25 enero, 2019

Los jóvenes y los toros



Saludo a un profesor de instituto de Enseñanza Media de mediana edad y aficionado a los toros, que está muy descorazonado con lo que está viviendo en su centro a propósito de la fiesta taurina. Su afición se forjó en el núcleo familiar y se cimentó en Aula Taurina, esa entidad que, sin complejos, acerca en Sevilla el toreo a los más jóvenes, al tiempo que dirige la Escuela Taurina de la capital hispalense. Algún día será necesario que la afición sevillana le rinda homenaje es estos profesores que  tantas horas han dedicado a promocionar el toreo. Se acuerda mi amigo de aquellos encuentros en los centros de enseñanza a los que acudían los protagonistas de la corrida, toreros y ganaderos, acompañados por periodistas. Qué tiempos aquellos, apenas hace veinticinco años, cuando hablar de toros en un instituto era una actividad más entre las que se les ofertaban a los estudiantes sin que nadie se escandalizara.


Coincidimos en que uno de los motivos de la falta de sintonía de los toros con la sociedad estriba en el desconocimiento que existe de la fiesta entre los jóvenes. La juventud es el soporte para el futuro de todo tipo de espectáculo. Si las nuevas generaciones no conocen la raíz de la corrida, la belleza del toro en la dehesa, la importancia de su presencia ambiental, su  destino como eje de la corrida, que  lleva implícita su muerte en el ruedo, los ritos de los festejos, la grandeza de la bravura y la heroicidad de los lidiadores, si nadie les acerca la verdad del toreo, nunca podrán gozar de la misma ni podrán comprender el significado emocionante del enfrentamiento de un toro y un torero. Solo se ama lo que se conoce. 

El profesor está muy desanimado. Recuerda el pasado con nostalgia y me cuenta detalles de la imposibilidad actual para poderles hablar de toros a sus alumnos, me dice que ellos mismos protestan cuando lo intenta porque siempre les han hablado mal de la crueldad de las corridas. Ya ni saca el tema. Cuando en privado indaga entre los jóvenes, casi todos le muestran su rechazo. Ninguno de sus compañeros docentes es aficionado. Hablamos y estamos de acuerdo en la necesidad de revertir esta situación. No se trata de captar aficionados a la fuerza. Es simplemente contar la realidad de una fiesta llena de verdad y emociones. Aquí hay un trabajo donde la tauromaquia se juega su futuro.

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30 diciembre, 2018

Navidad en el campo



Foto: La Luz del Momte

Antonio, el vaquero de la ganadería, se levantó temprano como siempre. Ese día era uno más, aunque era especial. Era el día de Navidad. Se había acostado más tarde porque la cena familiar en el pueblo se había alargado. Pero allí estaba montado en el caballo cuando aún el sol no había roto la telaraña de la bruma matinal y una tímida niebla ocupaba el horizonte de las encinas de la dehesa. La humedad de los terrenos le obligó a no forzar al caballo. Tenía previsto dar su paseo diario para revisar el ganado, pero algo le obsesionaba. Era más que probable que su vaca preferida, Preciosa, hubiera parido. Y debí confirmarlo. Era su primer parto. Y, buen conocedor de los recovecos de la finca, se fue al lugar que las vacas elegían para sus partos.

Por el camino, Antonio pensó en muchas cosas. Sobre todo, pensó en los problemas de la sociedad española que le asombraban cuando podía ver algún informativo en la televisión. En la Nochebuena pasada se había hablado del suceso tremendo de esa joven de Zamora que fue a encontrar la muerte en una aldea de Huelva. Algo por dentro le corroía. Pensó que Dios, ese que había nacido esa noche, no debería permitir esas cosas. Y clamó a Dios para que se hiciera presente en la Tierra para que los que como él tenían dudas se reafirmaran en su existencia.

Así caminaba por los senderos cuando llegó a la zona escondida de matorrales donde estaba seguro que Preciosa había parido. Era su vaca preferida. Recordó su nacimiento, su belleza rematada, el día que fue tentada y su comportamiento bravo con el caballo y la muleta. Así pudo ser cubierta más tarde por Encendido, el semental más preciado. Antonio la había vigilado todo el tiempo en el que estuvo preñada. Y había llegado el día, porque ya debía haber parido.

