22 marzo, 2017

La Escuela Taurina de Sevilla

La Real Escuela de Tauromaquia de Sevilla se fundó en1830 y apenas duró tres años. Pedro Romero, ya con más de ochenta años, fue su director. La nueva Escuela Taurina de Sevilla está a punto de cumplir 25 años de existencia, por cierto con más penurias que otra cosa, a pesar del amparo generoso de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Hasta hace unos días, los chavales que quieren formarse como toreros en la escuela sevillana debían entrenar en un parque y casi debajo de un puente.

La Escuela de Sevilla no ha tenido excesiva suerte. Ha tenido maestros de categoría, pero el número de toreros de primera línea que han surgido de la misma es muy escaso. Ahí quedan nombres como Manuel Escribano, Pepe Moral, Daniel Luque, Lama de Góngora o Salvador Cortés, que dieron sus primeros pasos bajo la tutela de la escuela sevillana. Si se compara con los logros de otras escuelas, el balance no es favorecedor. Pero el trabajo de los dirigentes y profesores ha sido encomiable.

Esta precariedad en la que han trabajado hasta ahora se ha quebrado hace escasas fechas. La Escuela se ha trasladado a la emblemática Real Venta de Antequera sevillana, unas instalaciones que fueron santo y seña del toreo cuando hasta mediados de los años ochenta se exhibían en sus corrales las corridas destinadas a la Feria de Abril. El trabajo de Daniel de la Fuente y Lola Rojas para recuperar la Venta ha sido descomunal, pero ahí está, reluciente y torera.     


Ahora, con el acuerdo suscrito entre la Venta y la Escuela, los alumnos podrán realizar sus sesiones de preparación en un lugar que respira toreo por todas partes. Se abre un futuro esperanzador para la Escuela. Es buen momento para recordar que por las Escuelas Taurinas de Andalucía han pasado más de 8500 aspirantes desde 1998. Algunos han llegado; la mayoría se han quedado por el camino. Pero se han formado hombres, como primera premisa. Y lo mismo que hace dos semanas teníamos que juzgar con dureza a la Junta por su desidia en muchos temas taurino, hay que dejar constancia de que con las Escuelas su labor es intachable, hasta el punto de que su diseño de temporada es admirado por todos. Ahora, en un paso más, la Escuela de Sevilla se marcha a la Venta de Antequera. Es un buen sitio para soñar con ser toreros.  

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17 marzo, 2017

Dávila Miura

Cuando anunció que volvía a los ruedos para lidiar la corrida del hierro familiar en 2015, la sorpresa fue mayúscula. Eduardo Dávila, Miura por parte materna, no volvía a los ruedos para lidiar una corrida cualquiera; su gesto era para celebrar los 75 años de la presencia de la mítica ganadería en Sevilla. Eduardo solventó con eficacia el compromiso. Quienes le admiramos como persona y hemos podido disfrutar con su honradez torera, suspiramos tranquilos cuando paseó la oreja después de su afortunada tarde maestrante. Eduardo había cumplido un sueño. Ya podía volver a sus labores de apoderado y a enseñar a los aficionados prácticos. 

Pero el torero tenía en mente otro reto: la de Miura en Pamplona. También resolvió en envite con esa difícil facilidad que aporta el oficio bien aprendido y el conocimiento exacto de las reacciones de los toros que se crían en Zahariche.

Ahora quiere completar el círculo con otra de Miura en Las Ventas. Nada de alivios; Eduardo se volverá poner el traje de luces para rendirle homenaje a la ganadería a los 175 años de su existencia. 

Otra vez nos llena de inquietud y sobresalto a todos los que le conocemos. Es Madrid y Miura. Por mucho que mantenga un perfecto estado físico, a pesar de que no ha dejado de torear, esta apuesta ya tiene rango de palabras mayores. Pero Eduardo es tozudo y quiere rematar su propia trilogía miureña.

