18 septiembre, 2017

Preguntas


A veces me hago preguntas que no soy capaz de contestar. Me tranquiliza pensar que estas preguntas también se las harán muchos aficionados. He aquí algunas.

¿Por qué cada vez es más difícil ver torear a la verónica en nuestras plazas de toros? ¿Por qué no se exige a los lidiadores que coloquen bien al toro en la suerte de varas? ¿Cómo es posible que se nos llene la boca de alabanzas para la suerte de picar y en las plazas se aplauda a los picadores que no pican a los toros?

¿Por qué el matador de turno se inhibe en su quite en las plazas en las que el toro debe acudir dos veces al caballo, mientras que el siguiente espada siempre realiza el suyo? ¿Será que el lidiador de turno no quiere robarle pases al toro y al compañero le importa poco hacerlo si no lo va a torear de muleta? ¿Por qué se aplauden y celebran pares de banderillas de escasa calidad cuando los colocan los matadores de toros?

¿Cómo es posible que la mayoría de los matadores de nuestros días se parezcan tanto unos a otros por los planteamientos de las faenas? ¿Por qué se ha perdido la personalidad de los lidiadores? ¿Por qué los nuevos toreros formados en las Escuelas imitan de forma sistemática a los consagrados? ¿Por qué se ha impuesto el toreo sin ajuste y desplazando al toro hacia afuera?

¿Cómo es posible que en nuestros días no se pueda acabar una faena sin manoletinas ni bernadinas? 

¿Admiten los públicos de ahora un final con ayudados por bajo, con adornos pintureros o con el toreo a dos manos? ¿Se puede entender que a los tendidos les importe muy poco la ejecución de la suerte suprema? ¿Por qué se piden orejas después de la inflación de espadazos traseros y caídos que son la norma de nuestros días?

¿Estamos ya ante la decadencia total de toro encastado para suplirlo por el toro dócil, noble y sin fuerzas? ¿Hay que asumir ya la manipulación del toro por sistema? ¿Por qué algunos toreros que triunfan en plazas de primera no aparecen nunca en los carteles de las ferias? ¿Es ésta de nuestros días la Fiesta que empezamos a amar cuando apenas éramos unos jovencitos?

No tengo respuestas para tantas preguntas. Lo que sí es cierto es hay una notable pérdida de calidad en la afición. Quedan muy pocos aficionados buenos. Y ahora que remato, me asalta la duda sobre si estas preguntas son adecuadas o son improcedentes.

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13 septiembre, 2017

Paquirri


El 2 de septiembre se celebró la edición LXI de la corrida Goyesca de Ronda. Quien no conozca un día de Goyesca en Ronda no sabe lo que es una población volcada con un acontecimiento. El pueblo se sabe protagonista de la fiesta y participa en la calle como extras de una película porque entienden que son el fondo imprescindible para que el espectáculo tenga su máximo contenido. He tenido la suerte de asistir de forma continuada a todas las goyescas desde el año 1983 y proclamo que es uno de esos días en los que te reconforta el detalle de ser aficionado a los toros.

Este año se ha retirado de los ruedos Francisco Rivera Ordóñez, ahora Paquirri en los carteles. No se sabe, creo que ni él mismo, si es una retirada definitiva o si volverá en el futuro. De momento es una retirada y bien merece una reflexión. Francisco es uno de los toreros más vituperados por quienes se llaman aficionados. Es evidente que quienes le minusvaloran lo hacen porque es un torero famoso con proyección especial fuera de los ruedos por los conocidos avatares de su familia. Pienso que ese factor mediático le ha ayudado en parte, pero también le ha perjudicado. Paquirri ha sido prejuzgado casi siempre por su fama en los medios. Muchos que presumen de aficionados le han ignorado de antemano.

En la carrera taurina de Francisco hay una etapa ciertamente maravillosa. Son aquellos primeros años después de su alternativa en Sevilla, cuando los triunfos se sucedieron a golpe cantado. El caudal de sangre torera que corre por sus venas se expresó de forma evidente en un matador con un estilo muy clásico y con una casta heredada de su abuelo y su padre. En su larga carrera ha habido momentos diversos. Ha logrado triunfos valiosos y también derivó hacia cierto conformismo en otras ocasiones. Esta última vuelta la ha pagado con una cornada tremenda en el año 2015 en la plaza de Huesca. Sus palabras sobre cómo no debe retirarse un torero después de una cornada son un ejemplo de su casta torera.

