05 febrero, 2018

Incomunicados


El nuevo presidente de la Fundación del Toro de Lidia (FTL), Victorino Martín, ha dicho que uno de los errores del mundo de los toros ha sino no tener mayor presencia en los medios de comunicación. Totalmente de acuerdo. La gente del toro ha estado inmersa dentro de su burbuja con la creencia de que nuestras corridas de toros eran una expresión de nuestra cultura que no necesitaba de ninguna ventana mediática para que se la conociera en profundidad. Y así nos ha ido. El toreo ha llegado a una situación de silencio casi completo en los medios. Ya se sabe los temas taurinos que solo son noticia ante la tragedia o los escándalos, pero nunca por los triunfos de los toros y los toreros en los ruedos. No hay información taurina periódica en los informativos de radio y televisión. En 2017 no se ha televisado ninguna corrida de toros. Las televisiones privadas no favorecen al toreo, aunque algunos protagonistas de la Fiesta aparecen de forma habitual en espacios en los que no se suele hablar de toros. Allá cada uno con su conciencia.


Habla con propiedad Victorino porque él mismo es un ejemplo por su forma de atender a todos los medios de comunicación y entidades que solicitan su presencia. Es un caso ejemplar y ello es digno de agradecimiento. Sin embargo, cuando Victorino comentó este detalle de la falta de presencia del toreo en los medios, hubo quien de forma acertada comentó que en la actualidad es más fácil entrevistar a  un ministro que a una figura del toreo. Y es cierto. Hay figuras que no atienden a los medios de comunicación porque nos les da la gana. Están en su pleno derecho, por supuesto, pero está tirando piedras contra su propio tejado. 

En alguna ocasión he querido entrevistar a alguna figura y surgen sus jefes de prensa para poner todo tipo de inconvenientes. Te dicen que su representado no concede en ese momento ninguna entrevista.  Hay que joderse. Se pone de manifiesto que los jefes de prensa de los toreros son personas que cumplen con su trabajo, que consiste en ahuyentar a la prensa de sus patronos. Esta actitud es común a algunos toreros. Dentro de la libertad individual, siempre respetable, ¿no sería lógico que José Tomás contara sus pretensiones ante la temporada inminente? Sería lo normal. Por no hablar de la negativa de algunos, ahora con Morante en el barco, de impedir la televisión en sus festejos. Así, gota a gota, detalle a detalle, el toreo se aleja de la sociedad. Llevas razón Victorino, pero con estas actitudes es imposible volver tener presencia en los medios.   

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24 enero, 2018

Rejoneadores


He leído con atención las entrevistas realizadas a Hermoso de Mendoza y a Diego Ventura en los balances de la temporada de 2017. Son los dos reyes del rejoneo actual. Y su reinado parece que es duradero. Se presume que tienen por delante algunos años de mando, sobre todo en el caso del más joven Diego Ventura. En el horizonte del toreo a caballo no se vislumbra a nadie que les puede hacer sombra. Si en el toreo a pie hay nombres nuevos con capacidad para instalarse en lo más alto, en el rejoneo no hay caballeros emergentes. Después de Diego y Pablo hay varios rejoneadores buenos que también tienen ya una larga trayectoria en la Fiesta. En estos tiempos de absoluto dominio de dos toreros a caballo, cuando el rejoneo ha alcanzado unas cotas de perfección insospechadas, resulta que ambos caballeros se ignoran  de forma llamativa. En estas entrevistas que se han publicado ninguno menciona el nombre de su rival. Es cierto que tampoco se les pregunta.

Si se hubieran puesto de acuerdo estos dos caballeros podrían haber llevado el rejoneo a unos niveles muy altos, pero se ignoran de forma que este año no han coincidido en ningún festejo en plazas españolas. Es un verdadero despilfarro. No se trata ahora de buscar culpables. Seguro que ambos citan al contrario como responsable de no haber aprovechado su presencia conjunta en estos tiempos para escribir páginas gloriosas del toreo a caballo. Me parece un error mayúsculo y la historia les demandará que se hayan ignorado en lugar de competir en las plazas de toros. 

Es una guerra que tiene daños colaterales. Ya lo he repetido en otros textos. No se puede entender que Ventura no haya toreado nunca en Pamplona, feudo de Pablo. La ausencia repetida del navarro en Sevilla tiene su origen en la supuesta preferencia de la empresa sevillana por Ventura, por mucho que diga que las actuaciones mexicanas le impiden estar en Sevilla en las fechas de la feria.

La competencia es la mejor semilla para que la afición acuda con entusiasmo a las plazas de toros. Esa competencia se ha hurtado en los últimos años. El declive general que ha experimentado el rejoneo podía haberse mitigado con ambos rejoneadores en los carteles de las mejores ferias. Pero no ha sido así y ya vemos lo que está ocurriendo. El toreo a caballo vive malos momentos cuando se rejonea mejor que nunca. 