Será el 11 de junio y sus amigos están deseando que ya sea día 12 para quedarse tranquilos. Aunque a muchos les parezca una locura, ahora que lo pienso bien resulta que estos gestos solo se producen en el toreo. Eduardo Dávila Miura saldrá a Las Ventas sin ninguna ventaja. ¿Se imaginan a un artista retirado de cualquier tipo de actividad que se anunciara por un día para  volver a ejercer su profesión? El juicio sería totalmente benévolo de antemano. Cuando Eduardo, muleta en mano, se ponga delante de uno de Miura en Las Ventas el 11 de junio, todos le exigirán que se ponga en el sitio y que vuelva a bordar sus eternos pases de pecho. Por eso el toreo es distinto. Por eso es cierto que los toreros están hechos de otra pasta. Respeto y admiración por un matador que, por puro romanticismo, se va a exponer de esta forma. Suerte, torero.

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09 febrero, 2017

Noche de duendes con Curro y Paula


“Este es un encuentro histórico por los personajes que se han citado esta noche: Curro Romero y Rafael de Paula”, dijo Alberto García Reyes al comenzar el acto. Sucedió en el centro de Sevilla, Caja Rural del Sur, en la tarde del martes con una inusitada expectación. Al reclamo de la presentación de un libro, ‘Torerías y Diabluras’, escrito por Jesús Soto de Paula, el hijo de Rafael, asistieron aficionados, toreros y público en general. Y todo fue una cascada de sentimientos desatados, episodios inolvidables, gestos y detalles que pellizcaron lo más íntimo de los presentes, dentro de un acto que quiso ser ordenado pero que fue, como todo lo bueno, una catarata de emociones sin control.

Alberto García Reyes presentó el acto y leyó el prólogo escrito por Curro. Como buen conocedor de los misterios del flamenco habló de “una reunión de cabales”. Se refirió a Curro y Rafael como dos leyendas humanas. Cedió la palabra a Jesús que comentó “el sufrimiento que ha supuesto poder escribir y publicar este texto; han sido cinco años de escribir muchas noches para romper los papeles por la mañana”.

En su exposición hubo un lugar para muchos conceptos. Así, la voz y el eco; el arte del toreo, que es la mayor de las artes; se metió en filosofía para mencionar su vertiente apolínea y dionisiaca; de la parte trágica de la Fiesta y de la vida. “Escribo sobre lo que me ciega o me deja mudo, sobre lo que puedo escuchar en silencio”.

Luego se metió en los terrenos del duende con reflexiones propias y de otros pensadores. “El duende que viene cuando quiere”, dijo con voz de quejío. Pasó revista a toreros desde Lagartijo y Frascuelo a José Tomás. Se paró en Juan y en José. “Belmonte toreó con la fantasía de un niño; Joselito, con la destreza de un hombre”. Con el duende entre ceja y ceja, salieron a relucir los sonidos negros de Manuel Torre, para pasar incluso por la opinión de Goethe, aunque el silencio de los presentes se hizo temblor del alma cuando citó a La Piriñaca: “Cuando canto a gusto la boca me sabe a sangre”. El punto final lo puso el mismo Jesús: "El duende es una 'puñalá' que se le da a todas las mentiras para quedarse a solas con la verdad. El duende es quien se adueña de su creador y no al contrario". Las palmas echaron humo.

Como no podía ser de otra forma habló de Curro, de su cintura y de sus muñecas; de su padre, Rafael, sobre todo de su capote. Así acabó con la voz y el eco, aunque el remate de todo fue el indescriptible concepto del compás.

A la noche le quedaban todavía unos cuantos registros de torerías y diabluras. Rafael de Paula, ya sin la gorrilla, enjaretó una faena de momentos cumbres, posiblemente algo deshilvanada, pero preñada de libertad y desnudez. No hacía falta ni ligar los pases. Habló de Obama, “al que votaría si fuera español”; del papa Francisco y se enredó al mostrar su admiración por una monja que sale mucho en la televisión. Su alocución se llenó de frases cortas, espacios muertos para tomar aire y tiempo para preguntarle a Alberto, “¿Y tú cómo te llamas? Todo fue un maravilloso desconcierto en el que no faltaron los carnets de los periodistas, las alusiones a otros toreros de conceptos muy distantes, para definir a las corridas de toros como un acontecimiento, “no como un espectáculo”.