Desbordado por su propia fama, abrumado por el interés que despiertan sus pasos y los de su familia, Paquirri (o mejor Francisco Rivera Ordóñez) dice adiós. Me gustaría que fuera definitivo. Por mi parte, quede constancia del mayor de los respetos porque, aunque muchos se lo hayan negado, ha honrado a la profesión de sus gloriosos antecesores. 

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05 septiembre, 2017

La suerte suprema


Me resisto a escribir sobre Crisol. Intento seguir escribiendo de toros, nunca de operetas circenses. Entiendo el juicio benévolo de los que lo presenciaron por televisión, posiblemente porque Crisol es un espectáculo visual, pero nunca debe ser considerada una corrida de toros, menos con añadidos como el de un indulto injustificado. Hasta aquí Crisol.

Quiero llamar la atención sobre algo que vengo observando cada vez con mayor frecuencia. Se trata de la concesión de trofeos cuando el matador de turno mata con prontitud al toro. El público transitorio, que va un día a los toros y no vuelve hasta el año próximo, pide orejas con entusiasmo cuando el animal muere a la primera, sin que le importe si ha habido faena meritoria, obviando la ejecución de la suerte y pasando por alto la colocación del estoque. Solo interesa que el animal muera con prontitud.

Es decir, se está instalando en nuestras plazas una actitud que consiste en admitir que la suerte suprema es muy dura para la vista de los presentes y que es necesario abreviar el tiempo de esta suerte fundamental de la tauromaquia. Se apodera de la masa la idea de que en estos tiempos no debe prolongarse la tarea de matar al toro, de forma que se celebra con alegría que el trámite sea mínimo. Se está pasando a considerar que la suerte de matar es algo malo en sí mismo y se premia al torero que resuelve el asunto con celeridad. Y algunos toreros, que se han percatado del asunto, no se preocupan de matar bien, sino de hacerlo pronto.

Las teorías animalistas siguen avanzando en las conciencias de la población. Basta comprobar que en plazas muy serias se pita por sistema la suerte de varas antes incluso de que el toro haya llegado al caballo. Se aplauden todas las situaciones que minimicen la crudeza de la corrida de toros. Parece que estos públicos ocasionales se sienten autocomplacidos porque suponen que el animal ha muerto con menos sufrimiento.


Solo así se explica que se hayan cortado orejas este año en plazas de primera por faena inexistentes rematadas con un bajonazo con derrame y muerte espectacular del astado. De ahí a la corrida sin muerte queda un pequeño paso. La suerte suprema debe mantener la importancia que siempre ha tenido en el toreo. Se deben premiar con trofeos las grandes estocadas, pero cuidado con la tendencia que nos invade. No vale cualquier forma de muerte de un toro.  

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31 agosto, 2017

Guerra en los ruedos


Pasa la temporada y observo que hay cierto desánimo entre algunos aficionados como si no estuviera ocurriendo nada importante. Me refiero a los ruedos. Es como si la tragedia de Iván Fandiño hubiera anestesiado a muchos. Y no es justo porque en esta temporada sí están pasando cosas llamativas en los ruedos (dejo al margen los asuntos políticos y las intrigas mentales de algunos). Es más, me atrevo a advertir que hay algunos festejos que no deberían caer en el saco roto del olvido. Al menos, en mi caso, he presenciado dos corridas  en las que las figuras ya consagradas han pisado con energía el acelerador para reafirmar su sitio.

Es el caso de la actuación de Miguel Ángel Perera en las Colombinas de Huelva, donde además de cortar cuatro orejas que valían para cualquier plaza del mundo, escribió una página inolvidable porque reunió en sus dos faenas todas las virtudes posibles: mando, temple, valor, buen gusto… Fue una tarde cumbre que no debe pasar al montón de las anécdotas.

