16 julio, 2018

La pasta de los toreros


Se nos olvidan nuestros héroes, los más humildes, los que no son noticias de portada, los que han demostrado una capacidad insólita de superación que en cualquier otra actividad llenaría de contenido muchos espacios de los medios de comunicación. Son los toreros heridos por los toros o por la vida que se han levantado y, contra toda previsión lógica, se han puesto de nuevo delante del toro como si nada hubiera pasado. Pero vaya si ha pasado. Son historias que nos recuerdan cómo son los toreros
Quiero tener un recuerdo para Javier Castaño, que en la Feria de Abril de Sevilla de 2016 mató una de Miura después de superar una grave enfermedad. La imagen de aquella fecha, con la cabeza calva en señal de tributo a la medicación que le había mantenido en la vida, es sencillamente emocionante. Pero la vida para Castaño no era que lo podía contar, ni siquiera la ausencia del cabello tenía importancia, la vida para Javier era había vuelto a pisar un ruedo vestido de luces. 

Me detengo en el caso de la vuelta a su Alicante del alma de Francisco José Palazón. Alicante le arropó después de haber vencido a una cruel enfermedad. Es otro héroe que pudo ver cumplido el sueño de cada noche. 

A Manolo Escribano le dijeron los médicos después de la cornada de Alicante de 2016, se han cumplido dos años, que se olvidara de volver a ponerse el traje de luces, que su pierna no podría soportar el esfuerzo de lidiar un toro. Y Escribano, día a día, en una lucha sin tregua, volvió a los ruedos, llegó de nuevo a la plenitud física que su toreo le exige y mató un toro en Bilbao de forma sensacional, como para ahuyentar para siempre los malos recuerdos de la cornada de Alicante.

Y lo más reciente, y no menos importante, el triguereño David de Miranda casi pierde la vida en la plaza zamorana de Toro ahora el 27 de agosto hará un año. Los augurios eran malos, se pensaba que la lesión cervical le apartaría de los ruedos, pero ahí está anunciado en su Huelva el 3 de agosto. Su batalla ha sido ejemplar para superar toda la adversidad. El premio es sentirse de nuevo torero. Como todos le mandamos fuerzas a Manolo Vanegas en su batalla por la total recuperación. Como remate a todo lo comentado, ahí está el caso de Padilla con su actuación en Pamplona a los seis días de un toro le sacara el cuero cabelludo y le dejar el cráneo al descubierto. Son nuestros héroes a quienes no les prestamos la atención debida, ni en el reconocimiento humano ni tampoco las empresas en contratos, pero que nos demuestran que de verdad estos tíos están hechos de otra pasta.   

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19 junio, 2018

Madrid y Sevilla



Entiendo que ver San Isidro desde el mullido sillón de mi salón no es lo mismo que hacerlo desde el tendido. Pero no no me ha quedado más remedio que ponerse delante de la televisión todas las tardes. Y se escucha de forma reiterada que ‘estamos en Madrid’, que si ‘el toro de Madrid’, que si una faena ‘es o no es propia de Madrid’…; siempre Madrid. Muy cansino todo. Mucho más cuando lo que vemos es el claro deterioro de la plaza venteña. Madrid ya es una plaza cualquiera. Y uno que es de provincias, aunque sea de Sevilla, mira con atención y saca sus conclusiones. Se produce una sensación doble. De un lado inquietud porque Las Ventas es una Torre de Babel sin criterio uniforme. De otra, una extraña sensación de alivio.

La inquietud llega por las reacciones de la plaza ante algunos toreros. Las exigencias de Madrid, que son necesarias, ya no se parecen a las de antaño. Se han cortado orejas, y se han dado dos orejas en un toro que nunca podría uno imaginarse que se concedieran en la considerada primera plaza del mundo. La confusión es total. El sector más exigente sigue en su batalla. El problema es que ese sector no trata a todos los toreros por el mismo rasero. Y han perdido la batalla de la seriedad de la plaza.

La han perdido porque los tercios de varas de Madrid ya no se ven ni en algunas provincias. Multitud de toros pasan por el caballo de forma simulada. Y una cosa es la dosificación del castigo y otra muy distinta es no hacer las cosas bien de forma premeditada. Y no pasa nada. En los temas de orejas, la ceremonia de la confusión alcanza niveles estratosféricos. El mismo presidente que le negó la oreja a Fortes saca ahora los pañuelos con alegría ante peticiones muy discretas. Lo del palco de Madrid es para un estudio. Hay un presidente que regala orejas a esportones. Y otro, que está bien considerado, devolvió un manso a los corrales.

