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13 marzo, 2019

Un discurso sin interlocutores


Hace poco tiempo he acudido de nuevo a Ronda para participar en la Bienal Internacional de Tauromaquia, un encuentro que se consolida en cada edición como un foro para el debate y el análisis sobre algunos aspectos interesantes de nuestra afición favorita. He tenido tiempo para observar con curiosidad a quienes han asistido a estas sesiones. En mis charlas con algunos de ellos he podido comprobar su enorme afición a los toros. Más de uno había llegado desde Francia o Portugal. Me han contado que tratan de acudir a todos los actos taurinos que están a su alcance. Pero he sentido una extraña sensación. Al final, saco la conclusión de que a las reuniones sobre el toreo van siempre las mismas personas, que naturalmente son ya muy aficionados. Son aficionados a los que no hay que hacer ningún esfuerzo para convencerlos de las maravillas de la fiesta de los toros.  

Es la realidad nuestra. Hablamos y escribimos para quienes ya son expertos en la materia. Creemos que nuestro discurso llegará a oídos y mentes alejadas de lo que significa el toreo, pero no es así, porque nuestros interlocutores son siempre los mismos. Y muchas veces, quizás porque lo hacemos muy mal, nuestras informaciones y opiniones no llegan ni siquiera a los que entienden y les gustan los toros, aunque esto ya es una cuestión de las preferencias o las adhesiones que cada uno tiene por un medio o por un informador. Nos leen y nos escuchan siempre las mismas personas, que son nuestros amigos o partidarios, pero no hemos conseguido atravesar la barrera para poder acercarnos a quienes necesitan de una palabra entendida que les encienda la luz de la verdad del toreo. 

La información y la divulgación de la tauromaquia están atrapadas en una espiral que no acaba de romper amarras para expandirse por confines donde haya nuevos aficionados en potencia. Se suceden los meritorios y necesarios actos taurinos por nuestra geografía a los que acuden toreros, ganaderos, aficionados y periodistas con la mejor voluntad, aunque el interlocutor sea siempre el mismo. Es un reto abrir todo este caudal de información y doctrina torera para que la absorban mentes que aún no disfrutan de la misma. Lo demás, lo que está pasando ahora mismo, no deja de ser algo que nos llena de tristeza. 

La mejor información en https://sevillatoro.es/


06 noviembre, 2010

El aficionado taurino sigue confundido


El aficionado normal y corriente, entre los que me incluyo casi a pesar de que se supone que debo tener un nivel de información superior al resto, está confundido. Le dijeron un buen día que los toros pasaban a Cultura; al poco, escuchó que no, que solo pasarían a Cultura los asuntos derivados de los registros de profesionales. Pero también leyó que el toreo está transferido a las Comunidades, por lo que lo que digan en Madrid los ministerios tiene un valor relativo. Al poco, el Consejero de Castilla León, el popular Fernández Mañueco, dijo que en su Comunidad los toros seguirían en Interior.

Por su parte, un grupo toreros sin representatividad ninguna, salvo porque son los más conocidos o los que más torean, se reúnen con representantes del Partido Popular y piden a TVE que retransmita corridas en directo. Y como representante de ellos, aparece Cayetano, torero mediático sin triunfos sonoros que no se deja televisar. A los pocos días, estos toreros, con El Fandi como refuerzo, se reúnen con los empresarios más poderosos. Y comunican que, entre otros fines, hay que potenciar la Mesa del Toro, aunque hay que tratar de buscarle nuevas fuentes de financiación y adecuar su estructura. En medio de estas noticias, surgen miles de propuestas, que si Madrid le pide al Gobierno que declare la Fiesta Bien de Interés Cultural, que si se organiza un Foro para llorar otra vez porque el mundo de los toros, como Boabdil lloró al perder Granada, se ha dejado hurtar un trozo de su corazón en Cataluña, entre la indiferencia de los políticos que deberían haber luchado a muerte para defenderla, mientras que la Defensora del Pueblo no presenta recurso de inconstitucionalidad, cuando todas las fuerzas son pocas. Y así estamos; esperando los futuros pasos de los taurinos y de los políticos.