En la pasada Feria de Málaga se ha celebrado una corrida impresionante en la que Castella, Talavante y Roca Rey han salido a defender su lugar privilegiado con uñas y dientes. Con los toros de Victoriano del Rio, Castella firmó una tarde de máxima ambición con el dato añadido de que su tauromaquia ha evolucionado de la verticalidad extrema hacia una expresividad acentuada al abrir el compás. Talavante toreó de ensueño a uno de sus toros. Roca Rey mató un sobrero grande y difícil de Benjumea con un valor y unos recursos que eran la demostración evidente de que tanto el joven peruano como sus compañeros habían acudido a La Malagueta a no dejar que nadie les arrebate ni un gramo del peso que tienen en la Fiesta. Las figuras no están dormidas, ni mucho menos.

Esto sucede cuando todo se ha llenado de palabras por culpa de Morante. Estoy de luto y apenas puedo escribir del tema; ya lo han hecho otros con desigual fortuna. Su ausencia es una tragedia para el toreo. Lo que no es de recibo son las explicaciones que le ha dado a un amigo para justificar la decisión. El toro grande puede ser bien toreado; siempre fue bien toreado por los artistas. Sigo de luto, pero vamos a dejarnos de milongas absurdas. La temporada sigue su curso y hay guerra. Ahí están los ejemplos de Perera, Castella, Talavante y Roca Rey. 

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27 agosto, 2017

Socialismo y toros


Todos los socialistas no son antitaurinos, como los de las Islas Baleares o Cristina Narbona. Es más, en ningún momento se ha declarado el PSOE actual como contrario a la Fiesta de los toros. Es una lástima que el actual secretario general no sea partidario de la Fiesta. Como es una lástima que no ganara Susana Díaz. Es preocupante que en su deriva oportunista pueda seguir los dictados de los grupos extremistas que pueden apoyarlo en el futuro. Un partido como el socialista es fundamental para el mantenimiento de la identidad de España. Afortunadamente, no todos los socialistas son oportunistas, sino que hay algunos que trabajan convencidos de la importancia de la tauromaquia en la sociedad española. También hay muchos socialistas que son buenos aficionados y lo proclaman sin ocultarse.

Cuando asistimos al terrible espectáculo de los socialistas baleares o a las afirmaciones insensatas e irresponsables de Cristina Narbona, es inevitable acordarse de quienes están trabajando en serio por la Fiesta y tienen el carnet del PSOE. Es el caso de Demetrio Pérez, el responsable de los toros en Andalucía, una persona convencida de la pervivencia del toreo. El director general en materia taurino no se ha escondido nunca, ampara y protege los festejos sin caballos, está preocupado por el bienestar del toro antes de la lidia, se muestra inquieto por los festejos populares y anda empeñado en reformar el Reglamento Taurino en Andalucía con la idea de que se aplique en toda la nación. 

Es cierto que algunas de sus propuestas no serán bien entendidas por todos, como la de reducir el número de miembros de las cuadrillas en plazas de tercera o la de limitar el número de entradas con el estoque o el descabello, por citar algunas. Lo que resulte de este periodo de consultas llegará al papel por consenso, porque de lo contario no se modificará nada. Al margen de que estemos de acuerdo o no, el de este político es un ejemplo evidente que en el PSOE no todos piensan de la misma forma. Incluso ha llegado a decir que no tiene nada que comentar sobre la opinión personal de la presidenta del partido, porque es eso, una opinión particular. Opinión de una señora que vivió el toreo en su casa y anda con la misma cantinela desde hace diez años. De todas formas, qué bueno sería que los socialistas definieran su postura ante el toreo de una vez por todas. 

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11 agosto, 2017

El público y la pasión


Los aficionados gozamos con las películas taurinas antiguas. Es cierto que muchas veces nos quedamos sorprendidos porque el toreo de la primera mitad del siglo XX está muy alejado del que vemos en estos tiempos. Además de estudiar los estilos de cada torero, los vericuetos de la lidia de antaño, las reacciones de los toros, estas imágenes nos muestran un público enfervorizado que salta de alegría al contemplar lances y muletazos que no tienen nada que ver con los que hoy se prodigan en nuestras plazas de toros. Esa pasión de los seguidores de Joselito y Belmonte a comienzos del siglo es parecida a la que despierta Manolete ya en década de los cuarenta. Recuerden esa película de Manolete en su confirmación en México con la plaza enloquecida ante una faena que en estos días no pasaría el filtro de nuestras exigencias modernas.

