos momentos en los que es necesario que el aficionado y la empresa recapaciten sobre el presente y el futuro.

La Feria del pasado año, con una sola corrida, marcó el mínimo de Córdoba. No se trata de anhelar las ocho corridas que llegó a organizar Paco Dorado hace años, se trata de encontrar la media de una plaza que debe volver a sentirse importante en el circuito nacional. Este año se ha subido a dos corridas de toros y una de rejones, además de una becerrada, con carteles muy buenos, pero todavía me parece poco.

Además, este año se conmemora en la Fiesta el centenario del nacimiento de  Manolete, lo que va a tener más resonancia en el ámbito cultural que en el propiamente taurino. La FIT se ha involucrado en distintos eventos, como el documental sobre el grandioso torero cordobés, pero hasta el mes de octubre habrá conferencias, presentaciones de libros y tertulias con Manolete como protagonista. 

Falta una corrida grande, especial y diferente en homenaje a Manolete. Esa corrida se puede celebrar en los que resta de año y estoy convencido que la empresa no dejará caer esta recomendación en saco roto, pero también es necesario que la sociedad cordobesa, que ha asistido a la plaza de forma masiva en determinados festejos en otros tiempos, se muestre predispuesta a asistir a un magno acontecimiento, de forma que la plaza se llene hasta la bandera para rendirle homenaje a quien paseó por el mundo el nombre de Córdoba y que es un pilar fundamental de la historia del toreo.

El primer paso es que la gente acuda en esta próxima Feria de Nuestra Señora de la Salud, porque los carteles son atractivos y así le demostrará a la empresa que se puede hacer un esfuerzo para devolver a Córdoba al ciclo de las grandes ferias de la temporada.

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19 mayo, 2017

La suerte de varas


La dinámica del tiempo nos ha llevado de la Feria de Sevilla a San Isidro sin solución de continuidad. La noticia está en Las Ventas, donde cada tarde se jugarán su futuro los matadores anunciados. Pero no está demás que desde este púlpito echemos una mirada a Sevilla, entre otras cosas porque los problemas del toreo en la ciudad andaluza pronto aparecerán en Madrid, si no están ya instalados.

De todo lo sucedido han tenido cumplida información. Lo que me parece preocupante es que nuevamente se ha comprobado que la suerte de varas está en peligro de muerte. De todos los toros lidiados en Sevilla, apenas a una docena se les ha picado con arreglo a los cánones. La escasa pujanza del toro obliga a muchos lidiadores a solicitar a sus picadores que cuiden del animal y que levanten el palo. Muchos toros no se han picado en la Feria.

Hay un grupo de aficionados que se excita cuando a un toro se le coloca bien en suerte para que se arranque al caballo. Pero son los menos. La plaza ha aplaudido a los picadores porque no han picado. A eso se le llama ahora dosificar la suerte. La masa anula a los pocos aficionados que asisten a los tendidos y esos aplausos dedicados a quienes han omitido uno de los momentos más bellos de la corrida son un castigo a los que están educados en otro tipo de Fiesta.

Bendito sea el público que llena las plazas de toros, al margen de sus conocimientos, porque ellos están contribuyendo a mantener este espectáculo. Ese mismo público ocasional se ha emocionado cuando un toro ha acudido como bravo al caballo. Por tanto, es cuestión de hacer una Fiesta bien hecha para que prevalezca la pureza.

En Sevilla ha habido muy pocos picadores que hayan practicado la suerte de verdad. Estoy impaciente por comprobar si en San Isidro se mantiene el tercio de varas con un mínimo de dignidad. Si se ponen los toros en el sitio para que se arranquen al caballo. Si los picadores hacen la suerte. En definitiva, si los toros se pican o no. Dicen que el toro actual no permite dos puyazos en regla. Si es así, es una mala noticia. A los primeros que les interesa la supervivencia de la suerte de varas es a los picadores, aunque comprendo que deben obedecer al jefe de filas. La suerte de varas languidece. Que no se muera, por favor. 

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11 mayo, 2017

La Feria del 67


Dice mi amigo Luis Carlos Peris que la del año 1967 es la mejor Feria de Abril de Sevilla que recuerda. Si lo dice quien posee una memoria tan prodigiosa seguro que la del 67 fue un ciclo para el recuerdo. He buscado mis archivos y lleva razón. Se anunciaron diez corridas de toros en la feria, desde el día 15 al 24 de abril.

