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16 septiembre, 2019

La temporada de Escribano



En la mayoría de los textos que han contado la tarde de la corrida de Miura en Bilbao se ha alabado a Manuel Escribano con la misma palabra: profesionalidad. Lo que quiere decir, se supone, que es un buen profesional. Algo que lleva implícito, lo de profesional, un concepto laboral del toreo, cuando siempre se ha dicho que el toreo no es un trabajo. La realidad es que todos sabemos muy bien lo que se dice cuando a Escribano se le destaca por su profesionalidad. Es una de esas coletillas que usamos -me incluyo en el grupo- cuando no sabemos muy bien cómo poner en valor la actuación de un torero o el juego de una corrida. Es el caso de ‘tarde digna’ o ‘corrida interesante’.

Volviendo a Manuel Escribano, lo que me interesa poner de manifiesto es su valor verdadero y su tauromaquia variada no exenta de calidad. Algunos matadores se ven sometidos a mostrar una imagen que les ayuda a progresar, pero ello les obliga a salirse de su concepto. El valor de Escribano está ya testado. En su compleja y difícil trayectoria ha sufrido tres cornadas para quitar a más de uno de los ruedos. Me refiero a las de Sotillo de la Adrada, Alicante y Madrid. Especialmente, la segunda. Hay muchos toreros retirados con percances similares. Siempre volvió a la cara del toro con la misma actitud, dispuesto a lidiar lo más duro del campo bravo, para ofrecer su arsenal torero con una honradez admirable.

Decía que es un torero del que se destaca su entrega y variedad, pero se olvidan muchos del temple de su muleta, que es ciertamente llamativo. Tiene que irse a portagayola o poner sus arriesgadas banderillas porque es lo que esperan los públicos, pero resulta que sabe torear muy bien.

La prueba de cómo torea es su manera de manejar el capote. A la chita callando, ha logrado que un jurado de Bilbao le conceda el premio al mejor toreo de capa de una feria repleta de buenos toreros. Y se lo hizo a uno de Miura. Pero no es nuevo. Hace unos años consiguió todos los premios de Sevilla por su excelente toreo de capa. Está bien lo de la profesionalidad, pero en la rutina se nos olvida muchas veces que detrás de la imagen que tenemos de muchos matadores, es el caso de Escribano, hay muy buenos toreros.

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10 junio, 2019

Respeto



El patio está más que revuelto. Las corridas del encaste Albaserrada de la Feria de San Isidro han sido emocionantes con muchos matices. Si la de Escolar tuvo delante a toreros aguerridos que no volvieron la cara, la de Victorino se encontró con toreros dominadores que anduvieron sobrados, aunque con distinto calado, pero la de Adolfo ya fue un torrente pasional y considero que es preciso poner sobre el tapete algunas apreciaciones.

Román ya no es solo un torero en el límite del precipicio, siempre en el filo de la navaja, una sonrisa en apariencia inocente ante los pitones. No, Román anduvo con la de Adolfo con serenidad e inteligencia, además de volver a mostrar su probado valor. Escribano, como todos los toreros, están expuestos al juicio popular, por supuesto, pero bueno sería que los inquisidores se acordaran de que este matador ha derramado su sangre de forma honesta, que su vida ha estado en peligro muchas veces, que es un torero que lo entrega todo cada tarde. Estaba anunciado en la de Adolfo porque se lo había ganado en el ruedo. Luego, a unos les gustará más que a otros, eso siempre ha sido así, pero lo que no se puede admitir es que delante del toro se le recrimine cuando, además, poco había que exigirle, porque le estaba ofreciendo sus muslos al burel. Y pasó lo que tenía que pasar, que el toro le reventó la pierna. Otra medalla en su hoja de servicio. Otro Adolfo que está cerca de romper su trayectoria. La lección es clara: el juicio al torero siempre debe llegar al final, nunca cuando está delante del toro. Escribano volverá a Madrid y, ojalá me equivoque, no le sacarán a saludar al tercio. No está en el corazón de los recalcitrantes. Ah, y debe quedar claro que no es bonito aplaudir a un toro que ha corneado a un torero. Por respeto al herido.

La tercera consideración es que Roca Rey derrotó a todos los que fueron con la pretensión de contemplar su fracaso. La faena al sexto fue su firma definitiva de lo que este diestro aporta al toreo. Uno del tendido lo mandó a su tierra. Roca Rey tiene la doble nacionalidad, es decir que España también es español. Si sirve de algo, desde esta tribuna le pido que se quede con nosotros, porque con su aire fresco ha renovado el mundo de los toros. Todas estas consideraciones me las ha sugerido una sola corrida de toros. Todo se resume en una palabra: respeto.

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16 julio, 2018

La pasta de los toreros


Se nos olvidan nuestros héroes, los más humildes, los que no son noticias de portada, los que han demostrado una capacidad insólita de superación que en cualquier otra actividad llenaría de contenido muchos espacios de los medios de comunicación. Son los toreros heridos por los toros o por la vida que se han levantado y, contra toda previsión lógica, se han puesto de nuevo delante del toro como si nada hubiera pasado. Pero vaya si ha pasado. Son historias que nos recuerdan cómo son los toreros
Quiero tener un recuerdo para Javier Castaño, que en la Feria de Abril de Sevilla de 2016 mató una de Miura después de superar una grave enfermedad. La imagen de aquella fecha, con la cabeza calva en señal de tributo a la medicación que le había mantenido en la vida, es sencillamente emocionante. Pero la vida para Castaño no era que lo podía contar, ni siquiera la ausencia del cabello tenía importancia, la vida para Javier era había vuelto a pisar un ruedo vestido de luces. 

Me detengo en el caso de la vuelta a su Alicante del alma de Francisco José Palazón. Alicante le arropó después de haber vencido a una cruel enfermedad. Es otro héroe que pudo ver cumplido el sueño de cada noche. 

A Manolo Escribano le dijeron los médicos después de la cornada de Alicante de 2016, se han cumplido dos años, que se olvidara de volver a ponerse el traje de luces, que su pierna no podría soportar el esfuerzo de lidiar un toro. Y Escribano, día a día, en una lucha sin tregua, volvió a los ruedos, llegó de nuevo a la plenitud física que su toreo le exige y mató un toro en Bilbao de forma sensacional, como para ahuyentar para siempre los malos recuerdos de la cornada de Alicante.

Y lo más reciente, y no menos importante, el triguereño David de Miranda casi pierde la vida en la plaza zamorana de Toro ahora el 27 de agosto hará un año. Los augurios eran malos, se pensaba que la lesión cervical le apartaría de los ruedos, pero ahí está anunciado en su Huelva el 3 de agosto. Su batalla ha sido ejemplar para superar toda la adversidad. El premio es sentirse de nuevo torero. Como todos le mandamos fuerzas a Manolo Vanegas en su batalla por la total recuperación. Como remate a todo lo comentado, ahí está el caso de Padilla con su actuación en Pamplona a los seis días de un toro le sacara el cuero cabelludo y le dejar el cráneo al descubierto. Son nuestros héroes a quienes no les prestamos la atención debida, ni en el reconocimiento humano ni tampoco las empresas en contratos, pero que nos demuestran que de verdad estos tíos están hechos de otra pasta.   

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Más futuro que presente

La temporada taurina de 2015 se presenta inquietante. Los dos líderes, Morante y Roca Rey, andan algo precavidos. Morante debe superar sus p...