La encontró en el sitio previsto. Un becerrillo tambaleante quería incorporarse mientras la vaca le lamía sus carnes. Preciosa observó al vaquero y éste adivinó una especie de mirada agradecida. Antonio se sintió trastornado. El milagro de la vida se había hecho presente de nuevo en la Nochebuena. Era verdad. Dios existía y estaba de forma permanente en nuestras vidas. Se hacía presente en las cosas de más enjundia y en las más pequeñas. Aliviado, dejó a la vaca con su precioso becerro. La naturaleza le había abierto los ojos el día de Navidad. Y siguió su camino buscando la existencia de Dios en cada rincón de la dehesa.

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11 diciembre, 2018

García Palacios



La inmensa pena que siento por la muerte de José Luis García Palacios solo se mitiga por el gozo de haberlo conocido. José Luis era, en el sentido machadiano de la palabra, un hombre bueno. De tanto llevar por bandera la sonrisa, ese rictus se había quedado ya para siempre marcado en su rostro. Tenía ese don de la amabilidad tranquila que adorna a los elegidos. Su talante era de concordia permanente. Para todos tenía la palabra oportuna en cada momento. Era un bálsamo de paz y sosiego. En esta hora de su adiós para siempre no hay calificativos que definan a quien fue siempre todo un señor.

Con su porte elegante y distinguido era como un patricio romano. El pelo encanecido le había otorgado el grado de venerable. Adelantaba su mano en señal de una cordialidad ya casi desaparecida. Había logrado quitarse ataduras y aparecía como un pájaro libre para opinar de lo divino y lo humano. De esta forma rompía los esquemas en los actos que presentaba, que afrontaba de manera distendida, sin guion previo, fiel a sus ideas y a sus recuerdos. 

Eran recuerdos de una vida intensa de trabajo para los demás desde su rango de empresario. Trabajó con denuedo por los hombres del campo y logró cotas de bienestar insospechados para quienes se enfrentan cada día a la incertidumbre de la cosecha. Fue un ejemplo de triunfador sin mácula, pero sobre todo su mayor éxito fue que tuvo el respeto y la admiración de todos.

Fue un onubense que siempre llevó a gala a su tierra por todos los rincones del mundo. Nunca se cayó Huelva de sus labios. Y fue, por eso escribo estas líneas, un hombre del toro. Ahí estaba fiel a su barrera de La Merced o a su tendido en Sevilla. Ahí queda su denuedo por la ganadería de Concha y Sierra. Y ahí está Albarreal, los toros que pastan en la Dehesa Juan Esteban, como ejemplo de su constancia ganadera. Fue un mecenas para todos los artistas. Creó los premios taurinos de Caja Rural, ahora denominados como Pepe Luis Vázquez en homenaje al gran torero sevillano, y auspició la publicación anual del libro Maestranza de Sevilla. Fue un gran mecenas taurino.

En  la tristeza que me ahoga quiero recordarlo cuando presumía de su parecido con Pepe Luis Vázquez, con el que alguna vez lo habían confundido. Y lo contaba como un niño chico feliz y contento. En esta desolación que supone  la muerte, solo nos queda el alivio de su ejemplo. Gracias por todo José Luis.

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13 noviembre, 2018

El diseño



Partiendo del hecho de que siempre ha habido buenos y malos festejos taurinos, estaremos de acuerdo en que la mejor promoción del toreo es la fiesta bien hecha, lo mismo que lo más desagradable es el espectáculo malo de solemnidad. Es decir, la mejor defensa de la corrida de toros en la propia corrida de toros cuando existe la emoción en el ruedo. Si no hay emoción, si lo que allí sucede es algo soporífero que casi produce pena, entonces estamos echando a la gente de las plazas. En estos tiempos es frecuente que al final de una corrida salga el espectador completamente hundido ante lo que ha presenciado. Y vuelvo a insistir en que malas corridas las ha habido siempre. Son muy tristes esas corridas tan insoportables que padecemos tantas tardes, que son el producto de una mala labor por parte de organizadores y actores.