Una Feria en la que se produjeron, entre otras muchas cosas, el debut de Francisco Rivera Paquirri, la apoteósica reaparición de Antonio Ordóñez, la gloria y tragedia del incomparable Juan García Mondeño el domingo de preferia y la última lección que el grandísimo Rafael Ortega dictó en el albero del Baratillo.

Igualmente, en esa inolvidable feria sucedió la anécdota de un paseíllo el 18 de abril con solo dos toreros, Puerta y Paquirri, porque el tercero, nada menos que Manuel Benítez El Cordobés, llegó tarde a la plaza. También fue la última feria de Miguel Báez Litri, que combinó triunfo y enfermería. Y, como añadido, fue la feria de Curro Romero, que triunfó en sus tres tardes, la última de ellas con salida por la Puerta del Príncipe.

En los carteles había nombres que ahora, al cabo de los cincuenta años, nos llenan de nostalgia y, otra vez, nos plantean si no es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor. Fue diferente. Pero les recuerdo nombres de aquel ciclo: Diego Puerta, Mondeño, José Fuentes, El Pireo, Zurito, Rafael Ortega, Curro Girón, Litri, Antonio Ordóñez, Jaime Ostos, El Cordobés, Paquirri, Andrés Hernando, Victoriano Valencia, Palmeño, Curro Romero… Una constelación de estrellas del toreo.

En aquella feria de 1967 hubo muchos triunfos con ganaderías como Benítez Cubero, Núñez, Fermín Bohórquez, Urquijo, Álvaro Domecq, Miura… Era todo distinto a estos tiempos. Los encastes de Murube y Núñez eran los preferidos. En esa feria cada tarde hubo un suceso memorable. El toro se movía mucho más y la emoción se hacía presente todos los días en la Maestranza. La plaza se llenaba de aficionados a los que les encantaban los éxitos de los matadores.

Fuera las nostalgias absurdas. Sin embargo, no sería  malo que muchas cosas volvieran a ser como hace cincuenta años. Algo hemos hecho mal cuando ahora nos conformamos con dos o tres faenas sueltas y algún toro más encastado en un ciclo como el sevillano. 

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02 mayo, 2017

El toreo de capa


Se comenta que el toreo de capa se está perdiendo. No pienso lo mismo. Es cierto que en estos tiempos es difícil que el espectador disfrute de un tercio de quites a cargo de los tres matadores. También es verdad que el toreo con el capote se ha diversificado con distintos capotazos en los que suele faltar la verónica, que es el lance fundamental. Se dice que las orejas no se cortan con el capote, pero tampoco es cierto. Para cortar las dos orejas a un toro en la Real Maestranza se ha debido torear bien de capa.

La verónica es el fundamento. Antes, el torero puede haberse ido a portagayola para recibir al toro de rodillas con una larga, o bien la ha realizado en el tercio. El saludo de capa siempre debe incluir la verónica. El momento de la variedad llega con los quites. Hay muchos lances con el capote que adornan ese momento de la lidia. Pueden ser chicuelinas, gaoneras, lances por delantales, navarras, tafalleras, zapopinas, cordobinas, caleserinas, orticinas, faroles, saltilleras, rogerinas, tapatías, el quite de oro, el de la mariposa… Es todo un muestrario único y variado en el que hay que reconocer la aportación que hicieron los grandes toreros de México.

Y como remate, todo el mundo sueña con la media verónica, momento de máxima expresión de hondura. Es el final de un quite, bien por verónicas o por algunos de los mencionados. El remate puede llegar también  con una revolera airosa, una larga cordobesa o una serpentina. Todo es colorido y belleza cuando vuela un capote torero.

El espectador debe valorar lo que se hace con el capote, ya sea por el torero encargado de la lidia, ya sea por los banderilleros cuando con sus capotazos ponen al toro en suerte. En banderillas, pocos y buenos capotazos se deben instrumentar. También los buenos banderilleros merecen ovaciones cuando torean con el capote.

Una corrida de toros es más alegre y emocionante si se ha manejado el percal con clase y maestría. El toreo con el capote sigue vigente y el espectador disfruta cuando presencia lances llenos de clase, duende o alegría.

