12 noviembre, 2009

La inteligencia de un torero tremendista


Como ya tengo muchas horas de vuelo, ahora que se ha muerto Chamaco puedo rememorar algunas vivencias junto al matador onubense que me dejaron la huella de su personalidad. Tuve el privilegio de verlo en Sevilla en su mejor tarde, en el año 1961, aunque sólo cortara una oreja. Es un recuerdo en sepia, grisáceo, borrado por el paso del tiempo.

El día 26 de julio de 1988, cuando era colaborador de ABC de Sevilla, me desplacé hasta el pueblo de Santa Ana la Real a ver la presentación en público de Tono Chamaco, el hijo Antonio. No era una plaza en sentido estricto, era un coso improvisado de forma cuadrada en la placita del pueblo. Allí toreó el hijo de Chamaco vestido de corto. Como era una plaza sin callejón, presencié el festejo desde un burladero al lado de Chamaco. Tono quedó hecho unos zorros por las volteretas que le dio el novillo. Chamaco, como les pasa a casi todos los toreros con sus hijos, ni se inmutó. Ante una insinuación sobre lo que pasaba dijo lo de “No pasa nada, que se entere bien lo dura que es esta profesión”. La fotografía que acompaña este texto es de Díaz Japón, de ABC, que ese día me acompañó al pueblecito serrano.

Más adelante lo conocí mejor en su terreno natural: El Portil, donde desde su maravillosa atalaya se veían las olas del océano romperse en la arena. En esa ocasión, con motivo de un reportaje para Toros 92, Chamaco padre se desnudó en toda su categoría personal. Detrás de aquel torero tremendista a la fuerza había un ser culto, refinado y elegante.

Sólo volví a verlo unas cuantas veces más. Un día me dijeron que aquella inteligencia preclara estaba deteriorada por el Alzehimer. Hasta ahora, que se ha muerto después de estar diez años en la oscura nebulosa del limbo en vida. Curiosa figura. Un torero tremendista forzado, pero un ser de una inteligencia superior. Descanse en paz.
Toda la información taurina en http://www.sevillatoro.com/

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