18 mayo, 2010

Capote de Paseo - 19 de mayo de 2010

Una novillada para la reflexión

La Fiesta de los toros es grande por todas partes. Es grande y también tremendamente injusta. Viendo la novillada de Moreno Silva en el salón de mi casa pasé miedo. Hubo momentos en los que me sentí cogido por el cuarto novillo. Experimenté sensaciones casi olvidadas. No recuerdo una novillada tan áspera en conjunto, con la nota cumbre del bronco y peligroso cuarto. En algunos momentos me indigné porque no me parecía justo que los chavales anunciados tuvieran que pasar por un trance semejante. En otros momentos, la indignación tenía otra causa. Pensaba en lo injusto que puede ser este mundo del toreo, cuando hay quienes pasan en volandas y llegan al triunfo y a los carteles de lujo sin haberse puesto nunca delante de un toro en puntas, y mucho menos delante de uno de Moreno Silva. Esta novillada es un punto de inflexión en la actualidad taurina.

Es un crimen que una empresa anuncie con una novillada presumiblemente durísima a tres novilleros incompetentes. Estos toreros ni con una comercial hubieran podido mostrar alguna cualidad para el futuro. Chaves, vulgar y ratonero, y Rosales, miedoso con falso corte artístico, habían pasado hace poco por Sevilla y dejaron una pobrísima impresión. Hidalgo, tan alto que parece que ha equivocado la profesión, tiene complicado poder ser torero. Era previsible que su falta de clase y su escasa preparación fueran presa fácil para los saltillos de Moreno Silva. La empresa los mandó al infierno, pero ¿y los apoderados?

Es injusto que la valoración de tres aspirantes deba realizarse con estos novillos. Aquí, o jugamos todos o se parte la baraja. Si tres inexpertos están obligados a ofrecer un espectáculo penoso en un ruedo, por ahí deben pasar todos, incluidas las llamadas figuras del toreo. No me sirve que haya toreritos que van de feria en feria sin haberse puesto delante de uno sin afeitar, cuando tres noveles deben jugársela con reses terroríficas. Si hay novillos de este comportamiento, que salgan para todos. El toro de hoy, bravo de verdad, criado para torearlo a lo grande, dista un abismo de lo de Moreno Silva. Y al toro bueno de hoy no lo torea bien cualquiera.

Pero hay otra cara del asunto. La novillada fue una excepción. En la temporada española no saldrán más novillos como el primero, cuarto o quinto. Eran auténticas alimañas traicioneras, nada de bravas, mansas y de mal estilo, Eso no es casta brava. Ese tipo de animales no se pueden ovacionar en el arrastre. Quienes así procedieron, muchos en Las Ventas, demostraron un desconocimiento supino de lo que debe ser una res brava. Pero eso en Madrid no es noticia. Desde la televisión se aprecia un enorme deterioro en la plaza en cuanto al juicio justo de lo que ocurre en el ruedo. En este sentido, Sevilla siendo mucho más ecuánime que Madrid en la valoración de toros y toreros.

En resumen, que me gustaría ver a alguna figura delante de animales como los de Moreno Silva. Alguno seguro que se cortaba la coleta para siempre. Que la novillada fue muy interesante, pues puede ser verdad, pero tres de ellos eran asesinos sin piedad. Que le tocaron a chavales incapaces, que ni con reses nobles podrían destacar, pero que habría que cuidar mucho estos detalles y anunciar a quienes tengan, al menos, la habilidad y el oficio para poder no dar un espectáculo tan desagradable como el que dieron los novilleros tirando los engaños o saltado de cabeza al callejón. Y en la corrida, un torero: Domingo Navarro.

Ese festejo debe servir para que algunos reflexionen con seriedad: la empresa (para que haga carteles coherentes), los apoderados (para que conozcan a los toreros que están dirigiendo), los novilleros (para que piensen bien si merece la pena seguir en esta profesión), los aficionados (para que no aplaudan a reses infames) y el ganadero (para que críe reses bravas y encastadas y no lo que salió al ruedo).
Foto: Juan Peregrín
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13 mayo, 2010

Crisis en los escalafones inferiores


Los datos son elocuentes. La cantera del toreo, los novilleros con picadores, está bajo mínimos. Desde hace algún tiempo, los aspirantes no dan la talla. Las plazas que organizan novilladas, Madrid, Sevilla, Valencia, Zaragoza, han visto desfilar a quienes se supone que tienen las mejores credenciales para poder ser toreros de futuro. Los resultados han sido muy pobres, con el agravante de que los chavales demuestran graves carencias técnicas, o algo más preocupante: falta del valor necesario para la profesión.