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21 enero, 2018

Preocupación

En los últimos días del año pasado y en los primeros del presente casi todo ha sido negativo para la Fiesta. Se murió Juan Silveti, Sevilla repite ganaderías en plan triunfalista, la Diputación de Zaragoza triplica el canon del arrendamiento de la plaza, en Cali y Manizales han salido corridas muy mal presentadas, en Andalucía se recogieron firmas para que Manuel Díaz no presentara las uvas de fin de año, ninguna empresa quiere acudir a Vitoria... Es un suma y sigue en la espiral en el que se encuentra inmerso el mundo de los toros.

De todas las noticias referidas matizo lo de Sevilla. La repetición de las mismas ganaderías del año pasado, salvo el sacrificio de Daniel Ruiz y la llegada de La Palmosilla, debe interpretarse como un signo de satisfacción por parte de la empresa por el juego ofrecido por las corridas de 2017 en la Feria sevillana. Salvo tres o cuatro encierros más completos, así como toros sueltos, el balance no debe ser tan optimista. Si el empreño de la empresa es la de ganar abonados a base de ofrecer grandes espectáculos, algún cambio más profundo se hubiera agradecido. Es evidente que el ganado está elegido para que las figuras se sientan a gusto. Al aficionado le gustaría mayor variedad en un ciclo de dos semanas de toros.  

Volviendo al principio, el año comienza con la esperanza del trabajo de la Fundación del Toro de Lidia, que es la única entidad en que se puede depositar la seguridad de la defensa y la promoción, por mucho que el trabajo que tiene por delante Victorino Martín sea de una complejidad que raya en la heroicidad. Está muy bien la defensa y la promoción, pero la realidad es que quien acometa esta labor debería comenzar por establecer los cánones precisos para que la Fiesta gane credibilidad, algo que se consigue con un trabajo encaminado a llenar de emoción la plaza. Y la emoción se consigue con un toro encastado e íntegro (ahí hay un trabajo por realizar ante la implantación generalizada de la sospecha de manipulación), y unos toreros capaces. Mientras el tinglado interno del toreo se mantenga tan viciado, los que mandan hagan y deshagan a su antojo y la tendencia de algunos sea lo de humanizar la corrida, la Fiesta seguirá en peligro ante una sociedad que se aleja de las plazas. 

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10 enero, 2018

El toreo del futuro


Mientras pasa el invierno taurino con la habitual pasividad de los profesionales, es tiempo de reflexiones. Se discute quién cambia a quien, si el toro al toreo o viceversa. Me parece claro que el toreo, la forma de torear en cada tiempo, es lo que modifica la forma de seleccionar el ganado, por tanto es el toreo quien modifica al toro. Y el toro no cambia de forma súbita, su evolución es muy lenta. Ha sido así siempre. Joselito El Gallo inició el cambio del toro, aunque sería Juan Belmonte quien se aprovecharía de un animal más apropiado para la quietud y el temple. Tras la revolución de Manolete volvió el toro a cambiar. Ahora, cuando la doctrina de Paco Ojeda, el último revolucionario, ya está asentada, el toro ha sufrido una nueva evolución en su forma de embestir y moverse por la plaza. Muy justo de casta, el animal que se lidia es un prodigio de fijeza y bondad, lo que naturalmente ocasiona que muchas veces sus embestidas sean de mínima emoción. Casi todos los toros embisten de la misma forma. Los espadas no están preparados para ponerse delante de un toro acometedor y fiero.  

De lo hasta ahora comentado supongo que habrá discrepancias entre los aficionados.  Quiero centrarme en Paco Ojeda. En mi opinión, es indiscutible su papel como revolucionario. El tiempo pasado le ha consolidado como el motor de un cambio en los años ochenta del pasado siglo. Después de su impacto, de su relativamente breve paso por la Fiesta, el toreo según Paco Ojeda sigue siendo la base del toreo moderno. Lo que no quiere decir que todos los toreros deban torear al estilo de Ojeda. Cuando aparece algún espada dotado de un arte soberano o un clasicismo asolerado, entonces todos estamos de acuerdo. Pero en cuestiones de terrenos, distancias, en la relación entre toro y torero en la lidia, el concepto de Ojeda sigue en todo lo alto.