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25 abril, 2017

Palomo Linares y Sevilla


Mis primeros recuerdos de Palomo Linares son en blanco y negro en las pantallas de la televisión cuando desde Vista Alegre se celebraron aquellas novilladas de La Oportunidad. Palomo era un producto muy típico de la época con su cara de pillo, la melena al viento y la sonrisa como estandarte. No era el tipo de torero que me gustaba, pero a los públicos les llegaba con facilidad por su raza en la plaza. 

Recuerdo la polémica del rabo en Madrid, que fue contestado por los defensores de la integridad de Las Ventas como si la plaza hubiera sido violada de forma alevosa. Y también aquellos años de la guerrilla con Manuel Benítez. Es decir, que Palomo nunca estuvo en el devocionario particular de mis preferidos, aunque insisto en proclamar su valor y frescura, la buena técnica que atesoraba y esa capacidad innata para conectar con los tendidos.

En Sevilla toreó veinte corridas de toros. No se presentó como novillero. El día 21 de abril de 1968 debutó en la Maestranza con una corrida de Antonio Pérez y Mondeño, que había sido testigo de su alternativa, y José Fuentes de compañeros. La primera oreja sevillana llegó el 25 de abril de ese mismo año en un cartel de tronío con Diego Puerta y Curro Romero en la lidia de un lote de Benítez Cubero.

Fue protagonista de la corrida suspendida por el gobernador Utrera Molina el 13 de abril de 1969, fecha en la que Victoriano Valencia, Curro Romero y Palomo estaban anunciados con los de Benítez Cubero que fueron rechazados, pero Palomo capitaneó la rebelión al negarse a torear otras reses y Utrera, fallecido también hace unos días, suspendió la corrida entre el aplauso de la afición. Ese mismo año volvió dos tardes más a la feria y pasó de puntillas.

El gran año de Palomo en Sevilla fue el de 1970. En su primera corrida en la Feria, el 17 de abril, le cortó las dos orejas a uno de Cubero, pero la gran corrida fue la del día 19 cuando se lidió una de Miura por Pepe Limeño, Palomo y El Hencho, que cortaron ocho orejas - cuatro Limeño, dos Palomo y otras dos El Hencho -, para salir los tres a hombros por la Puerta del Príncipe en lo que Luis Carlos Peris definió como la miurada inolvidable.  

En la temporada de 1971 actuó cuatro tardes en Sevilla con el balance de una oreja. En San Miguel hizo el paseíllo mano a mano con Curro Romero. Otra oreja cortó el 20 de abril de 1972 a una de Cubero, ganadería predilecta del torero de Linares, aunque hay que reseñar que de nuevo lidió la de Miura en un gesto de torero macho y poco frecuente en las figuras. Dos tardes sin relieve en 1973; otras dos en el año 1974, para no aparecer en las combinaciones del año 1975.

En el año 1976 se anunció en dos corridas en la Feria, los días 24 y 28 de abril. En la segunda de ellas, con toros de Manolo González, cortó la última oreja en Sevilla. En la temporada de 1979 volvió en dos corridas. La del 25 de abril con toros de Osborne en compañía de Paquirri y José Antonio Campuzano fue la de su adiós al coso del Baratillo.

En definitiva, 20 corridas de toros, 8 orejas, el escándalo de la suspensión y la corrida memorable de Miura de 1970, su mejor año en Sevilla. Palomo dejó su huella en la plaza de toros de la Real Maestranza. Descanse en paz este guerrillero del toreo y de la vida.  

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18 abril, 2017

Domingo de Romero


El Domingo de Resurrección en Sevilla es una fecha que se ha convertido con el tiempo en fundamental dentro del calendario taurino, pero no siempre fue de esta forma. Durante muchos años fue un festejo que se consideró como telonero. Ahora mismo, la  corrida está considerada como una de las tres más prestigiosas de la temporada, junto a la de Beneficencia de Madrid y a la del aniversario de la inauguración de la plaza de México en febrero. La historia de esta fecha en Sevilla tiene dos nombres: Curro Romero y Diodoro Canorea.

El empresario cambió el curso de la fecha y la puso en manos de Curro. Se percató del idilio sin condiciones que se había establecido entre la ciudad sevillana y el Faraón. Canorea puso a Curro en la corrida de apertura y las entradas, en otro tiempo de difícil venta, se cotizaron al alza. Curro Romero participó en todos los festejos, excepto el citado de 1992, hasta el año 2000, el último en el que estuvo en activo. En total, 23 tardes como protagonista. Se puede afirmar que la consolidación y el prestigio definitivo de  esta corrida están unidos al nombre de Curro Romero.