Y el sevillano se siente aliviado porque en la Maestranza las cosas andan casi como en Madrid pero todavía con cierta dignidad. Es verdad que mal de muchos es consuelo de tontos, pero al ver lo que pasa en Las Ventas con las presentaciones de algunos toros, las reacciones del público exigente y también del que acude solo a los festejos de lujo, la decadencia de la suerte de varas y la desorientación del palco, pues uno piensa que en Sevilla no están tan mal las cosas. Será que me conformo con poco.  

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02 junio, 2018

Ramón Vila



Corría el año 1980 cuando conocí en persona a Ramón Vila en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Todavía no había comenzado mi andadura como informador taurino. En aquel encuentro quedé subyugado por su personalidad. Sabía de su calidad como cirujano taurino, le admiraba, de forma que en nuestros primeros encuentros para hablar de pacientes a los que había que operar, siempre finalizábamos hablando de toros. Nos unía el colegio de los Maristas, donde ambos nos habíamos formado. El día que aparecí en la enfermería para buscar un parte médico se sorprendió. “Qué haces aquí, Carlos”. “Estoy en Antena 3 Radio hablando de toros”. Se alegró. Desde aquel día debo admitir que me sentí halagado por sus atenciones, así como por sus permanentes referencias en las ruedas de prensa cuando decía: “Eso lo sabe muy bien Carlos”. 

Ramón fue un excelente cirujano. Fue un monstruo como cirujano taurino. Y fue un portento como persona. Todo esto dicho cuando acaba de morir puede parecer la normal elegancia que debe mantenerse en estos momentos. En absoluto. No hay ninguna exageración. Ramón, con su poderosa anatomía, ese pelo cano de pronta aparición, su voz grave y potente, era un personaje que superaba al propio médico.

De todos estos años debo agradecerle su confianza cuando me derivó pacientes, toreros o familiares de toreros, que habían acudido a su persona y que no necesitaban de ninguna intervención. Ramón fue el médico de los toreros en sus percances y en sus enfermedades, pero también fue el médico de cabecera de las familias del toreo. Era un optimista por naturaleza.

Ese optimismo de su personalidad se quebró por unos momentos en 1992. La noche del 13 de septiembre de 1992, cuando apareció en la puerta de la enfermería donde un grupo de informadores estábamos esperando noticias de Soto Vargas, sus palabras fueron tremendas. “Carlos, Ramón Soto se nos ha muerto” y dijo a continuación: “Es muy duro lo que me está pasando este año”.  Pero se vino arriba y, aunque jubilado, ha seguido al pie del cañón hasta esta última Feria de Abril. A Ramón había que conocerlo el día de la entrega de sus premios. Qué vigor, qué elegancia y qué imaginación en sus palabras para cantar al quite artístico, aunque el premio que le volvía loco era el providencial. Así era Ramón Vila, que ya siempre estará grabado en nuestros mejores recuerdos.

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14 mayo, 2018

Las orejas



Pasada la Feria de Sevilla al caminante le suelen ocurrir casi todos los años las mismas cosas cuando pasea por las calles de la ciudad. Entre ellas, el encuentro con ese buen aficionado al que conoces desde hace tiempo pero con el coincides solo de vez en cuando. El saludo, la invitación al café y la pregunta de siempre: “Qué te ha parecido la Feria”. No da tiempo a que se le pueda contestar. En realidad no quiere conocer mi opinión, lo que quiere es darme la suya. Y tras la pregunta comienza a lanzar su particular crónica de la Feria.