Si Ojeda ha sido el último revolucionario, absorbiendo las maneras y el temple de un fenómeno llamado Dámaso González, la pregunta es si a la tauromaquia le quedan por delante nuevas revoluciones. ¿Hacia dónde irá el toreo en los años próximos? No soy capaz de imaginar cuál será la corrida de toros de mediados del siglo XXI, un tiempo que ya no podré ver pero que me parece que será maravilloso. Para que ello ocurra, el toro debe adaptarse siempre a la tauromaquia imperante. Cuesta mucho trabajo entender cómo será el toreo del futuro. Es posible que ya haya nacido esa figura que en veinte años puede cambiar de nuevo la forma de enfrentarse a un toro. El mismo toreo que llamamos eterno se nutre de las revoluciones. Solo espero que lo que esté por venir respete los principios fundamentales de la fiesta que rigen desde que un hombre se pone delante de un toro. 

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18 diciembre, 2017

Enrique Lebrija, el puntillero prudente


Se ha muerto Enrique Lebrija. La noticia era esperada. En una reunión celebrada en Sevilla en octubre, la Asociación Juvenil Gazuza tuvo el acierto de rendirle un homenaje que pasó casi de puntillas por esta Sevilla del toreo. Aquel día pude abrazarle y en su mirada noté el adiós del amigo que sabe que la partida está ya en el horizonte.

Se ha muerto un puntillero. Eso de dar la puntilla en la plaza ya no es lo que era antiguamente. Hubo un tiempo en el que el puntillero de la plaza atronaba todos los toros que se lidiaban en los ruedos. A finales del pasado siglo XX, los banderilleros terceros de las cuadrillas incorporaron entre sus obligaciones ineludibles la de apuntillar a los toros. Y ciertamente hay muy buenos puntilleros en las cuadrillas, aunque muchas veces en plazas como Sevilla el recuerdo de la saga Lebrija era más que obligado al comprobar los reiterados fallos de alguno de los encargados de la suerte. En esos casos, allí en su puesto, terno grana y azabache o azul y plata, sin ninguna ostentación, estaba Enrique Lebrija. Todos le mirábamos pero Lebrija ni se movía. 

Allí llegó tras la salida de su hermano José, que ejerció esta función hasta una polémica salida de la Maestranza en 2002. Enrique Lebrija era puntillero por tradición familiar. Lo fue su padre José, el primero de los así apodados, como lo fueron sus hermanos Manuel y José. El primero de ellos, Manuel Muñoz Lebrija, murió a consecuencias de las cornadas que le infirió un novillo de Diego Garrido al que intentaba apuntillar en la plaza de Alcalá de Guadaira el 22 de abril de 1962.
Más intensa fue la trayectoria de José Muñoz Lebrija, hermano mayor de Enrique, que ejerció el cargo durante 37 años, desde 1965 hasta 2002. A este José le cupo el honor de dar la vuelta al ruedo en la Real Maestranza en el año 1966 después de apuntillar un toro de Cuadri devuelto a los corrales. Le había tocado a Paula. Esa vuelta fue ciertamente contestada. 

Tras el despido de su hermano, Enrique ocupó el puesto en unos tiempos nada fáciles. Los puntilleros tenían como banco de pruebas los mataderos, lo mismo que muchos toreros, para aprender a descabellar, pero ya no matan los vacunos como antes y no hay una escuela para perfeccionar el oficio. Además, como se ha dicho, en el siglo XXI es raro que el puntillero oficial deba salir a rematar a los toros. Su labor quedaba para esos momentos en los que alguna res no se podía retirar una vez devuelta. En esa faceta fue Enrique un fenómeno. Y ha querido el destino que en la misma temporada en la que ha sido la última de su vida, haya podido apuntillar a un toro devuelto el día 6 de mayo, así como a un novillo de Villamarta el 28 de mayo. 

En las novilladas nocturnas de julio se notó su ausencia en el callejón. Enrique Lebrija llegaba puntual a su puesto mientras los toreros cambiaban la seda por el percal. La cornada fatal ya había hecho mella en su cuerpo. No volvió a su querida Maestranza. 

Lebrija se sentía torero. Su terno perfecto, su capote siempre incólume, sus andares por la plaza y el callejón, el talante discreto incluso cuando algún tercero se llevaba las orejas con sus marronazos, siempre en su sitio. Tan bueno era que atronaba por delante con certeza, pero también por detrás, una suerte que ignoran muchos. Fue un artista con la puntilla y fue una persona intachable. Lo saben bien en su Hermandad de Los Gitanos. También sus amigos rocieros. Se le echará en falta en el callejón bajo el tendido 5 de la plaza sevillana.     

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11 diciembre, 2017

Invierno


El invierno del toreo debería ser tiempo de análisis y reflexión. Al aficionado, y también a los profesionales, le encantaría que surgieran verdaderas propuestas del sector para revitalizar la Fiesta. No ocurre así. Miramos los números del año, cada vez más raquíticos, hacemos especulaciones sobre las plazas que no tienen empresas, conocemos los nuevos apoderamientos y, mientras tanto, todo sigue igual. No hay un sector más inmovilista que el taurino. La labor de la Fundación del Toro de Lidia es encomiable, pero sus esfuerzos no van a mejorar la casta de los toros ni la calidad de los toreros. En definitiva, no van a transformar la corrida de toros.