Otro dato curioso es que Curro ha sido padrino de alternativa en ocho ocasiones en los festejos de Resurrección, además de haber sido testigo de las alternativas de Pepe Luis Vázquez y Juan Mora, los dos apadrinados por Manolo Vázquez en los años de su reaparición. Curro ha sido el estandarte de esta corrida única.

Tras Curro Romero, el torero que más veces ha actuado en Sevilla el Domingo de Pascua ha sido Espartaco, 11 tardes, con ese epílogo final del 5 de abril de 2015, fecha de su reaparición en Sevilla y retirada definitiva en tarde para la historia. Le sigue Morante de la Puebla, que este año ha llegado a las 10 corridas.

Con Curro Romero en el cartel, la corrida de Resurrección comenzó a ser un festejo de ‘no hay billetes’ en las taquillas, algo que una vez retirado el Faraón se ha mantenido por la importancia de los carteles que se han conformado y la misma categoría de la plaza. Así pues, el Domingo de Resurrección en Sevilla estará siempre ligado a Romero; es el Domingo de Romero.

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11 abril, 2017

Reglamentos


La Fiesta de los toros siempre ha sido un escaparate para los políticos. Ha ocurrido siempre. La utilización de las corridas como púlpito es una constante en la historia. En los tiempos que corren, con la era digital, a los políticos les priva eso de aparecer en la foto del callejón, donde se supone que presumen de afición, algo que no suele ser exacto porque lejos de la corrida de la feria con más atractivo ya no aparecen por los callejones. Sería fundamental limpiar los callejones de intrusos ajenos al festejo.

Lejos de las plazas, a los políticos se les ocurren ideas peregrinas en torno a la Fiesta cuando están en sus despachos, un sitio que debería ser el lugar para trabajar para todos pero que convierten en el escenario donde se cuecen sus deseos de notoriedad. Todo esto viene a cuento del borrador de un nuevo Reglamento Taurino para Navarra. La lectura del mismo lleva a varias conclusiones, todas ellas preocupantes. La primera es que el inspirador y ejecutor de este articulado es un ignorante en cuestiones taurinas. Salvo el asunto de la seguridad, algo que siempre en recomendable, la mayoría de los cambios propuestos atentan contra la pureza e integridad del toreo. Lo hace no tanto por lo que obliga, sino porque deja grandes lagunas abiertas que pueden dar motivo a situaciones que desvirtúan la realidad de las corridas de toros. Incluso podrán afectar a los encierros de los sanfermines. 

El proyecto de nuevo Reglamento ha encendido a buena parta de los aficionados navarros, aunque no tanto a los del resto de España, a quienes observo con cierta pasividad ante lo que podría ser una puñalada grave a la Fiesta. Aún queda tiempo para evitar este despropósito, pero la inquietud es tal que no falta quien opina que si prospera es la puerta abierta para que en otros ámbitos pueda suceder lo mismo. Y es que en la actual ola de políticos populistas podemos esperar locuras desafortunadas.

Esperemos que haya cordura. Y también, como ya adelanté en otro texto, que en otras comunidades donde están pensando hacer cambios se imponga la sensatez. Cambiar para mejorar es la meta de todos. El cambio por capricho para modificar la esencia de nuestra cultura taurina es una aberración. 

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06 abril, 2017

Manolo Cortés


No hay tarea más ingrata que escribir sobre quienes nos han dejado de forma inesperada. Es el caso de Manolo Cortés, torero preferido de mi primera juventud como aficionado. Su desaparición ha sido un golpe duro, aunque el mal que le aquejaba era tan dañino que hace algunas fechas nos habíamos hecho a la idea de su final. Manolo Cortes fue un torero especial.

Tenía los aires de un bohemio, su mirada encerraba una enorme bondad, era un genio salpicado con un goterón de abulia. Si el genio se imponía, el toreo de Manolo resplandecía luminoso; si dominaba la abulia, el toreo se rendía ante su propia apatía.

Cortés fue un torero con sabor, lleno de torería, elegancia y finura, aunque le sobró desgana. Los analistas dicen que fue frío. La realidad es que tenía condiciones para haber sido figura del toreo. No lo fue, pero ha sido un torero sevillano con un sitio destacado en la historia.

