25 abril, 2017

Palomo Linares y Sevilla


Mis primeros recuerdos de Palomo Linares son en blanco y negro en las pantallas de la televisión cuando desde Vista Alegre se celebraron aquellas novilladas de La Oportunidad. Palomo era un producto muy típico de la época con su cara de pillo, la melena al viento y la sonrisa como estandarte. No era el tipo de torero que me gustaba, pero a los públicos les llegaba con facilidad por su raza en la plaza. 

Recuerdo la polémica del rabo en Madrid, que fue contestado por los defensores de la integridad de Las Ventas como si la plaza hubiera sido violada de forma alevosa. Y también aquellos años de la guerrilla con Manuel Benítez. Es decir, que Palomo nunca estuvo en el devocionario particular de mis preferidos, aunque insisto en proclamar su valor y frescura, la buena técnica que atesoraba y esa capacidad innata para conectar con los tendidos.

En Sevilla toreó veinte corridas de toros. No se presentó como novillero. El día 21 de abril de 1968 debutó en la Maestranza con una corrida de Antonio Pérez y Mondeño, que había sido testigo de su alternativa, y José Fuentes de compañeros. La primera oreja sevillana llegó el 25 de abril de ese mismo año en un cartel de tronío con Diego Puerta y Curro Romero en la lidia de un lote de Benítez Cubero.

Fue protagonista de la corrida suspendida por el gobernador Utrera Molina el 13 de abril de 1969, fecha en la que Victoriano Valencia, Curro Romero y Palomo estaban anunciados con los de Benítez Cubero que fueron rechazados, pero Palomo capitaneó la rebelión al negarse a torear otras reses y Utrera, fallecido también hace unos días, suspendió la corrida entre el aplauso de la afición. Ese mismo año volvió dos tardes más a la feria y pasó de puntillas.

El gran año de Palomo en Sevilla fue el de 1970. En su primera corrida en la Feria, el 17 de abril, le cortó las dos orejas a uno de Cubero, pero la gran corrida fue la del día 19 cuando se lidió una de Miura por Pepe Limeño, Palomo y El Hencho, que cortaron ocho orejas - cuatro Limeño, dos Palomo y otras dos El Hencho -, para salir los tres a hombros por la Puerta del Príncipe en lo que Luis Carlos Peris definió como la miurada inolvidable.  

En la temporada de 1971 actuó cuatro tardes en Sevilla con el balance de una oreja. En San Miguel hizo el paseíllo mano a mano con Curro Romero. Otra oreja cortó el 20 de abril de 1972 a una de Cubero, ganadería predilecta del torero de Linares, aunque hay que reseñar que de nuevo lidió la de Miura en un gesto de torero macho y poco frecuente en las figuras. Dos tardes sin relieve en 1973; otras dos en el año 1974, para no aparecer en las combinaciones del año 1975.

En el año 1976 se anunció en dos corridas en la Feria, los días 24 y 28 de abril. En la segunda de ellas, con toros de Manolo González, cortó la última oreja en Sevilla. En la temporada de 1979 volvió en dos corridas. La del 25 de abril con toros de Osborne en compañía de Paquirri y José Antonio Campuzano fue la de su adiós al coso del Baratillo.

En definitiva, 20 corridas de toros, 8 orejas, el escándalo de la suspensión y la corrida memorable de Miura de 1970, su mejor año en Sevilla. Palomo dejó su huella en la plaza de toros de la Real Maestranza. Descanse en paz este guerrillero del toreo y de la vida.  

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18 abril, 2017

Domingo de Romero


El Domingo de Resurrección en Sevilla es una fecha que se ha convertido con el tiempo en fundamental dentro del calendario taurino, pero no siempre fue de esta forma. Durante muchos años fue un festejo que se consideró como telonero. Ahora mismo, la  corrida está considerada como una de las tres más prestigiosas de la temporada, junto a la de Beneficencia de Madrid y a la del aniversario de la inauguración de la plaza de México en febrero. La historia de esta fecha en Sevilla tiene dos nombres: Curro Romero y Diodoro Canorea.

