Este fin de semana, en dos
corridas en Bilbao, cemento por todas partes. Fandiño, en su tierra con seis
toros, un tercio de plaza. Ponce, el héroe de El Bocho, media plaza con
Talavante y la novedad del actual Padilla. Es decir, que el producto no funciona
y ya no hay excusas para dar un golpe de timón ante un futuro ciertamente
negro.
No entiendo de números ni de
economía taurina. Es evidente que los toreros deben ganar dinero. Los
ganaderos, también. Y los empresarios están para lograr beneficios. No se puede
ser empresario perdiendo siempre. El asunto está en racionalizar estas
ganancias. ¿Quién es capaz de valorar lo que debe ganar un torero por exponer
su vida en público? Sólo hay un medio: luz y taquígrafos en las cuentas de cada
festejo y que cada matador cobre según su capacidad para llevar gente a las
plazas. Es decir, que si Ponce, Talavante y Padilla fueron capaces de hacer una
cantidad determinada de euros en la taquilla, a partir de ahí se deben evaluar
sus ganancias. Y unos días ganarán más y otros menos, todo con arreglo a su
fuerza taquillera.
Y todo ello encaminado a
lograr que el público acuda a las plazas con mayor facilidad. Los precios
actuales de las entradas son prohibitivos en la mayoría de los cosos. Si no se
bajan los precios las plazas se quedarán vacías y la Fiesta morirá desangrada.
Si los precios están ajustados a los gastos (toreros y ganaderos), se impone
una adecuación de los ingresos ajustados a unos precios razonables. Que nadie
diga que no va a los toros porque las entradas son muy caras.
Todo ello supone una
reconversión del sector inmensa. Los ganaderos se quejan de que ya les han recortado,
pero hay doce ganaderías que están en todas partes y otras ni aparecen. Los
toreros, dicho queda, cobrarán con arreglo a lo que entre en la taquilla.
Los problemas son mayores.
Hay otros sectores con los que será preciso negociar. Las cuadrillas, por
ejemplo. En estos momentos no se entiende que haya seis picadores en una
corrida. Y entre los hombres a pie también habría que hacer rebajas. Todo ello,
además de las propias demandas de estos colectivos que llegan a poner en
peligro la celebración de múltiples espectáculos.
Reconversión urgente es lo
que necesita la Fiesta. Y
también se impone un espectáculo más íntegro. La propia prensa debe ser más
transparente y no caer en el vicio actual de cantar lo mediocre como si así le
hiciera un favor a esta alicaída fiesta torera. La mejor publicidad de la
corrida es la propia corrida bien hecha. Todo ello es ahora una quimera con el
toro que sale a los ruedos, descastado, noble y sin emoción. Por tanto, si los
precios son caros y el toreo está ayuno de interés, el futuro no puede ser más
negro. Es la hora de trabajar para salvar este momento. Y no es la hora de
tapar las cosas para aparentar que aquí hay mucha verdad y que la emoción está
presente en las plazas, algo que, por desgracia, es una falacia.
La mejor información taurina en http://www.sevillatoro.com