“Ha sido una Feria como casi todas. Ha habido cosas buenas y malas. Ha estado bien El Juli, pero me quedo con los nuevos como Garrido, Moral o Aguado. Pero ya me he convencido de algo que te he dicho otras veces. Yo quitaría lo de las orejas, sobre todo en las plazas de primera. Es una fuente de conflictos. Mucho más cuando hay cuatro presidentes, que cada uno tiene un criterio y no se pueden equiparar las que conceden algunos con las de otros. Eso de oreja por petición mayoritaria podría valer cuando a las plazas acudían entendidos en su mayoría, pero ahora, y bienvenidos sean, acuden muchos que no tienen mucha idea de los fundamentos del toreo, porque dicen que van a divertirse y solo quieren orejas. O se cambia el Reglamento, y se deja a criterio del presidente también la primera oreja, o se suprimen. Yo soy partidario de quitarlas, que se den vueltas al ruedo, pero sin orejas. Los aficionados no necesitamos que se corten para saber cómo ha estado un torero. Para los presidentes sería un alivio. Más con cuatro personas distintas, unos más exigentes, otros más generosos, y nos evitaríamos el número de este año de la gente pidiendo orejas con malas estocadas que en Sevilla no se pueden conceder. Han hecho bien, pero hay que seguir la misma pauta con todos los toreros. Así que lo mejor es quitar las orejas”.

Se ha explayado del tirón, le he escuchado con atención, espera que yo diga algo, pero solo ha sido una pausa para terminar su perorata, que nuevo incluye la pregunta del principio: “¿Qué piensas de esto?”. Y sin que pueda contestarle remata su discurso: “Pues debes escribirlo, porque tu tienes medios para hacerlo. Yo no puedo contarlo, pero tú sí que puedes”. Y se queda tan pancho. Ha soltado lo que quería contar y su cara tiene un rictus de suficiencia. Me tomo el café, le pregunto por la familia y le digo que tengo cosas que hacer. Nos despedimos y ahí queda su opinión.  

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26 abril, 2018

El camino de Curro Romero



Estaba Sevilla reunida en el salón de todos los conocimientos que es el Paraninfo de la Universidad. Habían acudido al reclamo de un nombre y un hombre todas las instancias civiles, militares y eclesiásticas. Curro Romero recibía el premio de Cultura. La tarde se había metido ya en el terreno de las emociones. Le cantó su amigo Alberto García Reyes, lo mismo que más tarde lo haría la inigualable Marina Heredia, esa mujer que tiene las esencias de las tierras de Granada. Se había levantado para recoger el premio, un grabado de la Maestranza cargado de historia. Y ahora tenía que comenzar su faena, ya con su muletilla en las manos, solo delante del estrado.

La voz surgió entrecortada en el saludo. Sin papeles, apenas con el corazón en la mano, el Faraón nacido en Camas comenzó a recorrer de nuevo su camino. Otra vez hizo camino al andar. Como en las mejores tardes, la faena fue corta, intensa y de menos a mucho más. Explicó esa senda recorrida en libertad, dejando a un lado las veredas, recogiendo las rosas y ahuyentando las espinas, siempre por derecho en busca de su verdad. Las paredes del templo del conocimiento, la misma que escuchó a las cigarreras cuando salían a la calle San Fernando, se estremecieron con la voz del artista que siempre puso la fidelidad por delante, el que nunca se traicionó, el mismo que eligió al arte del toreo porque así podía soñar que era un Faraón elegido para llenar de gozo a los que fueran capaces de seguirle en su camino.

Estaba allí, delante de todos, como el mejor de los profesores, cuando en su juventud no pudo pisar aquellas aulas ni de puntillas. Seguía su camino, en una etapa más de la senda que comenzó hace ya muchos años. En la garganta de los presentes se metió ese nudo que nos deja sin resuello. A su Carmen sevillana, que no la de Merimé, ya no le quedaban lágrimas, cuando ya el torito de la palabra le estaba pidiendo el final.  “No puedo más…  Quisiera decir más cosas, pero no puedo. Quisiera dar unos lances, pero tampoco puedo. Gracias”.

Se sentó con esa dignidad de los marcados por el don de la gracia y el señorío, había parado de nuevo todos los relojes este vencedor del tiempo, la Universidad había colocado al toreo en su sitio y el caminante Curro Romero apretó sobre su pecho el más hermoso de los ramos de rosas. 

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17 marzo, 2018

San Isidro promete


Miro hacia el sur contemplando los carteles de San Isidro y no puedo decir como un buen aficionado murciano cuando dijo que Sevilla no quería a Murcia, a propósito de las combinaciones de la Feria de Abril. Con la mirada corta del localismo puedo manifestar que Madrid quiere a Sevilla. El Cid, Escribano, Luque, Pepe Moral, Esaú Fernández, Alfonso Cadaval, Javier Jiménez conforman la nómina de sevillanos. Y si añadimos a los sevillanos adoptivos, como Lea Vicens, Cayetano, Roca Rey y Diego Ventura, el plantel es ciertamente muy completo. Pero estos carteles encierran otras lecturas.