Pero había que hablar del libro de Jesús. Alejado de los fantasmas de una noche rondeña, Rafael recomendó su lectura, “porque Jesús escribe muy bien, tiene un sentimiento muy profundo y es un muchacho muy bueno. Ha sufrido mucho, casi me estoy enterando ahora, pero ha valido la pena”.
A todo esto, Curro escuchaba atento. “Tienes que hablar, Curro”, le dijo el gitano. Curro contestó: “Tú rematas”. El remate del gitano del barrio de Santiago fue un profundo y sentido “Dios bendiga al toreo”.

Curro Romero habló de Jesús, de su bondad y del cariño que le profesa. Le agradeció “las cosas tan bonitas que has escrito de mi”. Poco más comentó el Faraón. Paula saludaba a unos y otros desde la mesa. Alberto García Reyes quiso ponerle algo de orden a lo que no podía tenerlo. Así estábamos cuando apareció Antonio Agujetas, Jerez puro al cante, para entre quejíos, temblores y desgarros, ponerle el broche a una noche de recuerdos imperecederos. Geniales Curro y Paula.

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01 noviembre, 2016

Luque, de nuevo sin apoderado

En una entrevista fechada el lunes 31 de octubre en Diario de Sevilla, el matador Daniel Luque le aseguraba a Luis Nieto que seguiría con Ruiz Palomares en la próxima temporada. Al día siguiente, 1 de noviembre, el torero manda un comunicado en el que cuenta que ha roto con su apoderado. Es todo muy extraño. Juan Ruiz Palomares acudió a ver a Luque al festival de La Algaba, donde por ciento el de Gerena cuajó de manera sensacional un toro de Fuente Ymbro. No debió ser suficiente para El Patas, ya que se supone que al día siguiente rompió la relación con el diestro. 

Es evidente que Luque no es muy afortunado en apoderados. Este año su presencia en los ruedos ha caído de forma notable. Todavía le están pasando factura algunas de sus declaraciones de hace tiempo, como cuando afirmó que en veinte toros sería figura del toreo. De su personalidad no puedo decir nada, ya que siempre ha sido correcto y amable con la prensa y conmigo en particular. Se habla de su carácter, pero lo que importa es cómo torea. Y Luque torea muy bien, ya con el capote, ya con la muleta. Ahora llegará otro apoderado. Espero que encuentre su sitio en la Fiesta, que lo tiene, porque no se puede perder así de esta forma quien está tan capacitado para esta profesión. 

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19 octubre, 2016

El caso de Pepe Moral

Ya ha llegado el otoño, lo que en asuntos taurinos quiere decir que es tiempo de rupturas entre toreros y apoderados, y también de cambios en las cuadrillas. De las que conocemos, hay algunos que merecen un análisis detenido. Si José Garrido deja a El Tato es porque ya tiene en el horizonte nuevos apoderados. Es uno de los espadas con un futuro más claro en la próxima temporada. Le ocurre como a Paco Ureña, que ya fuera de la casa Chopera será para recalar en otra de tanta o más fuerza. Hay otra que duele mucho. Lo han dejado, solo un año después, Pepe Moral y Dávila Miura. El torero sevillano, del que se dice que en 2017 volverá a torear una corrida del hierro familiar, no ha podido enderezar la carrera del palaciego. Es cierto que los cartuchos de Sevilla y Madrid, salvados con dignidad pero sin triunfo, no ayudaron. Se dice que Eduardo anda muy entretenido con sus aficionados prácticos. La realidad es que muchos pensamos que Pepe Moral es un torero de más de siete corridas al año. Y, otra vez, se queda sin apoderado. Es una pena que Moral no rompa de verdad. Sabe torear muy bien, lo ha demostrado, pero el camino se le ha vuelto muy pedregoso. Será preciso seguir esperando, no cabe la resignación, tiene la moneda y puede cambiarla.  