Cuando sobre el ruedo se celebra un espectáculo pleno de emoción, los que han tenido la suerte de ser testigos se quedan con las ganas de volver. Pongo como ejemplo la corrida de Zaragoza que cerró la Feria del Pilar. Se unieron todos los  ingredientes para que los asistentes, y los que la vimos por la televisión, nos sintiéramos plenamente reconfortados con nuestra afición. Se unieron una corrida soberbia de Núñez del Cuvillo, la despedida de Juan José Padilla, la elegancia de Manzanares en su brillante final de temporada y la pasión de Talavante cuando estaba a punto de anunciar el cese de su actividad. Quienes acudieron esa tarde por primera vez a los toros en Zaragoza, estoy convencido de que volverán a los tendidos para buscar emociones intensas. No hay mejor promoción que la emoción.

Por ello, me parece que los que abogan por rediseñar la fiesta están muy equivocados. Se necesitan toros íntegros, bravos y encastados. Son necesarios toreros con arte y valor. Aquí está todo inventado. Los que proponen un nuevo diseño quieren modificar la integridad o la pureza del espectáculo. Sobran músicas, crisoles y demás zarandajas. Todavía es posible que sobre el albero se escriban páginas de gloria. Es cierto que es una actividad sujeta a muchas derivas, que el hombre propone y el toro lo descompone todo, pero por favor, vamos a dejar de hablar de rediseñar algo tan maravilloso como una corrida llena de emociones.

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12 octubre, 2018

Toros y Televisión



Soy adicto a las retransmisiones de las corridas en directo por televisión. Creo necesario que haya un canal privado que ofrezca a los aficionados las mejores ferias de la temporada. Es bueno que se retransmitan completas sin ridículos como el de este año con el festejo del rabo de Ventura, sea culpa del canal o sea del caballero. Todo es mejorable, por supuesto, pero es absolutamente necesario.

Estas corridas por el canal Toros de Movistar cumplen su objetivo de llevar las grandes ferias a todos. Quienes se ponen delante de la televisión son entendidos en toros. Por ese motivo los comentaristas deberían recordar para quienes están hablando. Muchas veces se dicen cosas que parecen dirigidas a gente indocumentada en cuestiones taurinas. De igual forma sería bueno que se hablara para todo tipo de aficionados, tanto para los que solo disfrutan con la labor de los toreros como para aquellos que buscan con ahínco el comportamiento del toro encastado. No se debe cargar las tintas contra algunas ganaderías de las etiquetadas como duras, mientras se le echan flores a divisas comerciales en tardes de encierros de pésimo comportamiento. De nuevo hay que buscar el equilibrio.

Deben entender en el canal Toros que las entrevistas en el patio de cuadrilla son totalmente irrelevantes. Además son inoportunas, porque en muchas ocasiones retrasan de manera absurda el paseíllo. Tampoco me parecen adecuadas las entrevistas en el callejón a los toreros después de la lidia de sus toros. Hay casos en los que puede tener interés, pero como norma general no aportan nada en ese momento de adrenalina por las nubes. Y menos cuando en esas charlas tanto el entrevistador como el entrevistado se dedican a maldecir al toro. Siempre la culpa es del toro. Y no es así. También suele ocurrir que se justifica siempre al torero con pregunta que llevan incluida la respuesta.

Morante ha vuelto a decir que no le gusta que se ofrezcan las ferias completas por la televisión. Ya me lo dijo en febrero. Creo que insiste para ir dejando caer que en la próxima temporada no estará en las plazas de Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona o Bilbao. Debe modificar su postura ante la televisión. Se equivoca Morante. Puede tener razón en el asunto del matiz que tienen los comentarios, pero nunca al negarse a que su tauromaquia llegue a los aficionados que pagan una suscripción a  un canal, que es como si hubieran pagado una entrada para ver la corrida en directo.

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24 septiembre, 2018

Chicuelo



El año próximo se conmemorará el centenario de la alternativa de uno de los toreros más importantes de la historia. Se cumplirán cien años de la alternativa en Sevilla de Manuel Jiménez ‘Chicuelo’. El trianero de La Alameda es un torero fundamental por muchos y variados motivos. El primero, por su calidad. En segundo plano queda que uno de los lances más interpretados, y desvirtuados, sean las chicuelinas, que si bien parece que no inventó, no cabe duda que fue quien le dio la categoría que luego llegó a tener con el tiempo.

