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06 abril, 2017

Manolo Cortés


No hay tarea más ingrata que escribir sobre quienes nos han dejado de forma inesperada. Es el caso de Manolo Cortés, torero preferido de mi primera juventud como aficionado. Su desaparición ha sido un golpe duro, aunque el mal que le aquejaba era tan dañino que hace algunas fechas nos habíamos hecho a la idea de su final. Manolo Cortes fue un torero especial.

Tenía los aires de un bohemio, su mirada encerraba una enorme bondad, era un genio salpicado con un goterón de abulia. Si el genio se imponía, el toreo de Manolo resplandecía luminoso; si dominaba la abulia, el toreo se rendía ante su propia apatía.

Cortés fue un torero con sabor, lleno de torería, elegancia y finura, aunque le sobró desgana. Los analistas dicen que fue frío. La realidad es que tenía condiciones para haber sido figura del toreo. No lo fue, pero ha sido un torero sevillano con un sitio destacado en la historia.

Destilaba aroma a torero. Cuando hablaba de su paso por los ruedos nunca hubo ni un gramo de resentimiento. Siempre admitió que si no llegó más alto la culpa fue suya. Pero nadie podrá quitarle la huella que dejó en sus plazas de referencia, como Madrid, Sevilla, Pamplona, Bilbao, Valencia, Barcelona, México o Nimes. Como maestro, transmitió a quienes se le acercaron la importancia de la entrega y la preparación para alcanzar la cumbre. Solo se quejó porque no pudo despedirse de Sevilla con una corrida especial.

Sus espejos fueron Rafael Ortega, Antonio Ordóñez, Paco Camino y Diego Puerta. Vivió la gloria de la Puerta del Príncipe y varias faenas de ensueño, hasta que llegaron las cornadas terribles de Castellón y Madrid. Nos queda la huella indeleble de su personalidad, en la que imperó su donaire, en la que reinó una elegancia descomunal llena de aires gitanos y en la que siempre hubo naturalidad. 

Dotado para todo, Manolo fue un torero grande y apreciado que se quedó a mitad de camino. Se fue en 1997 con cierta amargura. No encontró la ayuda empresarial para un año bonito en el adiós. Pero apenas se quejó. Manolo Cortés fue un artista poderoso con un poco de apatía. Lo que nadie le podrá negar fue su clase, ya como hombre, ya como torero. Como amigo suyo, siento un dolor profundo por su marcha. Siempre estará en nuestros mejores recuerdos.

La mejor información taurina en http://sevillatoro.es/

24 febrero, 2010

Manolo Cortés, aroma de buen torero


Manolo Cortés ha protagonizado una nueva lección magistral de Aula Taurina. La asistencia ha sido mediana, un dato que indica que en Sevilla, madre de la tauromaquia, los asuntos taurinos tienen poco tirón. Los aficionados con menos de 30 años desconocen el toreo de Manolo Cortés. Hay que tener más de 40 años para haber tenido el privilegio de presenciar sus mejores tardes. Ha sido un torero importante. Parece que poca gente tenía interés en conocer sus opiniones sobre la Fiesta.

Pero Cortés ha sido un torero con sabor. Ha derramado por las plazas mucha torería, elegancia y finura, arte exquisito y maneras de torero de clase. Le sobró abulia. Los analistas dicen que fue frío. La realidad es que tenía condiciones para haber sido figura del toreo. No lo fue, pero ha sido un torero sevillano con un sitio destacado en la historia.

Cortés destila aroma a torero. Tiene eso que hoy escasea que se llama torería, que es todo lo que impregna los movimientos de un diestro. En sus palabras, ni un gramo de resentimiento. Ha sido lo que fue y si no llegó más alto la culpa fue suya. Pero nadie le puede quitar el orgullo de sus faenas en plazas de referencia, como Madrid, Sevilla, Pamplona, Bilbao, Valencia, Barcelona, México o Nimes. Ha transmitido a los que empiezan la importancia de la entrega y la preparación para alcanzar la cumbre: la afición es fundamental para ser torero. Y también se ha quejado porque no pudo despedirse de Sevilla con una corrida especial.

Manolo Cortés tiene algo muy importante. Lo dijo en la Maestranza. El toreo es arte y también es dominio. Se torea bien cuando se ha dominado al toro. El toreo es, por encima de todo, inteligencia. Esa misma condición que le dotó de una enorme facilidad torera, hasta el punto de que muchas veces todo parecía fácil. Ese poderío le permitió matar todo tipo de corridas. desde Miura a Núñez.

Después de compartir esta jornada con el torero de Gines puedo proclamar que sigue siendo inteligente. Cortés mantiene la cabeza clara para poder alzar la voz en defensa de la Fiesta. Y eso es lo importante de Cortés, que sabe lo que ha sido y se siente satisfecho, aunque no puede dejar a un lado que si no llegó más lejos fue por su única culpa. Fue una verdadera lección magistral.
La mejor información taurina en http://www.sevillatoro.com

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