Destilaba aroma a torero. Cuando hablaba de su paso por los ruedos nunca hubo ni un gramo de resentimiento. Siempre admitió que si no llegó más alto la culpa fue suya. Pero nadie podrá quitarle la huella que dejó en sus plazas de referencia, como Madrid, Sevilla, Pamplona, Bilbao, Valencia, Barcelona, México o Nimes. Como maestro, transmitió a quienes se le acercaron la importancia de la entrega y la preparación para alcanzar la cumbre. Solo se quejó porque no pudo despedirse de Sevilla con una corrida especial.

Sus espejos fueron Rafael Ortega, Antonio Ordóñez, Paco Camino y Diego Puerta. Vivió la gloria de la Puerta del Príncipe y varias faenas de ensueño, hasta que llegaron las cornadas terribles de Castellón y Madrid. Nos queda la huella indeleble de su personalidad, en la que imperó su donaire, en la que reinó una elegancia descomunal llena de aires gitanos y en la que siempre hubo naturalidad. 

Dotado para todo, Manolo fue un torero grande y apreciado que se quedó a mitad de camino. Se fue en 1997 con cierta amargura. No encontró la ayuda empresarial para un año bonito en el adiós. Pero apenas se quejó. Manolo Cortés fue un artista poderoso con un poco de apatía. Lo que nadie le podrá negar fue su clase, ya como hombre, ya como torero. Como amigo suyo, siento un dolor profundo por su marcha. Siempre estará en nuestros mejores recuerdos.

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03 abril, 2017

El indulto

El indulto de Valencia ha desatado opiniones enfrentadas. Los aficionados debemos tener las cosas claras, por mucho que uno de los ingredientes básicos de nuestra afición sea la discrepancia en los juicios. A pesar de ello, hay cuestiones fundamentales que todos los que amamos el toreo, y luchamos por su supervivencia con pureza e integridad, deberíamos estar de acuerdo. El toro indultado en una plaza de primera debe ser excepcional. Entiendo que ahora alguno quiera recordarme algunos indultos en otras plazas a toros que no fueron excelentes. El toro ‘Pasmoso’ fue bueno, pero no remató en todos los tercios con la categoría que se le debe exigir al indultado.
Era evidente que después de la vuelta al ruedo concedida al toro cuarto del festejo final de Fallas, un despropósito absurdo, por pura comparación había que indultar al sexto, por mucho que un error no se deba tapar con una desmesura. El indulto de Valencia se justifica como una manera de elevar la magnificencia de la Fiesta ante los momentos delicados que está viviendo. La emoción de verdad se consigue cuando a la plaza sale un toro bravo y encastado en los tres tercios. No me parece correcto tapar la realidad de nuestras corridas de toros con indultos improcedentes.
El indulto se ha convertido en un arma publicitaria. Para el ganadero agraciado supone una inmensa publicidad a la que, en buena lógica, no están dispuestos a renunciar. Por ello entiendo la euforia de Justo Hernández en sus declaraciones tras el perdón. Lo entiendo, aunque me hubiera gustado que nos contara su malestar con la vuelta al ruedo a un toro gazapón al que El Juli toreó de forma excepcional.
El futuro no pasa por quitarle la esencia y el fundamento a las corridas de toros. La suerte de varas está aniquilada y nadie protesta. Se cría un toro para una faena de muleta. El toreo se está amontonando en miles de pases sin naturalidad. No olvidemos que la mejor defensa de la Fiesta es la propia corrida con toros íntegros, bravos y encastados ante toreros capaces, valientes y artistas. El futuro no es indultar a destajo a todo lo que se mueva, sino que pasa por la lidia que realicen buenos toreros a reses extraordinarias de principio a fin.

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22 marzo, 2017

La Escuela Taurina de Sevilla

La Real Escuela de Tauromaquia de Sevilla se fundó en1830 y apenas duró tres años. Pedro Romero, ya con más de ochenta años, fue su director. La nueva Escuela Taurina de Sevilla está a punto de cumplir 25 años de existencia, por cierto con más penurias que otra cosa, a pesar del amparo generoso de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Hasta hace unos días, los chavales que quieren formarse como toreros en la escuela sevillana debían entrenar en un parque y casi debajo de un puente.