La dinámica actual del toreo ha convertido a las novilladas en festejos accesorios. El público no asiste a los festejos menores. La carestía de estos espectáculos, gravados por elevados impuestos, es muy alta. Las empresas no quieren organizar novilladas. Si lo hacen, sólo es por las exigencias de los pliegos. Es decir, que las novilladas son festejos ruinosos. Es posible que incluso se hayan acabado las novilladas al 33% o las financiadas por los ponedores.

Y debe ser así porque cuando un joven novillero comienza sus primeros pasos sólo hay una opción. Hay que enseñarlo en Madrid o en Sevilla para intentar llamar la atención. A esas plazas llegan los muchachos sin ningún rodaje. Algunos, los que tienen valor, atropellan la razón sin fundamentos técnicos. Otros, con buen bagaje artístico, se estrellan ante su evidente falta de preparación. Y siempre hay algunos que no tienen ni el valor preciso para ponerse delante. Al final, un drama. Y así la Fiesta se queda sin la posibilidad de forjar nuevos toreros.

Las causas de esta situación son diversas. El problema económico es importante. La falta de afición juega también un papel decisivo. La gente no va a las novilladas. Sin embargo, como fondo de todo, me quedan dudas sobre la propia condición de estos aspirantes a toreros, todos ellos procedentes de Escuelas. No se trata de poner en cuarenta el lugar de las Escuelas en estos momentos. Son el elemento necesario para formar toreros en esta sociedad de nuestros días. Se trata de llamar la atención sobre cómo son estos novilleros, todos con los mismos patrones, siempre intentando hacer lo mismo que las figuras, ayunos de imaginación y de arte, pero tmbién muchos de ellos sin el alma suficiente para una profesión tan dura. Es duro decirlo, pero los tiempos que corren no parecen los mejores para pedirle a un torero nuevo que se juegue el físico de verdad. Así, el futuro se antoja oscuro y complicado.
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09 mayo, 2010

Lo de Morante en Jerez

Para la gente normal, grupo en el que me inscribo, no es fácil contar lo sucedido en la plaza jerezana en la lidia del quinto toro de Cuvillo de la corrida del sábado 8 de mayo. No es fácil porque lo que realizó Morante fue una sucesión de monumentos toreros plenos de belleza e inspiración. El capote lo meció en sus dos toros a la verónica, tocando con los vuelos, llevando al animal embebido y rematando airoso cada lance. Repitió verónicas en el quinto después de cambiado el tercio, para volver a levantar la plaza. Las chicuelinas fueron eso, chicuelinas. ¿Dónde las he visto antes? Debe ser en fotos de Chicuelo, o de Manolo González. No, son la perfecta amalgama de las que pude ver con mis ojos en Diego Puerta y Paco Camino.

Puso banderillas. Y qué banderillas. Qué forma de darle las ventajas al toro para cuadrar en la cara, qué forma de clavar arriba con las zapatillas asentadas, qué manera de salir andando con gracia y donaire.

La faena de muleta fue la apoteosis de toreo bueno, lento, profundo y grácil. Comenzó con un pase cambiado por la espalda en tablas. Siguió con la diestra barriendo con la muleta el albero, con la izquierda, ligando siempre tras girar y ligar como los valientes, con los ayudados, las trincherillas, los de la firma, los de pecho y un kikirikí que allí quedó para siempre pintado en la plaza, como ejemplo del toreo eterno. Borrachera en los tendidos y Morante embriagado en su propia obra. Lo mató pronto. En una feria de orejas baratas, aquello merecía el detalle del rabo, pero la señora del palco no es de este mundo, del mundo de los toros, y se lo negó. No hay mayor pobreza que la rigidez ignorante ante lo grandioso. Morante esculpió una obra inmensa, una sinfonía completa, que ya queda inmortalizada en los anales del toreo.