El empresario cambió el curso de la fecha y la puso en manos de Curro. Se percató del idilio sin condiciones que se había establecido entre la ciudad sevillana y el Faraón. Canorea puso a Curro en la corrida de apertura y las entradas, en otro tiempo de difícil venta, se cotizaron al alza. Curro Romero participó en todos los festejos, excepto el citado de 1992, hasta el año 2000, el último en el que estuvo en activo. En total, 23 tardes como protagonista. Se puede afirmar que la consolidación y el prestigio definitivo de  esta corrida están unidos al nombre de Curro Romero.

Otro dato curioso es que Curro ha sido padrino de alternativa en ocho ocasiones en los festejos de Resurrección, además de haber sido testigo de las alternativas de Pepe Luis Vázquez y Juan Mora, los dos apadrinados por Manolo Vázquez en los años de su reaparición. Curro ha sido el estandarte de esta corrida única.

Tras Curro Romero, el torero que más veces ha actuado en Sevilla el Domingo de Pascua ha sido Espartaco, 11 tardes, con ese epílogo final del 5 de abril de 2015, fecha de su reaparición en Sevilla y retirada definitiva en tarde para la historia. Le sigue Morante de la Puebla, que este año ha llegado a las 10 corridas.

Con Curro Romero en el cartel, la corrida de Resurrección comenzó a ser un festejo de ‘no hay billetes’ en las taquillas, algo que una vez retirado el Faraón se ha mantenido por la importancia de los carteles que se han conformado y la misma categoría de la plaza. Así pues, el Domingo de Resurrección en Sevilla estará siempre ligado a Romero; es el Domingo de Romero.

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11 abril, 2017

Reglamentos


La Fiesta de los toros siempre ha sido un escaparate para los políticos. Ha ocurrido siempre. La utilización de las corridas como púlpito es una constante en la historia. En los tiempos que corren, con la era digital, a los políticos les priva eso de aparecer en la foto del callejón, donde se supone que presumen de afición, algo que no suele ser exacto porque lejos de la corrida de la feria con más atractivo ya no aparecen por los callejones. Sería fundamental limpiar los callejones de intrusos ajenos al festejo.

Lejos de las plazas, a los políticos se les ocurren ideas peregrinas en torno a la Fiesta cuando están en sus despachos, un sitio que debería ser el lugar para trabajar para todos pero que convierten en el escenario donde se cuecen sus deseos de notoriedad. Todo esto viene a cuento del borrador de un nuevo Reglamento Taurino para Navarra. La lectura del mismo lleva a varias conclusiones, todas ellas preocupantes. La primera es que el inspirador y ejecutor de este articulado es un ignorante en cuestiones taurinas. Salvo el asunto de la seguridad, algo que siempre en recomendable, la mayoría de los cambios propuestos atentan contra la pureza e integridad del toreo. Lo hace no tanto por lo que obliga, sino porque deja grandes lagunas abiertas que pueden dar motivo a situaciones que desvirtúan la realidad de las corridas de toros. Incluso podrán afectar a los encierros de los sanfermines. 

El proyecto de nuevo Reglamento ha encendido a buena parta de los aficionados navarros, aunque no tanto a los del resto de España, a quienes observo con cierta pasividad ante lo que podría ser una puñalada grave a la Fiesta. Aún queda tiempo para evitar este despropósito, pero la inquietud es tal que no falta quien opina que si prospera es la puerta abierta para que en otros ámbitos pueda suceder lo mismo. Y es que en la actual ola de políticos populistas podemos esperar locuras desafortunadas.

Esperemos que haya cordura. Y también, como ya adelanté en otro texto, que en otras comunidades donde están pensando hacer cambios se imponga la sensatez. Cambiar para mejorar es la meta de todos. El cambio por capricho para modificar la esencia de nuestra cultura taurina es una aberración. 

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06 abril, 2017

Manolo Cortés


No hay tarea más ingrata que escribir sobre quienes nos han dejado de forma inesperada. Es el caso de Manolo Cortés, torero preferido de mi primera juventud como aficionado. Su desaparición ha sido un golpe duro, aunque el mal que le aquejaba era tan dañino que hace algunas fechas nos habíamos hecho a la idea de su final. Manolo Cortes fue un torero especial.

Tenía los aires de un bohemio, su mirada encerraba una enorme bondad, era un genio salpicado con un goterón de abulia. Si el genio se imponía, el toreo de Manolo resplandecía luminoso; si dominaba la abulia, el toreo se rendía ante su propia apatía.