La Escuela de Sevilla no ha tenido excesiva suerte. Ha tenido maestros de categoría, pero el número de toreros de primera línea que han surgido de la misma es muy escaso. Ahí quedan nombres como Manuel Escribano, Pepe Moral, Daniel Luque, Lama de Góngora o Salvador Cortés, que dieron sus primeros pasos bajo la tutela de la escuela sevillana. Si se compara con los logros de otras escuelas, el balance no es favorecedor. Pero el trabajo de los dirigentes y profesores ha sido encomiable.

Esta precariedad en la que han trabajado hasta ahora se ha quebrado hace escasas fechas. La Escuela se ha trasladado a la emblemática Real Venta de Antequera sevillana, unas instalaciones que fueron santo y seña del toreo cuando hasta mediados de los años ochenta se exhibían en sus corrales las corridas destinadas a la Feria de Abril. El trabajo de Daniel de la Fuente y Lola Rojas para recuperar la Venta ha sido descomunal, pero ahí está, reluciente y torera.     


Ahora, con el acuerdo suscrito entre la Venta y la Escuela, los alumnos podrán realizar sus sesiones de preparación en un lugar que respira toreo por todas partes. Se abre un futuro esperanzador para la Escuela. Es buen momento para recordar que por las Escuelas Taurinas de Andalucía han pasado más de 8500 aspirantes desde 1998. Algunos han llegado; la mayoría se han quedado por el camino. Pero se han formado hombres, como primera premisa. Y lo mismo que hace dos semanas teníamos que juzgar con dureza a la Junta por su desidia en muchos temas taurino, hay que dejar constancia de que con las Escuelas su labor es intachable, hasta el punto de que su diseño de temporada es admirado por todos. Ahora, en un paso más, la Escuela de Sevilla se marcha a la Venta de Antequera. Es un buen sitio para soñar con ser toreros.  

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17 marzo, 2017

Dávila Miura

Cuando anunció que volvía a los ruedos para lidiar la corrida del hierro familiar en 2015, la sorpresa fue mayúscula. Eduardo Dávila, Miura por parte materna, no volvía a los ruedos para lidiar una corrida cualquiera; su gesto era para celebrar los 75 años de la presencia de la mítica ganadería en Sevilla. Eduardo solventó con eficacia el compromiso. Quienes le admiramos como persona y hemos podido disfrutar con su honradez torera, suspiramos tranquilos cuando paseó la oreja después de su afortunada tarde maestrante. Eduardo había cumplido un sueño. Ya podía volver a sus labores de apoderado y a enseñar a los aficionados prácticos. 

Pero el torero tenía en mente otro reto: la de Miura en Pamplona. También resolvió en envite con esa difícil facilidad que aporta el oficio bien aprendido y el conocimiento exacto de las reacciones de los toros que se crían en Zahariche.

Ahora quiere completar el círculo con otra de Miura en Las Ventas. Nada de alivios; Eduardo se volverá poner el traje de luces para rendirle homenaje a la ganadería a los 175 años de su existencia. 

Otra vez nos llena de inquietud y sobresalto a todos los que le conocemos. Es Madrid y Miura. Por mucho que mantenga un perfecto estado físico, a pesar de que no ha dejado de torear, esta apuesta ya tiene rango de palabras mayores. Pero Eduardo es tozudo y quiere rematar su propia trilogía miureña.

Será el 11 de junio y sus amigos están deseando que ya sea día 12 para quedarse tranquilos. Aunque a muchos les parezca una locura, ahora que lo pienso bien resulta que estos gestos solo se producen en el toreo. Eduardo Dávila Miura saldrá a Las Ventas sin ninguna ventaja. ¿Se imaginan a un artista retirado de cualquier tipo de actividad que se anunciara por un día para  volver a ejercer su profesión? El juicio sería totalmente benévolo de antemano. Cuando Eduardo, muleta en mano, se ponga delante de uno de Miura en Las Ventas el 11 de junio, todos le exigirán que se ponga en el sitio y que vuelva a bordar sus eternos pases de pecho. Por eso el toreo es distinto. Por eso es cierto que los toreros están hechos de otra pasta. Respeto y admiración por un matador que, por puro romanticismo, se va a exponer de esta forma. Suerte, torero.