Por cierto, Morante sustituía a José Tomás. La plaza no se llenó, pero nadie, absolutamente nadie de los presentes, se acordó de José Tomás. Más bien, dio gracias al cielo por no haber tenido el mal detalle de devolver sus entradas. Habían presenciado una de las tardes para la historia del toreo de nuestros tiempos.
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02 mayo, 2010

El milagro de la curación de José Tomás

José Tomás ha sido dado de alta del Hospital Miguel Hidalgo de Aguascalientes a los siete días de la tremenda cornada sufrida el día 24 de abril. De la fuerte impresión que hizo temer por su vida, se ha pasado a un alta en pocas fechas, motivo por el que algunos han puesto en duda tanto la realidad de la gravedad del percance como el pronóstico emitido de gravísimo por los facultaivos. Y la verdad es que la cornada fue muy grave, pero también la recuperación ha sido algo normal, según las heridas que sufrió el torero.

El parte facultativo de la cornada de José Tomás, que salió a la luz pública cinco días después del percance, deja claros algunos detalles que son fundamentales. La cornada no afectó a la ilíaca ni a la safena. Parece, porque tampoco queda claro, que rompe los vasos femorales. No dice si la arteria y la vena, o bien uno de los dos vasos. De cualquier forma, la ruptura de la femoral es de una enorme envergadura.

En la enfermería, sin anestesia ni nada, se le tomaron al torero cuatro vías para infundir sangre en grandes cantidades. Es una medida importante. La otra, de trascendencia capital, fue abrirle la herida sin anestesia y realizarle hemostasia, es decir, se cerraron las vías de escape de sangre. Una vez taponados los vasos se lo llevaron al Hospital. Fueron unas decisiones sabias que le salvaron la vida al torero.

En el hospital se operó a José Tomás. El detalle muy positivo es que no hubo necesidad de realizar ningún by-pass, lo que quiere decir que los cabos de los vasos femorales estaban próximos y limpios. Si los vasos se hubieran desgarrado mucho, no hubiera sido posible suturarlos para establecer su continuidad. Hecha la operación, restablecido el riego sanguíneo en la pierna, se le trató con antibióticos, para evitar infecciones, y con anticoagulantes, para evitar trombos.

Estas circunstancias son las que han propiciado la noticia de su alta. De estar más muerto que vivo, a los siete días de la tremenda cornada, el torero ha sido dado de alta y se ha marchado a su casa de Aguascalientes. Comprendo que muchas personas, de nuevo y ante lo sorprendente de la recuperación, vuelvan a poner en cuarentena la verdadera importancia de las heridas por asta de toro y que no se crean los partes facultativos. La realidad es que Tomás estuvo en grave peligro de perder la vida, pero la oportuna actuación de los médicos fue fundamental para que llegara con el suficiente buen estado al hospital para poder ser intervenido. Luego, la fortuna de que los cabos se hayan podido suturar sin colocarle una prótesis ha sido el otro detalle que ha facilitado una recuperación tan rápida. Por tanto, se han juntado una gravedad extrema, unos buenos médicos y unas lesiones afortunadas dentro de la gravedad. Así, el torero ahora ha podido salir del centro médico.

El futuro sigue siendo impreciso. No es una cornada banal, porque se han roto vasos sanguíneos de gran importancia, al tiempo que ha habido el habitual destrozo de músculos. Durante algún tiempo, la circulación de la pierna puede sufrir cierta lentitud, que se traduciría en la imposibilidad para hacer esfuerzos o bien podría presentar hinchazón en la pierna si el retorno venoso está dificultado. Deberá tomar anticoagulantes durante un tiempo no claramente determinado. Un torero no pude salir a un ruedo sometido a un tratamiento con anticoagulantes. De forma prudente, se puede aventurar que con la rehabilitación muscular, el tiempo de tratamiento con anticoagulantes y el restablecimiento completo del flujo de sangre por la pierna pueden llevar al torero a estar, como mínimo, dos meses fuera de los ruedos. Pero que nadie ponga en duda la importancia de la cornada. Tomás ha tenido suerte con la enfermería, con los primeros auxilios en la misma plaza, con los médicos y con el tipo de destrozos sufridos.
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Más futuro que presente

La temporada taurina de 2015 se presenta inquietante. Los dos líderes, Morante y Roca Rey, andan algo precavidos. Morante debe superar sus p...