¿Y el aficionado que paga dónde está? Está confundido, desorientado y expectante. Porque hay una pregunta elemental. ¿Qué quiere el aficionado a los toros? ¿Alguien está pensando en sus intereses? El aficionado quiere mejores corridas de toros. Las corridas de toros se basan en buenos toros y buenos toreros. Para que haya buenos toros debe haber reses con casta, que sean capaces de proporcionar tardes emocionantes, que salgan al ruedo íntegras de pitones y de fuerzas. Los mejores toreros deben demostrar en el ruedo su supremacía al enfrentarse a todo tipo de toros, no solo a las de las ganaderías de siempre. El aficionado le exige a los toreros gestos de verdad en plazas de categoría.

Además de corridas emocionantes, el aficionado quiere transparencia, que la gestión de negocio taurino sea honesta, que no haya quienes se lucran del comercio taurino con las plazas, que toreen los buenos, que se fomente la Fiesta, que haya oportunidades para quienes las merezcan…

No parece que todos los movimientos enumerados al principio vayan encaminados a mejorar el nivel de las corridas de toros y el perfil de la Fiesta. Es decir, que el buen aficionado está confundido y desorientado. Es preciso que más pronto que tarde, alguien salga a la palestra para decirle al aficionado que se va a trabajar para engrandecer el toreo, porque de momento sólo parece que algunos están buscando la forma de seguir en el machito llenando sus bolsillos a costa de los demás.
La mejor información taurina en http://www.sevillatoro.com/

08 enero, 2010

Los hijos de los aficionados

La imagen se repite con frecuencia. En las entrevistas a buenos aficionados ya maduros, siempre aparece la imagen entrañable contada por su protagonista. “De pequeño iba a los toros con mi padre, recuerdo que íbamos a una grada de sol y sombra. Mi padre vio de chico a Belmonte. Me contaba las cosas que pasaban en las corridas con su amplia experiencia y así me hice aficionado”. Sin embargo, las cosas ya no suelen ser así. Hay otra escena que todos habremos vivido. Nos dice un varón de alrededor de treinta años: “A mí me gustan los toros, pero la verdad es que no entiendo mucho. A veces veo corridas en televisión, pero nunca he ido nunca a la plaza. Por cierto, como usted es crítico, seguro que le sobran algunas entradas para alguna buena de la feria...”


Hemos pasado de la foto del niño con su padre en los toros en los años cuarenta y cincuenta al joven maduro de nuestros días que quiere ir alguna vez, que dice que le gusta la Fiesta, pero que nunca ha pisado un coso taurino. Y quiere asistir a un festejo de lujo pero con la tradicional caradura que impera en España: quiere entrar gratis.
Es el signo de los tiempos. Parece como si ahora fuera preciso hacer proselitismo taurino para ganar adeptos a la tauromaquia, como si ser aficionado fuera equiparable a pertenecer a una secta. Tal vez sea verdad, que tenemos que captar nuevos aficionados a la causa, para que la luz de la afición no se extinga lentamente.


Si no hay más remedio que atraer a nuevos aficionados, debemos comenzar por los de nuestra misma sangre. Si usted tiene hijos y éstos acuden a las plazas de toros, enhorabuena. Ha cumplido con la misión de inculcar su afición a sus descendientes. Si no es así, algo no se ha hecho bien. De todas formas, como idea en este año que comienza, bueno sería que todos los aficionados que tenemos hijos lográramos que sintieran lo mismo que nosotros hemos sentido desde nuestra más tierna infancia, probablemente de la mano de nuestros padres, y captaran la grandeza de una corrida de toros. La idea sería: Los hijos de los aficionados, que también sean amantes de la Fiesta.
La mejor información en http://www.sevillatoro.com/

Más futuro que presente

La temporada taurina de 2015 se presenta inquietante. Los dos líderes, Morante y Roca Rey, andan algo precavidos. Morante debe superar sus p...