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30 septiembre, 2016

El toro ordena un buen San Miguel


De las dos corridas de San Miguel, la primera queda etiquetada para siempre como mala y la segunda como buena. Y es verdad que en la primera pasaron pocas cosas, mientras que la del domingo fue una corrida plena de matices, de esas que se recuerdan mucho tiempo y que en el argot se dice que son de las que hacen afición. Y todo esto es así porque el toro es quien ordena el toreo.

El ganado de Alcurrucén del sábado fue manso y deslucido, con esa salvedad de Clarinete, el tercero de la tarde. Con semejantes toros, ni Morante ni Paco Ureña pudieron lograr nada lucido. En el caso de Morante siempre es más llamativo y noticiable que no pase nada. De Morante se espera siempre lo sublime. He dicho muchas veces que Morante en plan voluntarioso no es Morante. El lote de Paco Ureña fue de nulas posibilidades.

Quedó patente el progreso y la solvencia de Javier Jiménez, renacido este año y llamado a meterse en carteles de fuste en la temporada próxima. Tiene un toreo inteligente, ahí recuerda mucho a la gran figura de Espartinas, de nombre Juan Antonio. Pero se le nota su aprendizaje con Peralta, que fue un torero de buen gusto, de manera que este Javier le imprime a su toreo una elegancia llamativa.

Dos toros de Olga Jiménez fueron enormes para la muleta en la del domingo. Y se encontraron a dos toreros enormes. No hay toro sin torero ni viceversa. El que abrió plaza y el quinto, muy en la línea de Garcigrande, fueron ese tipo de toro repetidor y fijo que, con un punto de mansedumbre, permiten hacer el toreo bueno. Los toreros enormes fueron Castella y Manzanares.

Castella no ha logrado salir por la Puerta del Príncipe en sus veintiséis tardes en Sevilla. Y ha estado a punto alguna vez, como cuando desorejó a un toro de Zalduendo en 2006. Este San Miguel lo ha tenido en sus manos. Le cortó las dos orejas a un toro bueno y se fajó con el cornalón de Sampedro para intentar ligar la otra oreja que le permitiera abrir la puerta de la gloria. La espada le privó del premio.

Manzanares sí conoce el sabor de contemplar Triana desde la orilla de Sevilla. En este San Miguel ha completado su temporada. El toro de Olga lidiado como quinto, un animal de una capacidad para humillar casi inverosímil, le he posibilitado hacer una de las mejores faenas de su vida en la Maestranza, lo que en este torero ya es mucho decir. Baste apuntar que no se pude torear más despacio. Ahí quedan los dos cambios de manos eternos.

Para López Simón quedó el vino amargo de toros con mínimas posibilidades. Sin embargo, el sitio y el valor del madrileño le pudieron al de Sampedro y al basto de García Jiménez que cerró la tarde.

Así ha sido San Miguel. Mejor incluso que otros años. Y la plaza casi llena las dos tardes. Está claro que hay que organizar carteles atractivos y la gente responde. Como marco, la Maestranza de Sevilla en septiembre, es decir, la maravilla única de una luz sin igual en el mundo.   

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12 julio, 2016

La muerte del torero

La muerte de un torero produce una profunda conmoción en la sociedad. Es una reacción de dolor inmenso ante la tragedia, generalmente de una persona joven, que muere en el ruedo a causa de las heridas producidas por  un toro. No quiero ni mencionar las reacciones de los monstruos que, amparados en un animalismo falso, celebran la muerte del hombre ante el toro. Las personas de buenos sentimientos sienten un profundo dolor ante la cornada fatal.

El toreo es una actividad de alto riesgo. Hay otras actividades que también conllevan el peligro de la muerte, como ocurre con deportes como el motorismo, alpinismo y otros; a veces, la muerte llega simplemente por la práctica de esos deportes. Sin embargo, el impacto de la muerte del torero en la sociedad es superior a la que produce cualquier otra. ¿Cómo se entiende esta repercusión?