Cortés fue un torero con sabor, lleno de torería, elegancia y finura, aunque le sobró desgana. Los analistas dicen que fue frío. La realidad es que tenía condiciones para haber sido figura del toreo. No lo fue, pero ha sido un torero sevillano con un sitio destacado en la historia.

Destilaba aroma a torero. Cuando hablaba de su paso por los ruedos nunca hubo ni un gramo de resentimiento. Siempre admitió que si no llegó más alto la culpa fue suya. Pero nadie podrá quitarle la huella que dejó en sus plazas de referencia, como Madrid, Sevilla, Pamplona, Bilbao, Valencia, Barcelona, México o Nimes. Como maestro, transmitió a quienes se le acercaron la importancia de la entrega y la preparación para alcanzar la cumbre. Solo se quejó porque no pudo despedirse de Sevilla con una corrida especial.

Sus espejos fueron Rafael Ortega, Antonio Ordóñez, Paco Camino y Diego Puerta. Vivió la gloria de la Puerta del Príncipe y varias faenas de ensueño, hasta que llegaron las cornadas terribles de Castellón y Madrid. Nos queda la huella indeleble de su personalidad, en la que imperó su donaire, en la que reinó una elegancia descomunal llena de aires gitanos y en la que siempre hubo naturalidad. 

Dotado para todo, Manolo fue un torero grande y apreciado que se quedó a mitad de camino. Se fue en 1997 con cierta amargura. No encontró la ayuda empresarial para un año bonito en el adiós. Pero apenas se quejó. Manolo Cortés fue un artista poderoso con un poco de apatía. Lo que nadie le podrá negar fue su clase, ya como hombre, ya como torero. Como amigo suyo, siento un dolor profundo por su marcha. Siempre estará en nuestros mejores recuerdos.

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03 abril, 2017

El indulto

El indulto de Valencia ha desatado opiniones enfrentadas. Los aficionados debemos tener las cosas claras, por mucho que uno de los ingredientes básicos de nuestra afición sea la discrepancia en los juicios. A pesar de ello, hay cuestiones fundamentales que todos los que amamos el toreo, y luchamos por su supervivencia con pureza e integridad, deberíamos estar de acuerdo. El toro indultado en una plaza de primera debe ser excepcional. Entiendo que ahora alguno quiera recordarme algunos indultos en otras plazas a toros que no fueron excelentes. El toro ‘Pasmoso’ fue bueno, pero no remató en todos los tercios con la categoría que se le debe exigir al indultado.
Era evidente que después de la vuelta al ruedo concedida al toro cuarto del festejo final de Fallas, un despropósito absurdo, por pura comparación había que indultar al sexto, por mucho que un error no se deba tapar con una desmesura. El indulto de Valencia se justifica como una manera de elevar la magnificencia de la Fiesta ante los momentos delicados que está viviendo. La emoción de verdad se consigue cuando a la plaza sale un toro bravo y encastado en los tres tercios. No me parece correcto tapar la realidad de nuestras corridas de toros con indultos improcedentes.
El indulto se ha convertido en un arma publicitaria. Para el ganadero agraciado supone una inmensa publicidad a la que, en buena lógica, no están dispuestos a renunciar. Por ello entiendo la euforia de Justo Hernández en sus declaraciones tras el perdón. Lo entiendo, aunque me hubiera gustado que nos contara su malestar con la vuelta al ruedo a un toro gazapón al que El Juli toreó de forma excepcional.
El futuro no pasa por quitarle la esencia y el fundamento a las corridas de toros. La suerte de varas está aniquilada y nadie protesta. Se cría un toro para una faena de muleta. El toreo se está amontonando en miles de pases sin naturalidad. No olvidemos que la mejor defensa de la Fiesta es la propia corrida con toros íntegros, bravos y encastados ante toreros capaces, valientes y artistas. El futuro no es indultar a destajo a todo lo que se mueva, sino que pasa por la lidia que realicen buenos toreros a reses extraordinarias de principio a fin.

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Algeciras

El coso de Las Palomas de Algeciras tiene solera, tradición y afición. Así lo puedo atestiguar después de más treinta años asistiendo a...