En esta calma chicha del invierno, las noticias más llamativas llegan de los nuevos apoderamientos. Es lo de siempre. Se cambia de torero o de apoderado para buscar nuevos horizontes. Sería bueno hacer un estudio sobre el número de apoderados que ha tenido cada torero y si tanto cambio ha sido rentable. Las figuras del toreo se han caracterizado siempre por tener al mismo apoderado durante la mayor parte de su trayectoria. Los cambios, la nueva ilusión de las declaraciones, la esperanza de entrar en las ferias, es la eterna letanía que deben contarnos las nuevas parejas para poder autoalimentarse ante algo ciertamente complicado. Pero es la comida invernal para los que nos dedicamos al toreo. La verdad es que nos gustaría escuchar otras canciones.

Por ejemplo, nos encantaría escuchar cosas como las siguientes. Nos gustaría saber que las llamadas figuras del toreo han pedido en Sevilla la corrida de Victorino y la de Miura. Que la empresa Pagés tiene un serio problema ante la avalancha de peticiones por parte de los matadores para estar en los carteles de estas ganaderías. También nos gustaría saber que en Madrid esos mismos toreros se pelean por la de Rehuelga o la de Saltillo y que la empresa no sabe dónde va a colocar a quienes matan esos hierros por sistema. Nos gustaría saber que todas las ferias van a organizar una novillada con picadores; o mejor, que los ejemplos de Arnedo, Algemesí o Calasparra serán seguidos en las plazas de capitales de provincia para celebrar ciclos de novilladas con nuevos valores. Y como pedir es gratis, nos gustaría que las empresas nos anunciaran una rebaja sustancial del precio de las entradas. En fin, que somos unos ilusos. El invierno pasa, llegará la primavera y todo seguirá igual. 

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28 noviembre, 2017

Premios


A propósito del Premio Nacional de Tauromaquia concedido a Enrique Ponce, una distinción que es más que justa, me parece evidente que el veterano diestro lo merece por su trayectoria única como torero. Incluso creo que lo puede merecer por su temporada taurina de 2017, un caso de extrema supervivencia en un matador de toros con tantos años en los ruedos. En los textos que he leído se vuelve a hacer hincapié en la corrida Crisol de Málaga como algo trascendental en su temporada. Aquí es donde debo mostrar de nuevo mi discrepancia más enérgica, igual que ya hice cuando se celebró el mencionado espectáculo.

Bienvenido sea el Premio para Ponce. Esto de los premios siempre será discutido. Se conceden, entre otras cosas, por una trayectoria, pero hay toreos como Paco Camino que no lo tienen. Los jurados y las organizaciones que conceden los premios son muy personales. Jorge Luis Borges no ganó el Nobel de Literatura.

Pero no puedo admitir que se vuelva a esgrimir la corrida de Crisol como un ejemplo de tauromaquia válida, y, mucho menos, como algo que deba ser considerado en el futuro como el camino a seguir en busca de la corrida integral o la fiesta global. El toreo es algo muy serio. Cada corrida es un camino que conduce de forma inexorable a la gloria del triunfo, a la decepción del fracaso o, afortunadamente pocas veces, a la tragedia de la muerte. Cada paseíllo es la antesala de todo o nada. Todo lo que acompaña al toreo debe quedar para momentos especiales. La música ameniza las faenas buenas y calla cuando hay desarmes o peligro para el hombre vestido de luces. Estas corridas con artistas en el tendido, que cantan por decreto sin acoplarse a la realidad del ruedo, son un esperpento. No digo nada si un flamenco está en trance y en el ruedo un matador está pasando apuros o huyendo del toro. Es verdad que Crisol fue un espectáculo amable con una imagen dulce, es cierto que Estrella Morente se acopló con Ponce en algunos momentos, pero la pureza y la verdad del toreo no pueden quedar desfiguradas con la lidia acompañada de canciones. Por una vez puede valer. Pero ese no es el futuro. Y menos cuando todo concluye con indultos de verbena.

El futuro, no me canso de repetirlo, es la emoción del toro íntegro y fiero ante un torero capaz de dominarlo. Todo lo demás son inventos que no conducen más que a escenas absurdas. Enhorabuena a Enrique Ponce por su premio. Crisol se hizo presente en la Feria de Málaga. Ha cumplido tu sueño. No es necesario que lo repita más veces. El camino de la Fiesta es otro muy diferente.

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Incomunicados

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