No me cabe ninguna duda que la esencia del toreo es distinta  a la de cualquier deporte.  El enfrentamiento con un ser irracional para generar un arte lleva en sí mismo un misterio profundo. La sociedad española ha convivido desde tiempo inmemorial con el arte de la tauromaquia. La muerte en el ruedo siempre fue considerada como la tragedia del artista que se inmola cuando está buscando su propia recreación artística. Aun siendo un drama, en España se ha aceptado siempre que el torero puede morir en el ruedo. En la esencia de la Fiesta de los toros está la muerte, ya sea la del toro, ya sea la del torero. Esta presencia de la muerte le ha dado contenido al toreo. Nadie podría entender que en el juego del toro y el torero no existiera el peligro. Si la muerte no estuviera presente, la tauromaquia dejaría de tener sentido. Sería un ballet al que podría acceder cualquiera, cuando se sabe que para ser torero hay que estar dotado de unas cualidades especiales.

La sociedad actual ha perdido la noción de la muerte en el toreo. El propio toreo, las corridas de toros, están dejando de ser el referente de esta sociedad. La lenta y contumaz propaganda animalista ha creado una situación extraña en la que a quienes somos aficionados casi nos da cierto pudor reconocerlo en público, algo que era impensable hace cincuenta años.

Pero además, en estos tiempos el poder del toro ha disminuido de forma llamativa. Al toro se le ha quitado pujanza y agresividad, de forma que hay ocasiones en las que el animal llega a producir compasión. Esta misma situación ha desvirtuado al toreo, de forma que una gran parte de la sociedad había llegado a pensar que el peligro no existía en los tiempos actuales con un toro poco agresivo en las plazas.

La muerte en el ruedo de un torero es distinta a todas porque está condicionada por la actitud libre de un ser humano que se enfrenta a un animal agresivo. En otras actividades la muerte es solitaria o se produce en el manejo de una máquina. Ambos casos pueden ser considerados como accidentes, pero ante la reacción de toro bravo no se puede ni pensar en el accidente. El toro coge, hiere y mata a los lidiadores. La historia de la Fiesta de los toros se ha alimentado de la sangre de los toreros como semilla necesaria para que nadie olvide que detrás de una embestida puede estar el final de la vida. Y se nos había olvidado que la muerte siempre acecha al torero.

A veces, la muerte de un torero, trágica siempre, desoladora y lamentable, puede tener un fruto positivo. Es el precio que ha pagado Víctor Barrio, que al morir en el ruedo de Teruel le ha brindado un servicio impagable a la profesión que tanto amó y a la que ha entregado su joven existencia. La muerte ha llegado de nuevo al ruedo del toro para que nadie olvide que cuando un hombre y un animal irracional se enfrentan, la vida está en juego. Es la razón que explica la grandeza del toreo.

Pero hay más. Esta muerte ha desenmascarado a un tipo de personas que están a nuestro alrededor y que esconden los peores instintos que uno se pueda imaginar. Se llega a comprender a quienes no les gusta la Fiesta de los toros, pero cuesta mucho aceptar que haya individuos con tan mala baba y tanta bajeza moral, gente que aprovechando la muerte de un torero han enseñado sus cartas como hijos de perra y piltrafas humanas. Una cosa es ser antitaurino y otra es ser un despojo inhumano.

Honor y gloria a Víctor Barrio, que murió para que su profesión amada alcanzara el respeto de la mayoría en momentos tan delicados para la Fiesta. El consuelo para esa familia, la madre y Raquel siempre en el pensamiento, que sobrellevan el drama con una actitud que solo merecen nuestra admiración.

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La Escuela Taurina de Sevilla

La Real Escuela de Tauromaquia de Sevilla se fundó en1830 y apenas duró tres años. Pedro Romero, ya con más de ochenta años, fue su direc...