Chicuelo es de esos toreros que es posible que haya tenido la mala suerte de nacer en Sevilla. La ciudad del Guadalquivir quedó marcada por Joselito El Gallo y Belmonte. Es como si nada de lo que sucedido en materia taurina después de los dos colosos hubiera tenido importancia. En cualquiera otra ciudad de España en la que hubiera nacido Chicuelo sería un personaje con calle y homenajes permanentes. Pero es Sevilla, la que ignora a sus hijos mejores, la que mira para otro lado porque su narcisismo le impide adorar a nadie que no sea ella misma.

Chicuelo tomó la alternativa de manos de Belmonte el 29 de septiembre de 1919. Veinte años más tarde fue el padrino de Manolete en la misma plaza de Sevilla el 2 de julio de 1939. A su lado, dos de los genios mayores del toreo. Además de por su estilo sevillano, impregnado de la gracia y el duende, pasó a la historia por su faena al toro Corchaito, de Graciliano Pérez Tabernero, en Madrid el 24 de mayo de 1928. Está considerada como la primera faena por naturales ligados. En el toreo sevillano es el eje principal. De sus fuentes han bebido todos los que siguieron la profesión con posterioridad, con Pepe Luis y Curro Romero como principales ejemplos.

Con motivo del centenario de su alternativa se ha iniciado un movimiento en Sevilla para celebrar este evento con la categoría que se merece. Su hijo Rafael, junto a los nietos Manuel y Curro, están aunando voluntades políticas y administrativas para recordar su inmensa figura. Esperemos que encuentren los apoyos necesarios. La Maestranza debería anunciar los toros de 2019 con la imagen de Chicuelo. Desde aquí se les anima y estamos seguros de que los buenos taurinos de la ciudad gozarán con el recuerdo un torero tan extraordinario.

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07 septiembre, 2018

El Toro



La verdad de cada uno no puede nunca tirar por tierra los principios elementales de una actividad humana. El que dice su verdad pero socaba los cimientos de su afición o su dedicación le está haciendo un flaco favor a la misma. Viene a cuento de las palabras pronunciadas por un joven ganadero, responsable de una ganadería acreditada, acerca de los motivos que empujan a los públicos a asistir a las corridas de toros. Ha dicho, más o menos, que la gente va a ver a los toreros y no a los toros.

Habrá querido decir que quienes pasan por taquilla se fijan en el cartel de toreros e ignoran el origen de los toros que se lidiarán. Es una verdad que se puede aplicar solo a la masa de los que se sientan en un tendido, que son imprescindibles y necesarios, pero esas verdades hacen mucho daño a los que mantienen el fuego sagrado de su afición con el toro como rey y base fundamental de la tauromaquia. 

Esa frase de que sin toro nada tiene importancia sigue en vigor como dogma del toreo. Todo gira en torno al toro y al torero. Tienen la misma importancia uno y otro. No sirve una fiesta de toreros con  el toro en papel secundario. No vale tampoco entronizar al toro como lo único importante de un cartel.

Por desgracia, la mayoría de los asistentes a las plazas desconocen la ganadería de la tarde. Y aunque ello sea cierto, la obligación de los profesionales y de los buenos aficionados es que el toro cobre el protagonismo que debe tener en la corrida. Lo último que puede decir un ganadero es que quien manda en el cartel es el torero. Es una verdad dañina para los que deseamos una fiesta completa  e íntegra. 

El deterioro del toro de nuestros días es preocupante, en general, pero entre todos tenemos que volver a ponerlo en su sitio, que no es otro que el de un sitio relevante de la corrida. Me recuerdan estas palabras a las que dijo Jesulín en su día sobre aquello de que los aficionados a los toros caben en un autobús. Podía ser verdad, pero fue lamentable. Al joven que ahora es responsable de la ganadería de Núñez del Cuvillo le vendría bien alguna charla con su tío Álvaro, que con toda seguridad le dirá que esas cosas no se pueden decir ni en broma. El toro debe ser el gran protagonista. Es verdad: sin toro nada tiene importancia.

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Más futuro que presente

La temporada taurina de 2015 se presenta inquietante. Los dos líderes, Morante y Roca Rey, andan algo precavidos. Morante debe superar sus p...