01 diciembre, 2013

Un genio de ochenta años



Curro Romero cumple ochenta años. La Fiesta de los toros rinde homenaje de admiración con motivo de esta celebración a uno de los toreros de mayor personalidad que han pisado los ruedos. Son ochenta años de vida torera de uno de los diestros más personales del siglo XX. Todavía nos acordamos como si fueran muy recientes sus últimas temporadas en las postrimerías del siglo pasado. Curro Romero es historia viva del toreo para muchos de los aficionados de nuestro tiempo. Ese genio llega  a la cifra redonda de ochenta vigorosos años en perfecto estado de salud.
 
Curro Romero ha sido un mito taurino para Sevilla y, seguro estoy, para todo el universo del toreo. Los motivos por los que su personalidad ahondó tanto en la sensibilidad de los aficionados, siendo como era un torero de contadas tardes buenas, es un misterio que se ha tratado de desentrañar por plumas eminentes que lo han conseguido solo en parte. Sus días de plenitud no tenían discusión. Se juntaban el porte torero, el empaque, la elegancia, la torería en los gestos, todo en Curro, tanto en la las tardes de gloria como en las de infierno, eran de torero grande. Su tauromaquia, corta en cuando a las suertes, fue intensa. Muy pocos matadores han interpretado el lance a la verónica como el Faraón de Camas. Su toreo de muleta conjuntaba los aromas del arte profundo y clásico con ese toque de gracia venida del cielo, como cuando remataba las tandas con sus trincherillas, kikirikíes, los de la firma o desplantes. Curro, por fortuna, sigue dando lecciones de torería después de dejar los ruedos.
 
Curro ha sido el torero de la verdad. Toda su tauromaquia ha estado presidida por la sinceridad, manifestada por la forma de plantar cara al toro al que le vislumbraba posibilidades, al que desde el principio le ofrecía la capa para dibujar algunas de las verónicas más portentosas de la historia del toreo. Curro tenía una visión inmediata de su toro, mucho antes que los demás toreros y, por supuesto, que los públicos, que se mostraban sorprendidos porque el de Camas se pusiera a torear a reses que no habían hecho nada bueno de salida. Al contario, se inhibía cuando la impresión general era que el toro era posible. Esa verdad tenía su continuidad en la muleta, con la que el torero huía de la especulación y probaturas. La muleta por delante y a torear, si esa tarde Curro estaba bañado por la magia de la inspiración. Del toreo de Curro se ha dicho todo. Era un artista consumado, toda su tauromaquia estaba impregnada de un aroma especial, el aroma a Romero.
 
Curro fue un torero valiente. Sí, valiente. Hay que ser muy valiente para torear citando en el sitio de la verdad, siempre con una muleta pequeña, a pecho descubierto y con los pies enterrados en el albero. Es por ello que un torero de su corte ha sufrido cornadas muy graves. Cuando se torea de verdad, los toros cogen.
 
También ha existido el matador que en muchas ocasiones se mostraba impotente ante toros que parecían que tenían mejor faena. Eso es algo propio de los artistas. Es lo que se ha tratado de contar como la llegada o no de la inspiración, un conjunto de detalles que en estos toreros especiales modificaban su actitud en la plaza. Curro pertenece a esa raza de toreros del todo o la nada, y sanseacabó, como le gusta decir al propio Faraón. La realidad es que su arrolladora personalidad nunca dejó indiferente a nadie. Por eso era el torero preferido de Sevilla, donde la afición le siguió siempre de forma incondicional, lo mismo que en tantas otras plazas, porque nunca se sabía cuando saltaría la chispa de la faena antológica para la historia. Y entre la gloria de su toreo mágico y el infierno de sus tardes de fracaso, la permanente presencia de sus incondicionales que pasaban del lamento por no poder contemplar sus maravillas, a declarar rápidamente que allí estarían el próximo día para volver a verlo, aunque solo fuera haciendo el paseíllo, que era toda una declaración de intenciones cercana a una devoción especial que siempre acompañó a este genio.
 
Ya no quedan toreros como Curro Romero. Ni por su esencia ni por su fondo. Curro ha sido el torero de Sevilla, tal vez el último torero de Sevilla, mimado y exigido, seguido hasta aguantar más tardes malas que buenas. Curro sigue en Sevilla, porque a las puertas de su plaza de toros le levantó un monumento para que quedara constancia de la simbiosis perfecta entre un artista y su pueblo. Larga vida a Curro Romero. Felicidades
 
La mejor información taurina en http://www.sevillatoro.com

1 comentario:

  1. Solamente queda decir después de leer a Carlos Crivell, AMÉN y que sea elevado a los altares de la tauromaquia la poesía, duende y sentimiento del toreo.

    Bienaventurados los que supimos esperar con paciencia infinita tu toreo. Gracias Curro, gracias TORERO.

    Muchas felicidades y que cumplas muchos más.

    Un aficionado de Almería

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