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09 febrero, 2017

Noche de duendes con Curro y Paula


“Este es un encuentro histórico por los personajes que se han citado esta noche: Curro Romero y Rafael de Paula”, dijo Alberto García Reyes al comenzar el acto. Sucedió en el centro de Sevilla, Caja Rural del Sur, en la tarde del martes con una inusitada expectación. Al reclamo de la presentación de un libro, ‘Torerías y Diabluras’, escrito por Jesús Soto de Paula, el hijo de Rafael, asistieron aficionados, toreros y público en general. Y todo fue una cascada de sentimientos desatados, episodios inolvidables, gestos y detalles que pellizcaron lo más íntimo de los presentes, dentro de un acto que quiso ser ordenado pero que fue, como todo lo bueno, una catarata de emociones sin control.

Alberto García Reyes presentó el acto y leyó el prólogo escrito por Curro. Como buen conocedor de los misterios del flamenco habló de “una reunión de cabales”. Se refirió a Curro y Rafael como dos leyendas humanas. Cedió la palabra a Jesús que comentó “el sufrimiento que ha supuesto poder escribir y publicar este texto; han sido cinco años de escribir muchas noches para romper los papeles por la mañana”.

En su exposición hubo un lugar para muchos conceptos. Así, la voz y el eco; el arte del toreo, que es la mayor de las artes; se metió en filosofía para mencionar su vertiente apolínea y dionisiaca; de la parte trágica de la Fiesta y de la vida. “Escribo sobre lo que me ciega o me deja mudo, sobre lo que puedo escuchar en silencio”.

Luego se metió en los terrenos del duende con reflexiones propias y de otros pensadores. “El duende que viene cuando quiere”, dijo con voz de quejío. Pasó revista a toreros desde Lagartijo y Frascuelo a José Tomás. Se paró en Juan y en José. “Belmonte toreó con la fantasía de un niño; Joselito, con la destreza de un hombre”. Con el duende entre ceja y ceja, salieron a relucir los sonidos negros de Manuel Torre, para pasar incluso por la opinión de Goethe, aunque el silencio de los presentes se hizo temblor del alma cuando citó a La Piriñaca: “Cuando canto a gusto la boca me sabe a sangre”. El punto final lo puso el mismo Jesús: "El duende es una 'puñalá' que se le da a todas las mentiras para quedarse a solas con la verdad. El duende es quien se adueña de su creador y no al contrario". Las palmas echaron humo.

Como no podía ser de otra forma habló de Curro, de su cintura y de sus muñecas; de su padre, Rafael, sobre todo de su capote. Así acabó con la voz y el eco, aunque el remate de todo fue el indescriptible concepto del compás.

A la noche le quedaban todavía unos cuantos registros de torerías y diabluras. Rafael de Paula, ya sin la gorrilla, enjaretó una faena de momentos cumbres, posiblemente algo deshilvanada, pero preñada de libertad y desnudez. No hacía falta ni ligar los pases. Habló de Obama, “al que votaría si fuera español”; del papa Francisco y se enredó al mostrar su admiración por una monja que sale mucho en la televisión. Su alocución se llenó de frases cortas, espacios muertos para tomar aire y tiempo para preguntarle a Alberto, “¿Y tú cómo te llamas? Todo fue un maravilloso desconcierto en el que no faltaron los carnets de los periodistas, las alusiones a otros toreros de conceptos muy distantes, para definir a las corridas de toros como un acontecimiento, “no como un espectáculo”.

Pero había que hablar del libro de Jesús. Alejado de los fantasmas de una noche rondeña, Rafael recomendó su lectura, “porque Jesús escribe muy bien, tiene un sentimiento muy profundo y es un muchacho muy bueno. Ha sufrido mucho, casi me estoy enterando ahora, pero ha valido la pena”.
A todo esto, Curro escuchaba atento. “Tienes que hablar, Curro”, le dijo el gitano. Curro contestó: “Tú rematas”. El remate del gitano del barrio de Santiago fue un profundo y sentido “Dios bendiga al toreo”.

Curro Romero habló de Jesús, de su bondad y del cariño que le profesa. Le agradeció “las cosas tan bonitas que has escrito de mi”. Poco más comentó el Faraón. Paula saludaba a unos y otros desde la mesa. Alberto García Reyes quiso ponerle algo de orden a lo que no podía tenerlo. Así estábamos cuando apareció Antonio Agujetas, Jerez puro al cante, para entre quejíos, temblores y desgarros, ponerle el broche a una noche de recuerdos imperecederos. Geniales Curro y Paula.

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El público y la pasión

Los aficionados gozamos con las películas taurinas antiguas. Es cierto que muchas veces nos quedamos sorprendidos porque el toreo de la...