Ese público no estaba equivocado. Si nosotros hubiéramos estado en esos tendidos también habríamos manifestado de forma expresiva nuestra alegría y satisfacción por esas faenas, que nos mostraban toreros que rectificaban la posición, que remataban muchos pases por alto y que casi siempre se dejaban enganchar los engaños. Y al ver esas imágenes surge la explicación. Allí había emoción de verdad. 

El toreo ha llegado a una perfección insospechada. No se concibe ya una faena con enganchones, menos se permite que un torero mueva los pies en el embroque. Es un toreo casi perfecto, al que se ha llegado porque el toro actual lo permite. El toro y el toreo se han conjuntado para que se presencien obras sin mácula. Sin embargo, con este toreo tan perfecto ya no se levantan con entusiasmo los públicos como en aquellos otros tiempos del pasado. Ahora se contemplan las tandas de muletazos y solo hay reacción cuando llega el remate con el pase de pecho. Cuando esa perfección está adobada de un arte sublime o un valor descomunal, entonces hay verdadera respuesta del tendido. No puedo explicar las causas, pero a veces añoro un toreo que sea capaz de levantar en cada muletazo a toda una plaza, como nos enseñan esas imágenes en blanco y negro del pasado. Fiel a mis tesis, debe ser que esta perfección está carente de emoción. Y caigo en que esa emoción del pasado la debía poner, en buena parte, el toro.   

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06 agosto, 2017

Algo más que Baleares


Lo suyo sería hablar de Baleares, pero no creo que pueda aportar nada nuevo a lo que ya se ha escrito. Es una pesadilla que, por encima de quienes quieren defender a los animales, solo intentan destruir a España como nación. Me gustaría fijar mi reflexión en lo que se dice de forma rutinaria: los peores enemigos de la Fiesta están dentro. No estoy seguro de ello, aunque muchas veces parece que es cierto ante los comportamientos de algunos taurinos, que solo piensan en su seguridad económica inmediata sin pensar en el futuro.

Me gustaría centrarme en dos cuestiones: el toro y la confección de los carteles de las ferias. La vuelta de la emoción a las plazas se sustenta en un toro encastado y de toreros capaces de dominarlo y torearlo. Ese toro brilla por su ausencia en la mayoría de la ferias. El toro al uso es simplemente noble, justo de raza, algo manso, que se deja dar cientos de pases sin molestar al torero. Si a eso le añaden que el toreo actual es despegado y desplazando afuera al toro, se entiende que hay que torear muy bien para conseguir que las plazas vibren con el toreo actual. Ante la falta de calidad de muchos toreros, estos deben recurrir a los muletazos modernos, espaldinas, arrucinas, rodillazos, bernadinas, manoletinas y arrimones, para captar la atención del tendido. Y así ocurre con algunas figuras y con los más jóvenes de las escuelas. Solo copian lo accesorio. En definitiva, si saliera un toro exigente la emoción volvería a las plazas.

Sobre los carteles de las ferias, pues estamos como siempre. El sistema está controlado y siempre torean los mismos. Los triunfos no sirven para nada. Solo pongo dos ejemplos. Pepe Moral estuvo enorme con la de Miura en Sevilla. No le ha servido más que para acudir a Pamplona. No lo tienen en cuenta.  Hay un torero que pone de acuerdo a todos cada vez que torea. Pone de acuerdo incluso a los del sistema. Es David Galván. Pero no le abren las puertas para que pueda enfrentarse a esos toros terciados y nobles que se lidian por las ferias. Es más que posible que Galván también podría estar cumbre con esas reses.  El sistema no quiere toreros nuevos. En fin, que lo de Baleares es grave, pero hay cosas que también son preocupantes. Y están en el interior de la Fiesta.

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Preguntas

A veces me hago preguntas que no soy capaz de contestar. Me tranquiliza pensar que estas preguntas también se las harán muchos aficiona...