Siempre digo lo mismo. Al margen de utopías y fantasías, ya me gustaría comprobar qué carteles hacemos quienes nos consideramos aficionados. Probablemente se parecerían mucho a los anunciados. No vale decir que me gustaría ver un cartel con Ponce, Tomás y Morante con la de Saltillo. Aunque es cierto que se echa en falta algún alarde de los toreros que están considerados como figuras. Esos mismos toreros que saldan su compromiso isidril con dos corridas y nada más.

Los carteles tienen buenas noticias. La inclusión de toreros como Román en la de Miura – atentos al cartel que es de los de mayor atractivo – es un detalle de categoría. Tal vez sea el único gesto de la Feria. Un chaval casi en los comienzos de su andadura se echa a las espaladas tres corridas y la de los toros de Zahariche entre ellas. Mi respeto. También congratula encontrar a David Galván en la cartelería. Pienso que es un  torero que no ha sido bien tratado por las empresas. Y también reconforta que se anuncien José Carlos Venegas, Emilio de Justo, Javier Castaño, Iván Vicente, Octavio Chacón, Javier Cortés y alguno más. 
  
La Feria tiene casi mayor atractivo por las ganaderías que por los matadores. Hay una gran variedad de hierros que pueden satisfacer las demandas de los que sueñan con un toro más fiero. Ahí están Dolores Aguirre, Pedraza, La Quinta, Ibán, Partido de Resina, Victorino y Adolfo, Rehuelga, Saltillo y Escolar, además de la que son más habituales en las ferias.

Y hay que alegrarse de la solución del caso Ventura. No solo tiene seis toros en San Isidro sino que en otoño se las verá con otros seis para él solo. Es un caso bien resuelto. Lo que no se arregla es que el sevillano-lusitano se enfrente a Hermoso en el ruedo. Siguen perdiendo el tiempo y el dinero.

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03 marzo, 2018

Tapias vacías



El mundo de los novilleros sigue en bancarrota. A la dificultad de poder torear debido a la disminución de novilladas picadas, ahora se encuentran con el problema de que casi les resulta imposible acudir  a tentaderos para su preparación de cara a la temporada. Los precios de las vacas de tienta se han disparado. Además, algunos los ganaderos tienen posibilidades de lograr ganancias con las distintas asociaciones de aficionados prácticos. Siempre he pensado que las vacas deben ser para los toreros en activo.

Pero la realidad es distinta. El número de becerras ha bajado en las ganaderías. La mayoría de los criadores han reducido las cabezas por las propias necesidades del mercado. Si encima las que se tientan están destinadas a  las figuras, se puede entender que los chavales tengan muchos problemas para poder torear en el campo.

Pero hay algo más. Algunos ganaderos se quejan de que cada vez hay menos aspirantes en la tapia. Debe ser el signo de los tiempos. La tapia ha sido una forma de escuela de aprendizaje de muchos matadores en sus comienzos. Ese halo romántico de los jóvenes esperando su oportunidad para pegarle pases a la vaca que ha exprimido la figura está desapareciendo en las plazas de tienta. Y no hay nada denigrante en ello. Sin embargo, en unos momentos en los que a un joven que ha toreado tres novilladas ya le llaman maestro, eso de irse a la tapia se considera de poca categoría.

Hay que comprender las quejas de muchos novilleros. Sin padrinos no hay quien se bautice. Todo es un cúmulo de problemas. Salen a plazas como Madrid a jugarse su futuro sin más bagaje que muchas horas de toreo de salón. Los recientes movimientos para la defensa de las novilladas con picadores me parecen oportunos y necesarios. Ahí está la base del toreo. El obligado y perentorio relevo está a la espera, aunque muchos no tienen la posibilidad de ponerse delante ni de una becerra. Es verdad que aquí a nadie le regalan nada, que los que están arriba se los han ganado, pero no es menos cierto que este sistema está cerrando las puertas de muchos toreros que se quedan en el camino. Es algo que debe movilizar al sector, aunque no estoy convencido que a algunos les interese que cambien las cosas.

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La pasta de los toreros

Se nos olvidan nuestros héroes, los más humildes, los que no son noticias de portada, los que han demostrado una capacidad insólita de ...